viernes, 1 de abril de 2011

¿Estamos ciegos? (Cuarto domingo de cuaresma, 3 de abril)

¿Quién es más ciego? ¿El que no ve, o el que decide no ver?  ¡Cuántas personas desearían contemplar todo lo bueno que estamos viendo nosotros, y cuántos otros se esconden, o cierran los ojos, o miran para otro lado, o se inventan un mundo ficticio, o simplemente deciden ver una sola parte de la realidad! "Lo esencial es invisible a los ojos" aprendimos de un piloto francés que proponía otro modo de acercarse a la realidad, desde la mirada del corazón... "Los hombres miran las apariencias, pero Dios mira el corazón", nos enseñó  Samuel el profeta cuando decidía buscar al rey mejor para Israel.

Aprendimos a ver, a relacionarnos con la realidad, por medio de otros. Nos explicaron los nombres de las cosas, y nos enseñaron a identificarlas. Y después, mucho después, también aprendimos -sumisos- a valorar como otros, a juzgar como ellos, a gritar sus consignas, y a cruzarnos de brazos, impotentes. El sentido de la comunicación, la acogida, la apertura y la relación se nos convirtió en el motor de justificación de todo fracaso. Aquel que debía remover todo nuestro ser se hizo una ventana fría, con cristales opacos o empañados. Que hacía todo paisaje aséptico y lejano.

Hay más vida de la que decimos ver. Una realidad mayor, más profunda, más exigente. Sólo hay que querer verla, desacostumbrar nuestra vista a lo confuso que controlo. Mirar con finura y sensibilidad. Quitarnos la lente de lo científico, de lo objetivo, de lo interesado. Ponernos la mirada contemplativa del anciano. La vista inocente del niño que todo lo escruta, inocente. Los ojos tiernos de una madre y de un amante enamorado. ¡Mira de otra manera! A tí mismo, a los tuyos, a los ajenos, al mundo. ¡Dios quiere sorprender tu mirada!

Y date tiempo para reconocer, para descubrir y admirarte. Contempla sin poseer ni juzgar. Olvídate del miedo con que te enseñaron a parcializar y acotar tu entorno. Siempre hay más. No tengas miedo, tampoco tengas prisa. Lleva tiempo reconocer que alguien a tu lado es más que "un hombre", "un profeta", o "Jesús". Hay un Dios escondido en tu adentro que necesita ser reconocido. Y que, admirado tras descubrirle, tomes partido por Él: "Creo, Señor". Hay un Dios nuevo cerca de tí, en todos los que te rodean. Hay un Dios que te llama en los pequeños, y que se te regala en cada contecimiento. Y en tu rutina, y en el devenir del mundo, y en tanta belleza oculta... ¿Te atreves a mirarlo?  
Cuarto domingo de Cuaresma (A)
1 Samuel 16, 1b.6-7.10-13a
Salmo 22
Efesios 5, 8-14
Juan 9, 1-41
Homilía de dominicos.org
Homilía de José A. Pagola