jueves, 30 de junio de 2011

El valor de lo sencillo (3 de julio)

Muchos de quienes se acercan a esta ventana han terminado el curso o están a punto de hacerlo. O al menos van a trabajar un poco menos en estas fechas. Toca mirar atrás, a lo que hemos hecho. A los errores cometidos, por supuesto. Pero también a lo que hemos creado en este tiempo. En producción, sí. Pero también en relaciones y experiencias, en valores, en sentimientos… Como gente sencilla que ha hecho lo que tenía que hacer, recogemos humildemente el fruto de nuestro esfuerzo, multiplicado por la ayuda de Dios y por la bondad de nuestros hermanos.

Humilde y sencillo. Así es el Mesías que anunciaba el profeta de la primera lectura. Quien busca a Dios en lo extraordinario y grandioso, quien espera su salvación al margen de lo cotidiano y diario… parece que no lo conoce demasiado. Mira atrás, al curso que acaba. Acoge los momentos más entrañables y sencillos, los pequeños y ordinarios. Y deja que la gracia de tu Dios fluya, como agua fresca, por medio de ellos en este tiempo de verano.

Espíritu y carne. Es el tema preferido de Pablo a los romanos. Los griegos dividían. Lo mismo que hacen las modas de nuestro tiempo. Lo cristiano unifica. Con el Espíritu de Dios (su fuerza, su latido, su “principio vital”) se le da sentido a la experiencia humana más básica. Sentido y dignidad. La grandeza de nuestra humanidad no está en disfrutar compulsiva y agotadoramente, explotando lo corporal. Está en mirar con ojos nuevos, sanos, evangélicos, con el espíritu de las bienaventuranzas, desde la dignidad y con la meta de la construcción del reino.

Jesús lleno del Espíritu alaba a Dios por las cosas sencillas manifestadas a través de los sencillos. Porque así le ha parecido a Dios mejor… Porque existe en todo ello una sabiduría especial, una grandeza, un mundo paralelo casi desconocido. ¿Para cuántos las vacaciones significarán una huída a lugares, experiencias, sentimientos ficticios? El buen descanso está en saborear y gozar con lo pequeño del Reino que Dios abre a nuestros ojos y a nuestro corazón.
Domingo XIV Tiempo Ordinario (A)
Zacarías 9, 9-10
Salmo 144
Romanos 8, 9.11-13
Mateo 11, 25-30
Homilía de dominicos.org
Reflexión de J.A. Pagola y aquí