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domingo, 1 de abril de 2012

Domingo de Ramos: Identificado con las víctimas

Ni el poder de Roma ni las autoridades del Templo pudieron soportar la novedad de Jesús. Su manera de entender y de vivir a Dios era peligrosa. No defendía el imperio de Tiberio, llamaba a todos a buscar el reino de Dios y su justicia. No le importaba romper la ley del sábado ni las tradiciones religiosas, solo le preocupaba aliviar el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea.

No se lo perdonaron. Se identificaba demasiado con las víctimas inocentes del imperio y con los olvidados por la religión del templo. Ejecutado sin piedad en una cruz, en él se nos revela ahora Dios, identificado para siempre con todas las víctimas inocentes de la historia. Al grito de todos ellos se une ahora el grito de dolor del mismo Dios.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cuaresma V: El atractivo de Jesús

 Unos peregrinos griegos que han venido a celebrar la Pascua de los judíos se acercan a Felipe con una petición: «Queremos ver a Jesús». No es curiosidad. Es un deseo profundo de conocer el misterio que se encierra en aquel hombre de Dios. También a ellos les puede hacer bien.

A Jesús se le ve preocupado. Dentro de unos días será crucificado. Cuando le comunican el deseo de los peregrinos griegos, pronuncia unas palabras desconcertantes: «Llega la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre». Cuando sea crucificado, todos podrán ver con claridad dónde está su verdadera grandeza y su gloria.

Probablemente nadie le ha entendido nada. Pero Jesús, pensando en la forma de muerte que le espera, insiste: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». ¿Qué es lo que se esconde en el crucificado para que tenga ese poder de atracción? Sólo una cosa: su amor increíble a todos.

domingo, 18 de marzo de 2012

Cuaresma IV: Mirar al Crucificado

El evangelista Juan nos habla de un extraño encuentro de Jesús con un importante fariseo, llamado Nicodemo. Según el relato, es Nicodemo quien toma la iniciativa y va a donde Jesús «de noche». Intuye que Jesús es «un hombre venido de Dios», pero se mueve entre tinieblas. Jesús lo irá conduciendo hacia la luz.

Nicodemo representa en el relato a todo aquel que busca sinceramente encontrarse con Jesús. Por eso, en cierto momento, Nicodemo desaparece de escena y Jesús prosigue su discurso para terminar con una invitación general a no vivir en tinieblas, sino a buscar la luz.

Según Jesús, la luz que lo puede iluminar todo está en el Crucificado. La afirmación es atrevida: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». ¿Podemos ver y sentir el amor de Dios en ese hombre torturado en la cruz?

domingo, 11 de marzo de 2012

Cuaresma III: La indignación de Jesús

Acompañado de sus discípulos, Jesús sube por primera vez a Jerusalén para celebrar las fiestas de Pascua. Al asomarse al recinto que rodea el Templo, se encuentra con un espectáculo inesperado. Vendedores de bueyes, ovejas y palomas ofreciendo a los peregrinos los animales que necesitan para sacrificarlos en honor a Dios. Cambistas instalados en sus mesas traficando con el cambio de monedas paganas por la única moneda oficial aceptada por los sacerdotes.

domingo, 4 de marzo de 2012

Cuaresma II: Liberar la fuerza del Evangelio

 El relato de la “Transfiguración de Jesús” fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

domingo, 26 de febrero de 2012

Cuaresma I: Entre conflictos y tentaciones

Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos escribe estos breves versículos: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían». Estas breves líneas son un resumen de las experiencias básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.

Jesús no ha conocido una vida fácil y tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios lo ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Cristo Rey: ¿Quiénes cuentan para Dios?




En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:
- "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

jueves, 14 de julio de 2011

¿Convivir con el mal? (17 de julio)

Entre las preguntas “vitales” que el ser humano de todos los tiempos se hace está la del origen del mal: ¿Hasta dónde puede llegar la maldad de algunos? ¿Por qué no progresamos para eliminarlo? ¿Dónde está su origen? ¿Por qué todos estamos tocados por él? La filosofía, la psicología, la sociología o la religión intentan dar respuestas a lo que no la tiene. En este sentido nos hablan las lecturas de este domingo. El mal, el poder, el daño producido por otros, el hecho de quitar la dignidad siguen dejándonos sin respuesta aún en nuestros días.

El mal tiene su origen  en “la oscuridad de la noche”, en alguien misterioso (sin nombre ni rostro, anónimo) que lo siembra. Y crece bajo la apariencia de bien, confundiéndose con él. Germina siempre en el campo bueno. Cualquiera puede haberlo sembrado, quizás nosotros mismos. Porque el mal forma parte de nuestra fragilidad, de nuestra humanidad. Por más justicia o venganza que inventemos será difícil arrancarlo de esta tierra. Crece profundo, y sus pequeñas raíces también se hunden en nuestra vida.

No se trata de ver cómo quitar el mal, pues parece imposible. Se trata de saber convivir con él. De reconocernos infinitamente cómplices de él. Pero sobre todo hermanos, “solidarios”, con quienes lo practican. La medicina de Dios es la misericordia, la compasión, el perdón. El mal no es frenado por la venganza, ni el hombre es más humano por practicarla. El bien llega por el perdón. La reconciliación humaniza, sana, redime, repara. Que esta pedagogía de Dios empape nuestra vida y nuestras relaciones y se extienda por la sociedad en la que vivimos. Entonces el mundo será más humano y más justo.
Domingo XVI Tiempo Ordinario (A)
Sabiduría 12, 13.16-19
Salmo 85
Romanos 8, 26-27
Mateo 13, 24-43
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A. Pagola



jueves, 7 de julio de 2011

Haciéndonos (10 de julio)

Seguimos en  los comienzos de este tiempo de descanso veraniego. Como los campos terminan de recoger sus cosechas, así nosotros examinamos lo vivido en el curso que ha acabado.  ¡Cuánta vida extendida a lo largo de estos nueve meses! ¡Cuántas experiencias, cuántos nombres, cuánta vida a borbotones brotando sin parar de nuestro adentro!

Tal vez no reparamos demasiado. ¡Estamos vivos! Por encima de la terrible crisis, los problemas cotidianos o nuestra pobreza original. Estamos vivos, y por tanto, siempre creciendo, siempre haciéndonos… Quizás sea ese el mensaje de las lecturas de este domingo. No se trata de examinar detenidamente qué clase de tierra somos –o hemos sido según etapas y circunstancias- o cuál es la sequía y el agua que nos llena.

La tierra de Israel, como la nuestra, como la vida de cada uno, tiene un dinamismo que le supera. La tierra sigue sus ciclos, a veces misteriosos. Se supera a cada momento, completa lo que le es propio. La lluvia, el agua regalada del cielo, está a su servicio. ¡Todo está pendiente de la tierra y de su fecundidad! Lo mismo que el sembrador judío sale, cual cómplice del misterio y colaborador suyo, a hacer lo que debe: echar semillas sin importar a dónde. Su deber es aportar lo que tiene para el desarrollo del mundo. La creación, dice Pablo, avanza, no está concluida. ¡Está a punto de germinar algo mejor y siempre más grande!

Estamos vivos, que no es poco. Por más cansados físicamente que nos veamos, o débiles interiormente que nos sintamos. Hemos sido tomados por el Dios de la Vida y formamos parte de su misterio, que se llama Reino, vida abundante y plena para todos. Sólo se nos pide dejarnos hacer, cumplir lo que nos toca, no poner frenos a todo lo que se despierta en nuestro adentro...
Domingo XV Tiempo Ordinario (A)
Isaías 55, 10-11
Salmo 64
Romanos 8, 18-23
Mateo 13, 1-23

jueves, 30 de junio de 2011

El valor de lo sencillo (3 de julio)

Muchos de quienes se acercan a esta ventana han terminado el curso o están a punto de hacerlo. O al menos van a trabajar un poco menos en estas fechas. Toca mirar atrás, a lo que hemos hecho. A los errores cometidos, por supuesto. Pero también a lo que hemos creado en este tiempo. En producción, sí. Pero también en relaciones y experiencias, en valores, en sentimientos… Como gente sencilla que ha hecho lo que tenía que hacer, recogemos humildemente el fruto de nuestro esfuerzo, multiplicado por la ayuda de Dios y por la bondad de nuestros hermanos.

Humilde y sencillo. Así es el Mesías que anunciaba el profeta de la primera lectura. Quien busca a Dios en lo extraordinario y grandioso, quien espera su salvación al margen de lo cotidiano y diario… parece que no lo conoce demasiado. Mira atrás, al curso que acaba. Acoge los momentos más entrañables y sencillos, los pequeños y ordinarios. Y deja que la gracia de tu Dios fluya, como agua fresca, por medio de ellos en este tiempo de verano.

Espíritu y carne. Es el tema preferido de Pablo a los romanos. Los griegos dividían. Lo mismo que hacen las modas de nuestro tiempo. Lo cristiano unifica. Con el Espíritu de Dios (su fuerza, su latido, su “principio vital”) se le da sentido a la experiencia humana más básica. Sentido y dignidad. La grandeza de nuestra humanidad no está en disfrutar compulsiva y agotadoramente, explotando lo corporal. Está en mirar con ojos nuevos, sanos, evangélicos, con el espíritu de las bienaventuranzas, desde la dignidad y con la meta de la construcción del reino.

Jesús lleno del Espíritu alaba a Dios por las cosas sencillas manifestadas a través de los sencillos. Porque así le ha parecido a Dios mejor… Porque existe en todo ello una sabiduría especial, una grandeza, un mundo paralelo casi desconocido. ¿Para cuántos las vacaciones significarán una huída a lugares, experiencias, sentimientos ficticios? El buen descanso está en saborear y gozar con lo pequeño del Reino que Dios abre a nuestros ojos y a nuestro corazón.
Domingo XIV Tiempo Ordinario (A)
Zacarías 9, 9-10
Salmo 144
Romanos 8, 9.11-13
Mateo 11, 25-30
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A. Pagola y aquí

miércoles, 22 de junio de 2011

Dios está aquí… (Corpus Christi, 26 de junio)

Si hay una fiesta popular en el calendario litúrgico, por lo menos en Andalucía, esa es la del “Día del Señor”, que así se llama popularmente al Corpus Christi. No nos cuesta venerar al Dios que se esconde en el Pan consagrado, sacramento cercano, presencia constante a nuestro lado. Hemos sido educados en reconocer y adorar al Dios trascendente habitando a nuestro lado. Y sin embargo, siempre necesitamos volver al símbolo, al sacramento, para que no se nos desfigure, para seguir llenándolo de contenido, para renovar y actualizar nuestra fe en él. “Dios está aquí”, decimos. Pero no cualquier dios, sino el de Jesucristo. Un Dios siempre mayor y más grande. Un Dios que nos sorprende siempre, que no se deja encerrar en nuestras ideas más piadosas y fervorosas.

Donde Dios está, está el hermano, y la exigencia de una relación más evangélica con él, con ella. Donde Dios está, está el misterio, y el compromiso por conocerlo más y servirlo mejor. Y donde Dios está, se esconde un camino de felicidad y salvación aún por descubrir.

Las lecturas de este domingo del Corpus nos recuerdan tres verbos eucarísticos y fraternos. “Recuerda” es el compromiso que Moisés pide a su pueblo. Recuerda que todo lo bueno que vives y vivieron tus padres, todo lo conquistado de felicidad y plenitud humana va de la mano con el conocimiento de tu Dios. Cuanto más recuerdes y agradezcas, cuanto más agraciado y agradecido te sientas, más entrarás en el misterio de tu Dios.

“Une”, pide Pablo a los de Corinto. Lo humano es dividir, distinguir, crear fronteras. En la Eucaristía hay una exigencia constante de unir, reconciliar, tender puentes. Una invitación a llamar hermano al que se sienta a mi lado y come mi pan. O me pide pan en la calle porque no lo tiene. No busques otro nombre para quien te rodea que el de “hermano”, y atrévete a compartir tu vida con él.

Y “come”. Eso pide Jesús. No podemos vivir sin nutrirnos sanamente. Aunque reconocemos que nos alimentamos de todo, menos de vida. Lo de Cristo alimenta, es sano, hacer crecer y abre a posibilidades de vida siempre nuevas… El Pan de la Eucaristía no se ha hecho para ser sólo adorado, sino para ser partido con el que no lo tiene, y para que sea alimento, viático en nuestro frágil camino por la vida. “Dios está aquí” y precisa ser reconocido, para convertirse luego en motor y baluarte de nuestra existencia.
Solemnidad del Corpus Christi (A)
Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Salmo 147
1 Corintios 10, 16-17
Juan 6, 51-58
Homilía de dominicos.org


viernes, 17 de junio de 2011

Adorar el Misterio (Santísima Trinidad, 19 de junio)

Cuando llega la fiesta de la Santísima Trinidad volvemos a decir aquello que aprendimos de pequeños: “Dios es un Misterio”. Y así le pegamos carpetazo a lo que no comprendemos, porque nos desborda, o porque no hacemos el esfuerzo de profundizar. Dios es un Misterio, es cierto. Pero no como nosotros creemos: no es Dios alguien que goza con alejarse y permanecer desconocido eternamente; alguien que asusta, condena o castiga. Los misterios en las sociedades, han sido inventos de los poderosos para manipular a los pequeños.

La vida humana está llena de misterios. De esos que nos asombran, nos embelesan, nos desbordan por su grandeza. Y también porque nos hacen más humanos, porque nos asoman a la belleza y la grandeza de nuestra vida. Dios es misterioso de esa manera: por grande, por cercano, por maravilloso. A Dios no sólo se le intenta comprender racionalmente, ni estudiar científicamente. A Dios se le contempla, se le adora. Ante Dios, uno se rinde. Porque  adorar, contemplar, rendirse son acciones profundamente humanas que abren a lo divino en nosotros. Porque Dios es siempre más para mejor. Una experiencia de vida que sólo puede ser vivida con la totalidad de la vida...

Y Dios es relación. Porque le gusta comunicarse con las criaturas. Y porque en su entraña, en su identidad, la comunicación lo hace comunión de personas. Un murmullo de diálogo profundo que se expande en lo creado y todo lo completa y hace formar parte en su misterio. En cada criatura existen huellas de nuestro Dios, capacidad de comunicación y relación.

Y si Dios es diálogo de amor en toda la humanidad, lo nuestro ante Dios –aparte de adorarlo, intuirlo en todo y buscar cauces infinitos y nuevos para el encuentro- será tender puentes, crear lazos, abrir caminos. “Tanto amó Dios al mundo”… que no pudo pasar sin poner en él su tienda, en hacerse de los nuestros. ¡Amar la humanidad por encima de sus grietas! Percibir todo lo que de Misterio existe en ella y reconocer que está atravesada por el amor de Dios.
Solemnidad de la Santísima Trinidad (A)
Éxodo 34, 4b-6. 8-9
Salmo: Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56
2 Corintios 13, 11-13
Juan 3, 16-18
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A.Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile

jueves, 9 de junio de 2011

El don de la comunicación (Pentecostés, 5 de junio)

Sin comunicación no podemos vivir. Jesús expresó su vida entera por los caminos de Galilea, demostró su amor sin límites clavado en la Cruz, y derrochó vida abundante ya resucitado. Pero, ¿se puede seguir comunicando cuando su presencia física ya no es palpable y visible? Cuando no se ve claramente al mensajero es fácil distorsionar el mensaje y empobrecerlo. Convertirlo en norma y hasta en ideología. Cristo vive en su Espíritu, que es presencia real y actual, que garantiza una comunicación auténtica, que tiene autoridad.  El Resucitado está más cerca de lo que creemos...

Nunca el lenguaje humano fue cosa fácil. Entendernos fue toda una ventura en Babel. Sin Espíritu, con los solos deseos de competitividad no puede existir la comunicación. Pentecostés comienza cuando el Resucitado invita a reconciliar (“a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados…”), cuando en lo hondo de los hombres surge el deseo de comprender, justificar, crecer juntos y hacer camino. Para que exista el Espíritu, y actúe, se requiere una disposición previa de escucha y de disponibilidad...

El Espíritu, la comunicación iguala pero no confunde. Nos permite unirnos sin dejar de ser diferentes. Comprendernos sin ser semejantes. Cada uno en su especificidad refleja un rasgo de la lengua de Dios. Por eso necesitamos no renunciar a nuestra originalidad, sino ponerla al servicio de lo común. Valorarla, respetarla, apreciarla como un don de Dios a la pluralidad de sus criaturas. Un coro infinito de voces que hablando diferente puede entenderse.

La comunicación, el Espíritu, nos permite vivir sin miedo. Abrir puertas y ventanas, romper inseguridades. Descubrir en la diferencia del otro y de su palabra la grandeza de Dios manifestada en lo diverso. Donde hay Espíritu el otro es mi hermano, no mi rival. El Espíritu se nos regala en este día y siempre. La comunicación se construye con nuestro esfuerzo, de acuerdo a esos presupuestos. Donde hay Espíritu hay entendimiento, comunicación y diálogo.
Misa del día de Pentecostés (A)
Hechos de los Apóstoles 2,1-11
Salmo 103
1 Corintios 12, 3b-7. 12-13
Juan 20, 19-23
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A.Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile

viernes, 3 de junio de 2011

Herederos de su gloria (Ascensión del Señor, 5 de junio)

Cuando los primeros cristianos quieren hablar de la grandeza de Jesús, de su gloria eterna, eco sin fin de la Pascua, echan mano a la ascensión de Elías (2Re 2), el más grande  de los profetas, y hasta aquel momento el único que –según tradición- había subido corporalmente a los cielos. El lugar de Jesús es la gloria: la construye en este mundo en su vida, la prolonga tras su resurrección, y la promete a la humanidad como destino futuro, con Él. Al marchar regala gloria, incorpora a sus discípulos a ese nuevo ámbito de eternidad. Unos discípulos que, aún en ese momento (después de tres años de seguimiento físico, y cuarenta días de experiencia pascual) no han entendido nada. Siguen pendientes de sus categorías de poder y política… Pero no por ello son despreciados. Con ello son asociados a la tarea del Cristo que asciende...

De la grandeza de Dios habla Pablo a los de Éfeso. De su carácter incomprensible (¡cuánta sabiduría y revelación hacen falta!). De la riqueza que comparte con el ser humano: una “riqueza de gloria” entregada a la Iglesia. Y a los miembros siempre débiles que formamos parte de ella en su Historia. Y el evangelio garantiza con una promesa la amistad del Resucitado con los discípulos: “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”...

Ascender significa subir. Ocupar un lugar más alto. Los humanos tendemos siempre a esos ascensos: en lo laboral, en la política, en la imagen social. ¡Cuántos sacrificios por subir un peldaño! Mientras otros siguen hundidos en lo más bajo de su miseria… La ascensión de Jesús, un nuevo nombre de la Pascua, regala a todo lo humano la posibilidad de vivir en lo más alto. Gratis. Sin condiciones previas. Sin tener que agacharse. Para Dios estamos muy bien considerados siempre. Nuestro sitio definitivo, nuestra vocación es vivir siempre a su lado. Descubrirlo. Gozarlo. Y tirar por la borda tantas cosas que no valen la pena...
Ascensión del Señor (A)
Hechos de los Apóstoles 1,1-11
Salmo 46
Efesios 1, 17-23,
Mateo 28, 16-20
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A.Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile

jueves, 26 de mayo de 2011

Amar y guardar el amor (Sexto domingo de Pascua, 29 de mayo)

Tenemos cierta tentación a guardar las cosas importantes. Guardamos recuerdos en el corazón o en cajones, guardamos objetos que tienen valor. Y al volver sobre lo guardado, lo enriquecemos. Jesús pide guardar sus mandamientos. Que no son los diez de Moisés, sino sus acciones, sus palabras, sus bienaventuranzas. ¡Guardar su memoria! Esto no es un ejercicio de interiorismo o melancolía. Equivale a actuar. Amar al Resucitado, expresarle amor, es actuar como Él, empeñarse en sus obras, configurar la propia vida con la suya… Amar al Resucitado y comprometerse con la sociedad y los hermanos son la misma cosa. Y quien es capaz de hacer esto, está con Cristo y con el Padre. ¡Vive en su adentro la vida de Dios!  Así de fácil se presenta la vida del cristiano...

Samaría era una tierra difícil. Ya lo fue para Jesús convencer a aquella mujer a la orilla del pozo… Tenían muchos prejuicios, sociales y religiosos. No a las normas, ni a las autoridades o jerarquías, no a las personas y lugares sagrados… Y Felipe supo llevar el Evangelio de Jesús, cuestionar sin hacer daño. Sencillamente con sus obras, las mismas que los samaritanos “habían oído y ahora estaban viendo”. Antes y ahora, no es la palabra, ni la norma, ni la organización lo que convence o atrae: son las obras de salvación que somos capaces de hacer. Es el amor a Cristo manifestado en “guardar sus mandamientos”.Y sin perder nada “la ciudad se llenó de alegría”.

Falta alegría en nuestras ciudades y casas. En nuestras comunidades. Esa que trae el Resucitado por medio de las obras humanas que concretan la salvación. Falta alegría en los evangelizadores, los nuevos Felipe.  Faltan evangelizadores que utilicen “mansedumbre, respeto y buena conciencia” en sus relaciones con los demás… Quizás nos falte el amor necesario, a Jesús y a los hermanos, para transmitirles con nuestras obras el amor que Dios nos tiene. El amor que Dios les tiene.
Sexto domingo de Pascua (A)
Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17
Salmo 65
1 Pedro 3, 15-18
Juan 14, 15-21
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A. Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile

viernes, 20 de mayo de 2011

Piedras vivas (Quinto domingo de Pascua, 22 mayo)

La comunidad cristiana comienza a extenderse de forma abundante, los discípulos necesitan organizarse en orden a servir mejor. Eso dice la primera lectura de los Hechos. La semilla del Resucitado enseguida fructifica en Jerusalén y en el mundo pagano. Y ahora parece que fuera más difícil, que nos desanimásemos antes, que sólo mirásemos a los cristianos por estadísticas y números, que nuestra organización nos resulte lejana y fría. Y desde siempre el conflicto como oportunidad de conversión y crecimiento. ¡La Historia nos dice que cada dificultad ha supuesto una revitalización del Evangelio!

La fe no es de otros. Ni tampoco la Iglesia, en sus estructuras, formas, imágenes o palabras. Mi trabajo no es de otros, aunque yo no sea dueño. Ni mi casa o el coche que utilizo. En lo que hago y vivo se esconde mucho de mí. En mis grupos, en mis amigos… En el mensaje de Cristo vivido en la Iglesia yo soy una piedra más. Que unida a otras piedras sostiene el edificio. Existen piedras que son cimiento y otras que son bóveda, o cúpula. Hay piedras que son muro, y otras que se esconden para dar más fuerza. Diferentes, pero necesarias, complementarias. ¡Imprescindibles todas! En cuanto alguna deja de ocupar su lugar el edificio se queja y se resiente. Es fácil quejarse de las piedras pesadas, o de aquellas que parecen inútiles, de las piedras feas o discordantes. Es cómodo culpar a las que están abajo o a las de arriba. Diferentes, pero necesarias. Todas permanecen en tensión allí donde las soñó el arquitecto.

De piedras se hacen los buenos caminos. Cristo es camino. Existen autovías, autopistas, caminos de tierra o senderos rurales. Cada uno conduce a un lugar diferente. Existen caminos siniestros, y otros que son vía muerta, sin salida. Unas veces la vida nos va llevando. Pero casi siempre elegimos según un proyecto. Quizás, a donde quieras ir y llevar tu vida, Jesús pueda acompañarte… Y existen miles de verdades que se comercian a bajo precio en los mercados de la demagogia. Yo trato de imponer las mías, verdades de gritos y condenas, pretenciosas e impositivas. Y Cristo tiene una verdad diferente, una alternativa a las nuestras, una verdad con mayúscula. Hay también cientos de vidas que uno quisiera vivir más allá de la propia. Vidas que se comercian y se envidian, se publicitan y falsean. Vidas de ciencia ficción o de lujo. Pero Cristo ofrece una vida diferente, con sello de eternidad y de amor solidario, con calidad y dignidad… ¿Volvemos a elegir su oferta?
Quinto domingo de Pascua (A)
Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
Salmo 32
1 Pedro 2, 4-9
Juan 14, 1-12
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A.Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile