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domingo, 12 de junio de 2011

“Recibid el Espíritu Santo”

“Recibid el Espíritu Santo”
Jn 20,19-23
Ese que quita los miedos y abre puertas y ventanas. Ese que no deja nada en su sitio, que todo lo transforma y enriquece. El que hace valientes a los cobardes y permite la comunicación con los extraños. El que se esconde detrás de las heridas en todos los costados, los brazos, los pies rotos de lo humano. El que fecunda las vidas estériles, y se hace carne en proyectos  imposibles. El que da las fuerzas para liberar a los cautivos, devolver la vista a los ciegos y anunciar el año de gracia del Señor. El que se recibe a oscuras y se transmite en oración y silencio. El que se esconde en la Palabra y se alimenta en la fraternidad… Ese es el mismo que mantiene viva, resucitada, real, actual la presencia del Señor entre nosotros…. Puedes decir que no lo ves, o que dudas; que no lo comprendes o que lo rechazas. Pero no puedes decir que no lo sientes… Es el Resucitado en ti, en la vida, en la Historia, en los lugares más hondos de tu propia vida. Dios contigo, ahora y siempre… Hoy comienza y se realiza la Nueva Pascua en tu vida.

sábado, 11 de junio de 2011

Anunciad

“Id y anunciad que el Reino estad cerca”
Mt 10, 7-13
Para anunciar hemos inventado miles de medios de comunicación y hemos preparado a grandes profesionales de la palabra. Son expertos en anuncios los canales de TV que con refinadas técnicas dan noticias o venden productos de todo tipo. Y se nos ha olvidado que anunciar es una de las tareas más bonitas y hondas que puede y debe hacer cada ser humano. ¿Qué anuncian tus hechos? ¿A quién anuncias con tu vida? Tus valores y actitudes, tu modo de afrontar problemas… Toda nuestra vida es anuncio, testimonio. “De lo que está lleno el corazón habla la vida” parafraseando al Maestro… Quizás se ha perdido la maravillosa vocación de transmitir lo bueno, las grandes y más vitales noticias, lo esencial e indispensable, lo profundo. Cualquier cosa no es anuncio, sino comercio… Las cosas pequeñas, sencillas, los valores del reino necesitan vidas que los asuman para anunciarlos… Como guinda a esta Pascua, ¿estás dispuesto a ofrecer la tuya?

viernes, 10 de junio de 2011

Sígueme

“Pedro, ¿me amas? ¡Sígueme!”
Jn 21, 15-19
Y casi al final, la palabra del principio. La que dio comienzo a toda la aventura. Una pregunta por el amor, y una invitación al compromiso. Somos bautizados no por una elección calculada, pensada fríamente, con unas condiciones… sino por una invitación respondida en fragilidad y madurada en el tiempo. Sin saber muy bien sus consecuencias. Hemos sido elegidos para amar, por encima de todas sus precariedades. Para seguir intentándolo a pesar de ello. El corazón de la vida resucitada no es más que eso: amar. No es cumplir una doctrina fría o una moral pesada o unos ritos arcaicos. Se trata de amar, sólo de amar… Siente en este día cómo el Resucitado -igual que a Pedro- te vuelve a convocar como si fuera la primera vez. Síguelo como si fuera la primera vez…


jueves, 9 de junio de 2011

Unidos

“Que estén unidos, como Tú y yo estamos unidos”
Jn 17, 20-26

Se está terminando el tiempo de la Pascua. Ahora vienen las palabras con mayor carga teológica y cristiana. Unidos es un término básico y profundo. Solos no vamos muy lejos, lo sabemos. Nos necesitamos, en el ámbito humano y también en el de la fe. Aunque nos gusta ir solos más de la cuenta… Ninguna división forma parte del plan del Resucitado. Ni las de las sociedades, las familias, o la Iglesia. Tampoco esas individuales, más hondas, que se nos cuelan en el alma. Por muy bien que las justifiquemos. Por más que creamos imposible recomponer. La unidad es un concepto del corazón. Ahí tiene su raíz y ahí hay que alimentarla. Ahí hay que llevar a quienes se nos fueron u obligamos a marcharse. Empieza a construir la Pascua educando a tu corazón en la unidad. Y en el día de hoy haz esa lista de aquellos que –te guste o no- están pidiendo reconciliación y unidad. Si no en tus actos, empieza a hacerles hueco en tu corazón.


miércoles, 8 de junio de 2011

Conságralos

“Conságralos a ti por medio de la verdad”
Jn 17,11-19
Consagrar significa separar, destinar algo ordinario a un uso especial, normalmente sagrado, relacionado con Dios. En la antigüedad se consagraban reyes, profetas, grandes personalidades. Era un modo de dedicar a Dios sus vidas y la utilidad que pudieran tener: en el gobierno, la palabra o el servicio del Templo. Por el bautismo en la vida del Resucitado somos hombres y mujeres consagrados. Nuestras vidas señalan a la de Cristo, a quien decimos servir. La grandeza de Dios se manifiesta y expresa en la pequeñez de nuestra vida, en la fragilidad de nuestro testimonio. No hemos sido consagrados por un rito mágico: Jesús pide una consagración “a través de la verdad”. Sin trampas ni teatros falsos. En la medida en que vivamos con mayor sinceridad y trasparencia remitiremos mejor a la vida del Viviente… En el día de hoy toma conciencia de tu consagración, de tu vinculación especial a Cristo, y cómo desde tu verdad das testimonio de Él.


martes, 7 de junio de 2011

Glorifícalos

“En ellos he sido glorificado”
Jn 17,1-11
La gloria de Dios es el hombre vivo. Dios es más Dios cuando el ser humano camina más erguido, más digno. Cuando se hace más grande y hace más grandes a sus hermanos. Esta expresión procede de S. Ireneo, allá por el siglo II. No necesita Dios mucho más para ser glorificado. Jesús ha pasado su existencia en la tierra dignificando al ser humano. ¡Sólo los caminos saben cuánto amor ha derramado sobre cojos, paralíticos, ciegos y pecadores! Sí: cuanto más se ama al hombre, más cerca se está de Dios. Pero el amor que hace grande al que lo recibe, y que por tanto hace grande a Dios, termina repercutiendo en aquel que lo da. El que ama participa en el misterio de la gloria de Dios, entra en una dinámica de superación, para sí y para los demás; para Dios, en el fondo. Decimos que el Resucitado ha sido glorificado en plenitud. Y Él está empeñado en contagiarnos su gloria a nosotros… Ya sabemos el camino. Para el día de hoy piensa en la repercusión de grandeza y dignidad que tiene cada pequeño gesto de amor que hagas. ¡Da gloria a tu Dios amando!


lunes, 6 de junio de 2011

Creemos

“Creemos que has venido de Dios”
Jn 16,29-33
Aunque son más las veces que dudamos. Dudar y creer son las dos caras de la misma moneda. Pero uno elige con cual quedarse, aunque la otra siempre ande amenazando. Creemos porque nos han enseñado a hacerlo personas creíbles. Creemos porque pequeños signos nos empujan casi irremediablemente. Creemos por infinidad de experiencias que nos han dado pistas. Pero no se cree de una vez para siempre. Creer es renovar la fe a diario, volver a intentarlo, ponerse el camino. Creer en las personas, en Dios, en la vida, en el futuro, en mí mismo y en mis sueños… es una decisión para defender durante toda la vida. Y creer sirve para mucho. A Jesús y a los discípulos para “vencer al mundo”. Para nosotros sigue siendo una opción de felicidad y de sentido. Porque creer –aunque no esté de moda- es una experiencia de sentido como ninguna otra… En el día de hoy, vuelve a intentarlo: ¿en qué, en quién quieres renovar tu fe? Que el Resucitado, tan cercano siempre, te empuje a seguir eligiéndolo a Él en todo.


domingo, 5 de junio de 2011

Id

“Id, y haced discípulos míos, y bautizad…”

Mt 28,16-20
Es la fiesta de la Ascensión, de aquellos jueves que “brillaban en el año más que el sol”. En lo más alto de una montaña Jesús envía a los suyos. La Pascua es un tiempo largo. Con frecuencia corremos el riesgo de buscar la comodidad, estancarnos. La fe que no se renueva con frecuencia se adormece, pierde su sabor, ahoga lentamente su luz. El Maestro no les indica dónde deben marchar, ni qué tareas concretas han de realizar. Sólo les pie un cambio. Abandonar la rutina que siempre amenaza y volver a los caminos en los que Él los conoció. Los envía para que hagan discípulos. Sencillamente contando a los demás lo que han visto y oído. Desde la sencillez de su vida. Con la profundidad de su fe y su alegría. Y los manda sin poder ni autoridad, sin respaldo alguno. No lo necesitan… No podemos permitirnos que nuestra fe se empobrezca. Necesitamos renovarla sacándola fuera, poniéndola en juego. En éste domingo, ¿a dónde te envía el Resucitado a vivir tu fe? ¿A quién y de qué manera puedes contagiársela?


sábado, 4 de junio de 2011

Pedid

“Pedid  para que vuestra alegría sea completa”
Jn 16,23-28
Cuando tenemos confianza con alguien, cuando le queremos demasiado, cuando todo lo que le damos nos parece insuficiente… necesitamos que nos pida. “¿Hay algo más que pueda hacer por ti, algo en lo que no haya caído aún?”. Jesús Resucitado nos invita a pedir. Después de habernos regalado, amistad, vida y salvación nos invita a que pidamos, para que nada de lo nuestro permanezca ajeno a Dios. Y que pidamos en su nombre, como la garantía más segura de alcanzar lo necesitado. Pedir es un gesto de confianza por nuestra parte (por eso lo necesitamos tanto) y de generosidad absoluta por parte de Dios. A veces, la oración de petición nos desconcierta. ¿Por qué Dios no nos concede aquello tan necesario y urgente? ¿Por qué parece que no nos responde y Él mismo se contradice? Sólo se nos invita a pedir, a confiar, a abrir el corazón desde la amistad… ¡Él sabe cuánto necesitamos, y sabe qué nos conviene! Cada vez que pedimos descargamos el corazón y ponemos un trozo de nuestros sueños en los sueños de Dios. No te olvides en éste día: pide, abre tu vida a la vida y el amor de tu Dios…


viernes, 3 de junio de 2011

Parto

“Y nadie os podrá quitar vuestra alegría”
Jn 16,20-23
Nos sucede con frecuencia. Nos movemos entre la alegría, la satisfacción profunda, el optimismo, y la amargura que siempre nos está amenazando. Como si nuestra vida fuera un péndulo oscilante entre dos extremos. El dolor y la alegría siempre suelen ir de la mano. Tanto es así que la auténtica madurez, la fecundidad, la felicidad plena camina equilibrando ambos polos. Una alegría sin dolor es una utopía; una amargura continua sin un rayo de sol en el horizonte es imposible… La imagen del parto, que Jesús utiliza en el evangelio, es el símbolo de la vida. Siempre estamos “engendrando”. Cada paso que damos es un nuevo nacimiento. ¡Tenía razón el Maestro cuando pedía a Nicodemo nacer de nuevo! Es preciso crecer, acompasar el ritmo de nuestro camino entre la frustración, lo que aún nos falta, y la felicidad que nos empuja a seguir avanzando. La Pascua es la invitación que Dios nos hace en lo más profundo a nacer de nuevo, a engendrar vida, a acompañar los partos de la humanidad… En el día de hoy, ¿qué de nuevo vas a dejar que nazca en ti? ¿Con qué mirada vas a percibir la novedad que nace en tantas rutinas?


jueves, 2 de junio de 2011

Alegría

“Vuestra tristeza se convertirá en alegría”
Jn 16,16-20
Es la palabra primordial de la Pascua. La que define (o debería definir) al cristiano en todo tiempo. Pero siempre la alegría que vivimos nos parece insuficiente. Como si fuera del todo imposible quitarse de encima la cierta frustración que nos viene de la vida diaria. El dolor, el sufrimiento, no son contrarios a la alegría. Si así lo vemos, nunca seremos del todo alegres. La auténtica alegría es la que madura en la dificultad, la que está por encima de ella, la que no se deja disminuir cuando los tiempos son contrarios. La alegría se elige (no se regala), se defiende y se contagia. La Pascua nos introduce en el dinamismo de la alegría madura y sana, no infantil y moralizante, forzada. Un cristiano triste es un cristiano pobre… ¿Cómo va tu alegría? ¿Qué hace que no sea suficientemente plena? ¿Cómo la potencias y transmites?


miércoles, 1 de junio de 2011

Verdad

“El Espíritu os guiará a toda la verdad”
Jn 16,12-15
Nadie sabe qué es la verdad. No lo saben quienes se encargan de imponer la suya, esa que viene mezclada de intereses y de orgullo. Ni tampoco saben precisarla aquellos que se esfuerzan por disipar el camino y buscarla en humildad, desprendimiento, transparencia…. La verdad no se define: se vive. Se tiene, o más bien: le tiene a uno. Porque siempre es más grande que nosotros, nos supera. A la verdad se la encuentra y se la sirve. Ella suele abrir el camino y desenmascarar, despacio, muchas falsedades rutinarias. A la verdad se la desea y se la busca siempre junto a otros, en comunidad. “Ni tu verdad ni mi verdad sino la verdad; vamos juntos a buscarla, ¡la tuya guárdatela!”. Porque la verdad nos pone en la puerta del misterio de Dios. Así, sólo de la mano del Espíritu, unidos a otros, podemos acercarnos a ella. Desenmascara en el día de hoy aquellas falsas verdades que te rodean, en las que te mueves. Pide al Espíritu del resucitado que te descubra la verdad de todo lo que vives y haces…


martes, 31 de mayo de 2011

Paráclito

“Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito”
Jn 16,5-11
Paráclito significa literalmente “aquel que es invocado”. Para la teología bíblica vendría a ser el “abogado defensor”, y en general ha pasado a llamarse así al Espíritu Santo. En el texto de hoy el Resucitado parece encontrar en el Espíritu la continuidad de su presencia, de su acción en el mundo y en el ser humano, prolongada y hecha eterna.  No se ha ido de nosotros, ha tomado otra forma, nos acompaña de un modo diferente, auténtico, más allá de lo humano y limitado. Ese Espíritu es un abogado que da la cara por nosotros. Ese que nos defiende en todos los procesos, ante buenos o malos, cuando somos buenos o malos. Nos quita el peso de la propia defensa, nos cierra la boca y nos justifica. ¿Será porque nos quiere y es consciente de nuestro buen corazón? Nos defiende y protege del mal, y hasta de nosotros mismos, nuestras autoinculpaciones”… Siente hoy la presencia de Dios, en su Espíritu, queriéndote, apostando por ti, ayudando a superarte…


lunes, 30 de mayo de 2011

Testigos

“Seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio”
Jn 15,26-16,4
Testigo es aquel que ha visto algo extraordinario, por bueno o por malo, y que experimenta un cambio en su vida a raíz de aquel acontecimiento. Alguien que no puede ni debe callarse, a quien se le hará declarar ante los tribunales en beneficio de la verdad y la justicia. Alguien que tiene pruebas contundentes sobre tal situación o persona. Es exigente eso de ser testigo. Por eso es más cómodo callarse, volver la vista y no mirar aquello que luego me va a reclamar. O mejor, decir que yo no estaba allí, que  no vi nada, que no sé nada, que no conozco a esa persona. El Resucitado nos reclama una palabra de cara a los demás: que digamos su vida, sin miedo y sin mentiras. Que abramos el corazón y expresemos el fuego que de Él hemos recibido. Y nos exige valentía. Para creer y para anunciar. ¿Cómo estoy siendo testigo de Jesucristo entre los que me rodean?


domingo, 29 de mayo de 2011

Viviréis

“Vosotros viviréis,  porque yo vivo”
Jn 14,15-21
¿Acaso queremos otra cosa más que vivir?  Nos movemos inconscientemente por vivir bien, por vivir más y hacerlo mejor. Por defender nuestra vida y darle calidad. Hay gente para quienes la vida es un tormento continuo. Pero nadie quiere dejar de vivirla… En cristiano, vivir, no tiene límites. Llevamos en nuestros “genes” la vida del Resucitado. Por encima del tiempo limitado, por encima de la fragilidad física o del dolor moral que se llama pecado. Por encima de tristezas o rutinas… ¡Estamos llamados a vivir como Jesús, el Hombre eternamente vivo! Su vida, en calidad y en inmortalidad, es para nosotros una promesa para el futuro, pero también un reto para el presente. ¿Qué estoy haciendo para que mi vida sea más digna, más plena, y para que sea así también la vida de mis hermanos? Con Jesús no nos amenaza la muerte, sino que nos seduce la vida…


sábado, 28 de mayo de 2011

Mundo

“Vosotros  ya no sois del mundo”
Jn 15, 18-21
Para san Juan, el evangelista, el mundo siempre tiene una connotación negativa. Es el lugar donde la fe se cuestiona, donde se lucha, donde sólo existen dificultades. El cristiano se debe poner una coraza para sobreponerse al mundo y a sus efectos. Para Jesús el mundo es el lugar donde encarnarse, poner la tienda y descalzarse…  Con frecuencia criticamos todo lo que vivimos, la sociedad, la política, los nuevos valores y comportamientos… ¡Todo nos parece tan crítico y amenazante! El mundo es el lugar más amado de Dios, el mismo en que decide poner su tienda. Al mundo, nueva Galilea, envía el Resucitado a los suyos. Somos del mundo y estamos en el mundo, pero para cambiar el mundo desde dentro. Afina y suaviza hoy tu mirada sobre la realidad exterior. Y piensa qué hay de positivo en aquello que te rodea, y qué estás haciendo por hacer del mundo un hogar de resurrección.


viernes, 27 de mayo de 2011

Amigos

“A vosotros os llamo amigos”
Jn 15,12-17
Amigo es lo contrario a siervo. Jesús comienza un nuevo modo de relación con los suyos: de igual a igual, con confianza, sin imposición. Y por supuesto, desde el amor absoluto, buscando en todo el interés del otro. Con respeto y libertad, desde la intimidad. Abierto a que la amistad siga caminando y creciendo. A veces, donde nosotros decimos “amigos”, queremos decir “siervos”, y como siervos utilizamos a nuestros amigos… Es una revolución en la tradición de Israel que un creyente se dirija a su Dios como un amigo. ¡Eso sólo pudo hacerlo Moisés! (Ex 33, 11) Ni la sumisión, la obediencia o el temor. Al Resucitado le gusta que le sintamos amigo y como tal quiere caminar con nosotros. Piensa, en este día, cómo es tu relación con tu Dios y en qué puede ayudarte sentirlo y tratarlo como lo que Él quiere ser para ti… ¡Y no te olvides de dar gracias por tus amigos!


jueves, 26 de mayo de 2011

Permaneced

“Permaneced en mi amor”
Jn 15, 9-11
Es muy fácil comenzar proyectos, ilusionarse con lo que no se tiene y se desea, cambiar un poco, dar un pequeño e ilusionante paso. Es muy cómodo estar siempre empezando, cambiar de ruta cuando la que seguimos no nos satisface. Eso no tiene mérito. Pero permanecer es difícil. Y además, no se lleva. Se lleva probarlo todo sin comprometerse con nada. Permanecer es apostar por algo, y seguir haciéndolo aun cuando vengan las dificultades. Permanecer es elegir la tierra en la que quiero echar raíces y no moverse de ella. El mérito de permanecer no está en el objeto o el fin que se desea, sino en la persona que desea. ¡Eso sí es importante! La Pascua nos invita a no desistir de amar, sobre todo cuando el amor duele, y exige, y confunde y contraría. El Resucitado no echa en cara las injusticias de los amigos, ni los cambia por otros. Los ama cuando no son amables. ¿Cuál es la tierra donde el Resucitado te pide que extiendas tus raíces? ¿Cuáles las personas que te exigen un amor y compromiso constantes?

miércoles, 25 de mayo de 2011

Unidos

“El que permanece unido a mí da mucho fruto”
Jn 15,1-8
Si una rama decide separarse del tronco, o el tronco de la raíz, o la flor de la rama, el fruto se frustra. Y se frustra la planta misma. Los aspectos esenciales de la vida (el amor, la felicidad, el ser o el hacer) funcionan dentro de una gran cadena. Todo en el universo es un inmenso mecanismo donde todo influye en todo, de tal forma que nada existe por un solo ser, por un solo movimiento. Unidos somos lo que estamos llamados a ser. Solos nos perdemos, no llegamos lejos. Ni el orgullo o el individualismo hacen crecer a un ser humano. La Pascua crea en sí una cadena de vida que se contagia, que genera más vida. Así como la primavera despierta a la naturaleza entera a modo de coro… Piensa en este día… ¿de quién recibes vida pascual? ¿a quién la estás dando? Que seas hoy de los que unen, no de los que separan…


martes, 24 de mayo de 2011

Paz

“Os dejo la paz;  os doy mi paz”
Jn 14, 27-31
No es la paz que se estila en el mundo, que suele traer sorpresas desagradables. Esa que se mezcla con interés, venganza y derrota. Esa misma que deja mal sabor de boca con tanta frecuencia. No es la paz de los organismos internacionales, ni la de las democracias más perfectas. Tampoco la de las guerras que se acaban o las discusiones zanjadas. Porque la paz de este mundo nunca es perfecta, ni siquiera está del todo definida… Hay una paz que brota de adentro, que se recibe como un don. Que no es ausencia de conflictos, sino fortaleza en ellos. Una paz que se conquista y que está por encima de los momentos difíciles. Es más: que está en los momentos difíciles. Pide en este día, para ti y para los tuyos, la paz de Cristo. Construye, acoge en tu interior, la paz que estás buscando fuera de ti.