miércoles, 15 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (5)

 



SALAMANCA, VALLADOLID, LEON, TORO Y PALENCIA


Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos conduce ahora por las tierras de Salamanca, Valladolid, León, Toro (Zamora) y Palencia. Tierras donde la historia de la Orden de Predicadores ha dejado una huella profunda. Vamos a poder descubrir lugares vivos donde todavía hoy continúa la misión iniciada por Santo Domingo de Guzmán hace más de ochocientos años.

Nuestra primera parada es la histórica ciudad de Salamanca, donde se levanta el majestuoso Convento de San Esteban, una de las obras más representativas de la presencia dominicana en España. Los frailes llegaron a la ciudad en el siglo XIII y, con el paso del tiempo, hicieron de este convento uno de los grandes centros de estudio, oración y predicación de la Orden. Su impresionante fachada plateresca, considerada una de las más bellas del Renacimiento español, es solo el comienzo de un recorrido que sorprende por la riqueza artística de su iglesia, el magnífico retablo barroco diseñado por José de Churriguera, los elegantes claustros y la célebre Escalera de Soto, una auténtica obra maestra de la arquitectura renacentista.




Pero la grandeza de San Esteban no se encuentra únicamente en sus piedras. Durante siglos fue un referente del pensamiento cristiano gracias a figuras como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto o Melchor Cano, protagonistas de la Escuela de Salamanca. Sus enseñanzas sobre la dignidad de la persona, la justicia y los derechos de los pueblos siguen siendo admiradas en todo el mundo. 



Hoy los dominicos continúan desarrollando una importante labor académica y evangelizadora a través de la Facultad Pontificia de Teología San Esteban, la Editorial San Esteban, cursos de formación y numerosas actividades culturales abiertas a toda la sociedad. Visitar este convento significa descubrir cómo tradición y actualidad siguen caminando juntas.



Justo enfrente de San Esteban, podemos visitar el Monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, conocido cariñosamente como Las Dueñas. Fundado en 1419, conserva uno de los claustros platerescos más originales de nuestro país, con una singular planta pentagonal que lo convierte en una auténtica joya arquitectónica. 




Tras sus muros vive desde hace más de seis siglos una comunidad de monjas dominicas contemplativas que mantiene viva la espiritualidad de Santo Domingo mediante la oración, el trabajo y la acogida silenciosa de quienes llaman a sus puertas. Su presencia recuerda que la predicación también nace del silencio y de una vida entregada completamente a Dios.


Dejamos atrás la capital salmantina para dirigirnos hacia uno de los lugares más emblemáticos de la espiritualidad dominicana: el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia. La carretera asciende entre montañas hasta alcanzar los más de 1.700 metros de altitud donde se levanta este santuario mariano, desde el que se contemplan paisajes extraordinarios de la Sierra de Francia, Las Hurdes, Portugal y la llanura castellana.



La tradición recuerda que fue Simón Vela quien encontró aquí una antigua imagen de la Virgen en el siglo XV. Poco después los dominicos asumieron el cuidado del santuario y desde entonces han acogido a generaciones de peregrinos y visitantes. El conjunto está formado por la iglesia, el convento, varias capillas y una hospedería donde es posible descansar y disfrutar del silencio de la montaña. La devoción a la Virgen de la Peña de Francia traspasó hace siglos las fronteras españolas gracias a los misioneros dominicos, llegando a América y Filipinas, donde continúa siendo profundamente venerada. Quien llega hasta este lugar comprende enseguida por qué sigue siendo uno de los grandes centros de peregrinación mariana de España.

Nuestro viaje continúa hacia Valladolid, donde la Orden de Predicadores escribió algunas de las páginas más brillantes de su historia. El conjunto formado por el Convento de San Pablo y el Colegio de San Gregorio constituye uno de los monumentos más importantes de la ciudad. El convento, impulsado por las reinas Violante y María de Molina y enriquecido posteriormente por destacados dominicos, sorprende por su espectacular fachada gótica, considerada una de las más bellas de España.




Junto a él nació el Colegio de San Gregorio, destinado a la formación de los mejores estudiantes de la Orden. Durante siglos fue uno de los centros teológicos más prestigiosos de Castilla y desde sus aulas salieron grandes predicadores, profesores y misioneros que llevaron el Evangelio a numerosos países. Hoy los dominicos mantienen una intensa labor pastoral y docente mediante escuelas de teología, actividades culturales, publicaciones y diversas iniciativas de formación. El antiguo colegio alberga actualmente el Museo Nacional de Escultura, una visita imprescindible para quienes aman el arte español.





Nuestro siguiente destino es León, donde nos espera la moderna Basílica de la Virgen del Camino. Aunque la presencia dominicana en estas tierras comenzó ya en el siglo XIII, el actual santuario nació en la segunda mitad del siglo XX gracias al impulso del benefactor D. Pablo Díez y al proyecto del arquitecto dominico fray Francisco Coello de Portugal. El edificio constituye una magnífica muestra de arquitectura religiosa contemporánea. Las esculturas de José María Subirachs y sus luminosas vidrieras hacen que el visitante descubra un templo muy distinto de los habituales, pero lleno de simbolismo y belleza.




Miles de peregrinos del Camino de Santiago hacen aquí un alto para rezar ante la Virgen del Camino. Los frailes dominicos siguen atendiendo diariamente el santuario, organizando ejercicios espirituales, acompañando a los peregrinos y ofreciendo un espacio privilegiado para el descanso interior y el encuentro con Dios.




Nuestra ruta nos conduce ahora hasta Toro, donde se encuentra el histórico Real Monasterio del Sancti Spiritus. Fundado en el siglo XIV por Teresa Gil de Portugal, este monasterio dominicano reúne un extraordinario patrimonio artístico. Su magnífico artesonado mudéjar, los sepulcros reales, el elegante claustro renacentista y el museo permiten comprender la importancia que tuvo este lugar en la historia de Castilla.




Sin embargo, el verdadero corazón del monasterio continúa siendo la comunidad de monjas dominicas que lo habita desde hace más de siete siglos. Gracias a ellas, este lugar no es solo un museo, sino un auténtico monasterio vivo donde la oración sigue marcando el ritmo de cada jornada. Incluso es posible alojarse unos días y disfrutar del ambiente de paz que caracteriza a esta comunidad contemplativa.


La última etapa de nuestro recorrido nos lleva hasta Palencia, ciudad profundamente unida a la juventud de Santo Domingo de Guzmán. Fue aquí donde realizó sus estudios y donde protagonizó uno de los episodios más conocidos de su vida: vender sus valiosos libros para ayudar a los pobres durante una terrible hambruna. Ese gesto sigue siendo hoy un magnífico ejemplo del espíritu dominicano, capaz de poner siempre el conocimiento al servicio de la caridad.




La tradición afirma que el Convento de San Pablo fue fundado por el propio Santo Domingo. Su iglesia conserva magníficos retablos, sepulcros y obras de arte, mientras la comunidad de frailes continúa desarrollando una intensa actividad pastoral y de acogida. Muy cerca se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad, donde las monjas dominicas mantienen una vida contemplativa marcada por la oración y el trabajo. Su iglesia barroca, la belleza de su conjunto arquitectónico y la fama de sus dulces artesanos, especialmente las tradicionales herraduras de hojaldre, convierten este monasterio en una visita muy especial para cuantos llegan a Palencia.





Como habéis podido comprobar, todos los anteriores lugares tienen algo en común: siguen siendo lugares vivos, donde frailes y monjas continúan anunciando el Evangelio con el mismo espíritu de Santo Domingo. Si viajáis por estas tierras, acercaos a conocerlos. Además de contemplar su patrimonio, compartid unos minutos con sus comunidades y descubrid de primera mano el carisma dominicano.


sábado, 11 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (4)

 



Granada, Almería y Jaén



Si hay una tierra donde la historia dominicana ha dejado una huella profunda, esa es Andalucía. En esta etapa nos vamos a dirigir a la parte occidental. Granada, Almería y Jaén conservan conventos, iglesias y monasterios que nos permiten viajar varios siglos atrás y descubrir cómo frailes y monjas dominicos han formado parte de la vida de estas ciudades y pueblos hasta nuestros días.

Comenzamos nuestro recorrido en Granada, en el Convento de Santa Cruz la Real. Fundado por los Reyes Católicos en 1492, el mismo año de la conquista de Granada, fue uno de los centros más importantes de la Orden de Predicadores en España. Durante siglos destacó como lugar de formación y estudio, llegando a convertirse en un prestigioso Studium Generale. Aunque gran parte del convento desapareció tras la exclaustración del siglo XIX, la comunidad dominicana regresó en 1951. Hoy continúa siendo un lugar de culto, estudio y predicación, además de albergar un Colegio Mayor Universitario y colaborar en la atención pastoral de la cercana parroquia de Santo Domingo.





Como hemos mencionado, los frailes de Santo Domingo llegan a Granada en 1492, y reciben bienes y tierras de los Reyes Católicos para fundar el convento. Viven con pasión la predicación del Evangelio y pronto hacen del mismo un importante centro de espiritualidad, que anima a muchos hombres y mujeres a vivir y participar del carisma dominicano sin dejar su condición laical. Aquí fijamos el origen fundacional del Beaterio de Santo Domingo de Granada, que se situó justo al lado de Santa Cruz la Real, estando documentada su existencia en 1539. Nacido del deseo de un grupo de mujeres laicas de vivir el Evangelio según el espíritu de Santo Domingo de Guzmán, el beaterio evolucionó hasta convertirse en una comunidad dedicada a la oración, la enseñanza y la vida fraterna. A finales del siglo XVII, la Madre Juliana de Santa Inés consolidó esta institución, mientras que, a comienzos del siglo XIX, el apoyo del Marqués del Saltillo aseguró su continuidad y fortaleció su misión educativa. La gran impulsora de la congregación fue la Madre Teresa Titos Garzón, elegida rectora en 1883. Sensible a las necesidades sociales de su tiempo, promovió la educación de las niñas más pobres y abrió nuevos colegios, iniciando en 1907 la expansión de la obra con la fundación de Motril y, posteriormente, la de Baena. En 1915 la Congregación de Santo Domingo (las de Granada, como se les suele conocer) fue reconocida oficialmente como instituto diocesano e incorporada a la Orden de Predicadores, obteniendo el reconocimiento pontificio en 1931 y la aprobación definitiva en 1942.

Su carisma, profundamente dominicano, integra vida comunitaria, oración, estudio y predicación, vividos con sencillez, alegría, espíritu de servicio, confianza en la Providencia y compromiso con la educación y la evangelización, especialmente entre los más necesitados.

Destacar igualmente que en la propia ciudad de Granada coexistieron hasta hace muy poco tiempo tres comunidades de monjas contemplativas: Monasterio de Santa Catalina, en el barrio del Realejo; Convento de Nuestra Señora de la Piedad, situado en la calle Duquesa, en un edificio del siglo XVI que guarda joyas artísticas de Pedro de Mena y José Risueño;



 y el Convento de Santa Catalina de Zafra, situado en el barrio del Albaicín, siendo fundado en el año 1520 por la viuda de don Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, sobre una serie de casas cedidas por la Corona, de bienes que pertenecieron a la nobleza nazarí. Actualmente sólo quedan los dos últimos con unas comunidades muy pequeñas. 



También en la localidad de Baza, se encuentra el Monasterio de la Santísima Trinidad, que hasta el año 1971, ocupaba el antiguo Hospital Real ya desaparecido, trasladándose desde entonces a su actual ubicación en la Carretera de Ronda de la ciudad de Baza.

Desde allí nos trasladamos a Almería para visitar el Santuario de la Virgen del Mar, uno de los lugares más queridos por los almerienses. 




La tradición cuenta que la imagen de la Virgen apareció en la playa de Torregarcía en 1502, llegando desde el mar tras un naufragio. Con el paso de los años la devoción creció tanto que fue proclamada patrona de la ciudad. El santuario, atendido por los dominicos, destaca por su elegante decoración barroca y por el hermoso camarín donde se venera la imagen de la Virgen. Situado en pleno centro histórico, es un rincón lleno de tranquilidad y belleza que merece una visita pausada.



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En este punto nos queremos acordar y rezar por las víctimas del trágico incendio forestal de la localidad almeriense de Los Gallardos.

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Por su parte, la provincia de Jaén guarda también auténticos tesoros dominicos. En Alcalá la Real encontramos el Convento de la Encarnación, fundado por las Madres Dominicas a finales del siglo XVI. Su arquitectura renacentista, su iglesia sobria y su hermoso claustro reflejan siglos de oración y vida contemplativa. La iglesia conserva elementos característicos de la espiritualidad dominicana, como los símbolos de la Orden presentes en su portada.




También en la ciudad de Jaén encontramos el Monasterio de la Purísima Concepción, fundado en 1562. Aunque el edificio original sufrió numerosas transformaciones a lo largo de los siglos, la comunidad de monjas dominicas continúa manteniendo viva una tradición de oración y contemplación que se remonta a más de cuatrocientos años. Entre sus muros se conserva un importante patrimonio artístico y religioso que testimonia la riqueza de la vida dominicana en la ciudad.




Otro lugar destacado es el Monasterio de Santa Ana, en Villanueva del Arzobispo. Fundado en el siglo XVI gracias al impulso del reconocido teólogo y escritor dominico fray Domingo de Baltanás, constituye uno de los monumentos más importantes de la localidad. Su elegante claustro, la iglesia conventual y la armonía de sus espacios reflejan la riqueza del patrimonio conventual andaluz. Especialmente bello resulta el patio central, adornado con jardines, una fuente histórica y un ciprés que aporta serenidad al conjunto.




Finalmente, en Torredonjimeno encontramos el Convento de la Piedad, fundado hacia 1543 por don Jerónimo de Padilla. Concebido como monasterio de dominicas, colegio para jóvenes y panteón familiar de su fundador, conserva una magnífica iglesia de estilo gótico-renacentista con bóvedas estrelladas y un valioso retablo barroco. Aunque el claustro no puede visitarse por tratarse de un convento de clausura, el conjunto sigue siendo uno de los mejores ejemplos del patrimonio dominico de la provincia. Queremos agradecerles que nos hayan enviado una imagen del referido claustro.







Todos estos lugares nos permiten recorrer siglos de historia dominicana en Andalucía. Son espacios donde la oración, la cultura, el arte y la vida de muchas generaciones han dejado una profunda huella. Por ello, os invitamos a descubrir Granada, Almería y Jaén siguiendo este itinerario dominicano. Cada convento, iglesia y monasterio tiene algo especial que ofrecer. Merece la pena acercarse a ellos, contemplar su belleza, conocer sus historias, empaparse de sus silencios y dejarse sorprender por las historias que guardan sus muros.

miércoles, 8 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (3)


 


Provincias Vascas y Navarra


Las Provincias Vascas y Navarra conservan una rica presencia de la familia dominicana, formada por frailes, monjas contemplativas y hermanas de vida apostólica que, desde hace siglos, han contribuido a la vida espiritual, educativa y cultural de estas tierras. Visitar sus conventos, iglesias y casas es acercarse a una historia llena de fe, servicio y compromiso con la sociedad.

En Bilbao destaca la Iglesia de la Encarnación, situada en el barrio de Atxuri. Este hermoso templo, construido en el siglo XVI como parte de un convento dominico, fue declarado Bien de Interés Cultural en 2001. 




Aunque hoy ya no existe una comunidad estable de frailes en el lugar, la iglesia continúa abierta al culto y desarrolla una intensa actividad cultural. Sus conciertos de música clásica, sacra y coral atraen cada año a miles de personas. Además, las antiguas dependencias conventuales sirven actualmente para acoger a refugiados, convirtiéndose en un ejemplo vivo de solidaridad y acogida.


En San Sebastián, existió el dominico Convento de San Telmo. Fundado por los dominicos a mediados del siglo XVI gracias al mecenazgo de Alonso de Idiáquez, secretario de Estado del emperador Carlos V. Se trata de un impresionante edificio, a los pies del Monte Urgull, cuyas obras comenzaron en 1544. 


El convento, dedicado a San Telmo, patrono de los hombres del mar, se convirtió en un destacado centro religioso. Sufrió importantes daños durante la Guerra de la Independencia y las guerras carlistas. La desamortización de Mendizábal, en 1836, puso fin a la presencia dominica y el edificio pasó a ser cuartel militar. Declarado Monumento Nacional en 1913, fue adquirido por el Ayuntamiento y abierto en 1932 como Museo de San Telmo. Su iglesia destaca por su arquitectura renacentista y sus bóvedas de crucería.




En la actualidad, la presencia dominicana en San Sebastián la encontramos en el Monasterio de Santo Domingo, comunidad de monjas dominicas cuya historia se remonta a 1546. A lo largo de casi cinco siglos, las religiosas han vivido una intensa vida de oración y contemplación, marcada por numerosas dificultades y traslados. Hoy continúan siendo una presencia silenciosa pero muy significativa para la ciudad.



La comunidad mantiene una profunda devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, especialmente a través de la Cofradía del Rosario. Entre los tesoros del monasterio destacan una antigua imagen de la Virgen del siglo XV y una hermosa gruta dedicada a Nuestra Señora de Lourdes, considerada por las monjas como un auténtico oasis de paz.

La ciudad de Vitoria alberga el Convento de la Santa Cruz, donde las dominicas mantienen viva una tradición que hunde sus raíces en el siglo XIII. 



Su convento destaca por la sencillez de su arquitectura, concebida para favorecer el silencio y la contemplación. La comunidad combina la oración litúrgica, el estudio y la vida fraterna, siguiendo el espíritu de Santo Domingo. 



El jardín interior y la capilla mayor ofrecen al visitante un ambiente de serenidad especialmente apreciado en el ritmo acelerado de nuestro tiempo.


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En Navarra, la presencia dominicana es especialmente amplia. El Convento de San Valentín de Berrio Ochoa, en Villava, es hoy una de las sedes de la enfermería provincial de los dominicos de Hispania y un lugar dedicado al cuidado de los frailes mayores. 


Desde allí se atienden diversas obras pastorales, entre ellas la histórica Iglesia de Santiago Apóstol de Pamplona. Este templo fue durante siglos el corazón de un importante convento y centro universitario dominico, dedicado a la enseñanza de la filosofía y la teología. Su historia refleja la importancia que la Orden ha concedido siempre al estudio como servicio a la Iglesia y a la sociedad.




Junto a estas presencias queremos en este punto mencionar también un lugar muy conocido en Pamplona y también a nivel de la Familia Dominicana. Se trata de la calle Jarauta. En esta calle pamplonica, concretamente en su número 26, tiene su Casa la Congregación “Dominicas de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción”, que tienen su origen en la unión de distintos beaterios de Terciarias dominicas.




Desde el Siglo XV hay constancia del primer beaterio en Pamplonaen en esa misma calle Jarauta. El 8 de diciembre de 1954, este Beaterio pasa a ser Congregación, a la que se unieron en 1961 los Beaterios de dominicas de Barcelona, Tarragona y Vic. Se tiene constancia que en 1590, las Beatas Dominicas, un grupo de mujeres preocupadas por la educación de las niñas, enseñan en su propia casa ante la inexistencia de escuelas para niñas, siendo en 1798, cuando el Ayuntamiento de Pamplona se plantea abrir la primera escuela de niñas, otorgándole la dirección a las dominicas. Tanto reconocimiento han tenido históricamente que, incluso, durante la Guerra Civil española no se interrumpieron las clases, aumentando el número de alumnas, particularmente la Segunda Enseñanza, que fue consolidándose en estos años. Actualmente, la Congregación se extiende por España y traspasa fronteras haciéndose presente en América y en África siendo su razón de ser: Evangelizar educando, desde la pasión por la educación, por la Predicación a través de la educación.


Todos estos lugares nos hablan de una historia que sigue viva. Son espacios donde la oración, la cultura, la educación y la solidaridad se encuentran para seguir anunciando el Evangelio al estilo de Santo Domingo. Si tenéis ocasión de viajar por Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, incluso si os encontráis por allí en estos días celebrando las fiestas de San Fermín, os invitamos también a acercaros a estos lugares dominicanos. Seguro que encontraréis no solo monumentos y obras de arte, sino también personas que os recibirán como amigos y hermanos, con historias de fe, acogida y esperanza que merecen ser conocidas y compartidas.






















sábado, 4 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (2)


Ávila y Segovia

Cuando hablamos de lugares dominicos llenos de historia y espiritualidad, Ávila y Segovia ocupan un lugar muy especial. Son dos ciudades donde todavía hoy podemos acercarnos a los espacios que ayudaron a construir la historia de la Orden de Predicadores y descubrir rincones que siguen transmitiendo paz, belleza y profundidad humana.

En Ávila encontramos el Real Monasterio de Santo Tomás. Constituye uno de los monumentos más importantes de Ávila y una de las grandes joyas del patrimonio dominicano español. Fundado en 1480 por iniciativa de Hernán Núñez de Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos, junto con su esposa María Dávila y fray Tomás de Torquemada, fue dedicado a Santo Tomás de Aquino. Las obras se desarrollaron entre 1482 y 1493, dando lugar a un magnífico conjunto gótico declarado Monumento Nacional en 1931.

Los Reyes Católicos eligieron este monasterio como residencia de verano y lugar de enterramiento de su hijo, el príncipe don Juan. Su impresionante sepulcro renacentista sigue siendo una de las piezas artísticas más admiradas del conjunto. 


El complejo destaca por su iglesia de planta de cruz latina y por sus tres magníficos claustros: el Claustro del Silencio, el Claustro del Noviciado y el Claustro de los Reyes. 




Especialmente notable es la belleza del piso superior del Claustro del Silencio, ejemplo sobresaliente de la arquitectura gótica castellana.


En el ala sur del Claustro de Reyes se pueden ver las aulas, ya remodeladas, de la desaparecida Universidad de Santo Tomás de Ávila, establecida a mediados del siglo XVi y clausurada en el siglo XIX.

Desde 1875 fue casa de formación de misioneros dominicos hasta 1963.

Pero el monasterio es mucho más que un lugar histórico. Sus tres claustros invitan a pasear sin prisas, disfrutando del silencio y de la belleza de la arquitectura gótica. Muchos visitantes destacan precisamente esa sensación de tranquilidad que se respira en cada rincón.


El monasterio alberga además los Museos de Arte Oriental y Ciencias Naturales. Sus salas exhiben valiosas colecciones procedentes de China, Japón, Filipinas, Vietnam y Taiwán, con piezas de madera, cerámica, jade, laca y otros materiales nobles. Esta singular colección convierte al monasterio en un lugar de encuentro entre la tradición dominicana y las culturas asiáticas. Es una visita que suele sorprender gratamente a quienes llegan pensando únicamente en un monumento histórico y descubren también un interesante viaje por otras culturas.

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Desde Ávila viajamos a Segovia para encontrarnos con uno de los lugares más entrañables de la historia dominicana: la Cueva de Santo Domingo. Según la tradición, en la Navidad de 1218, Santo Domingo llegó a Segovia para fundar el primer convento de frailes dominicos en España, buscó un lugar apartado donde poder orar y encontrarse con Dios. Eligió una sencilla gruta junto a la ciudad, cerca del río Eresma.

Aquella pequeña cueva se convirtió en un lugar muy querido para él y para sus primeros compañeros. Allí encontraba la fuerza espiritual que después transmitía en su predicación. Hoy los visitantes pueden acceder a este espacio singular y contemplar las capillas que se construyeron alrededor de la antigua gruta. Es un lugar sencillo, pero con una gran fuerza espiritual que invita al recogimiento y a la reflexión.



Muy cerca se encuentra también el Monasterio de Santo Domingo el Real, habitado por las monjas dominicas desde 1513. El convento se levantó sobre el antiguo Palacio de Don Alimán, una fortaleza del siglo XIII construida en parte con materiales de origen romano. 



Conserva elementos de gran interés histórico, como el amplio claustro, el antiguo palacio románico, la Torre de Hércules y una elegante iglesia conventual del siglo XVII. 


Uno de los trabajos que realizan las monjas en  la comunidad es artesanía de figuras religiosas todas ellas hechas a mano en oración silenciosa. Otros trabajos son encuadernación de libros y rosarios. Son dignos de admirar y también de adquirir.  


Tanto Ávila como Segovia ofrecen mucho más que monumentos. Son lugares donde la historia, la fe, el arte y la vida cotidiana se encuentran de una manera muy especial. Cada piedra, cada claustro y cada capilla guardan recuerdos de hombres y mujeres que dedicaron su vida a buscar la Verdad y compartirla con los demás.

Por eso, si alguna vez tenéis la oportunidad de acercaros a estas ciudades, no dejéis pasar la ocasión. Pasead tranquilamente por el Monasterio de Santo Tomás, acercaos a la Cueva de Santo Domingo y visitad Santo Domingo el Real. Seguro que volveréis a casa con bonitas fotografías y  algún recuerdo de artesanía, pero también con algo mucho más valioso: la experiencia de haber descubierto lugares llenos de historia, serenidad y amistad.


miércoles, 1 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (1)


 


Córdoba

Bienvenidos a este recorrido que nos llevará a descubrir algunos de los lugares más significativos de la presencia dominicana en Córdoba y su provincia.


Y comenzamos, como no podía ser de otra manera, en nuestra propia casa: Santo Domingo de Scala Coeli, en plena sierra de Córdoba. Este convento, fundado por San Álvaro de Córdoba en 1423 como primera casa de la reforma dominicana en España, nació con el deseo de recuperar el estilo de vida de los primeros frailes predicadores: una existencia sencilla, marcada por el silencio, el estudio, la contemplación y una intensa actividad evangelizadora entre la población. San Álvaro reunió a un pequeño grupo de frailes que compartían ese mismo ideal, levantándose este convento sobre la antigua Torre de Berlanga.

Scala Coeli posee además una característica única. Tras su peregrinación a Jerusalén, San Álvaro quiso reproducir en la sierra cordobesa los principales lugares santos que había conocido. Mandó construir varias ermitas y organizó un recorrido penitencial que dio origen al primer Vía Crucis celebrado fuera de Jerusalén, antecedente directo del que siglos después sería adoptado por toda la Iglesia. Aún hoy pueden contemplarse las antiguas cruces de granito que recuerdan aquel histórico itinerario de oración.


La iglesia del convento, reconstruida y embellecida en época barroca, constituye un auténtico homenaje a la espiritualidad dominicana. Su impresionante retablo mayor, las numerosas imágenes de santos de la Orden, las pinturas que cubren paredes y techos, los retratos de santos, beatos, papas y cardenales dominicos, así como la presencia constante de ángeles y escenas de la vida de Santo Domingo y de San Álvaro, convierten el templo en un verdadero libro abierto sobre la historia dominicana. Especial devoción despiertan el Santísimo Cristo de San Álvaro, ligado a una entrañable tradición sobre la caridad del fundador, y la capilla donde descansan los restos de San Álvaro, uno de los mayores tesoros espirituales del santuario.



A lo largo de los siglos, por Scala Coeli pasaron figuras tan destacadas como fray Luis de Granada, el P. Lorenzo de Ferrari, considerado como verdadero restaurador material y espiritual de Scala Coeli en el siglo  XVIII, y el beato Francisco de Posadas, excelente predicador, confesor, guía de almas y recolector de las limosnas que se recibían para el sustento del convento, que fue destinado al Hospicio de Scala Coeli en Córdoba (pequeña hospedería construida por San Álvaro para descanso de los frailes cuando bajaban del convento a Córdoba o para pernoctar cuando el mal tiempo no les permitía subir a Scala Coeli).

Scala Coeli fue noviciado de los dominicos andaluces durante generaciones y centro de formación para numerosos frailes. Hoy continúa siendo una Casa de Espiritualidad donde se celebran retiros, jornadas de reflexión, talleres de oración y encuentros de la Familia Dominicana, manteniendo vivo el espíritu con el que fue fundado hace más de seiscientos años.

Nuestro recorrido continúa en el histórico Convento de San Pablo, primera fundación dominicana en Andalucía tras la conquista de Córdoba por Fernando III. Durante siglos fue uno de los grandes centros de estudio de la Orden y desde sus aulas y claustros partieron destacados misioneros que llevaron el Evangelio hasta América. El antiguo convento desapareció tras la desamortización, perteneciendo en la actualidad su iglesia y el resto de la edificación a los Misioneros Claretianos. La iglesia  sigue manteniendo huellas dominicanas como testimonio de aquella intensa actividad religiosa, cultural y evangelizadora.

Muy cerca se encuentra la Iglesia de San Agustín, confiada desde comienzos del siglo XX a los dominicos. Su extraordinario interior barroco y la presencia de Nuestra Señora de las Angustias Coronada la convierten en uno de los templos más queridos de Córdoba. Tras importantes restauraciones, hoy continúa acogiendo una intensa vida litúrgica y pastoral al servicio de la ciudad.


En este viaje por la Córdoba dominicana, conoceremos el Monasterio de Santa María de Gracia, heredero de una larga tradición contemplativa iniciada en el siglo XV, así como los orígenes vinculados al antiguo Monasterio del Corpus. Las monjas dominicas, en la actualidad en una edificación moderna, continúan allí una vida dedicada a la oración, sosteniendo silenciosamente la misión evangelizadora de la Iglesia.


Nuestro viaje concluye en Baena, con el Monasterio de Madre de Dios, una de las joyas del patrimonio dominicano cordobés. Fundado en el siglo XVI, conserva una magnífica iglesia con valiosas obras de arte y sigue siendo hogar de una comunidad contemplativa que mantiene viva, generación tras generación, la tradición dominicana de oración y servicio.

Este es solo el comienzo de un apasionante recorrido por la historia, el arte y la espiritualidad dominicana. Os invitamos a acompañarnos en las próximas etapas y, siempre que tengáis ocasión, a visitar personalmente estos lugares, contemplando los conventos e iglesias y conociendo a las comunidades que hoy los mantienen vivos, como la mejor manera de descubrir que su historia no pertenece solo al pasado, sino que sigue siendo una realidad llena de vida y esperanza.