Sevilla y Cádiz
-Dominicos Córdoba-
Sevilla y Cádiz
Cataluña
Nuestro viaje por los lugares dominicanos de
España nos lleva ahora a Cataluña,
una tierra profundamente unida a la historia de la Orden de Predicadores desde
sus primeros años. Aquí encontramos conventos centenarios, comunidades vivas y
la memoria de grandes dominicos que dejaron una huella imborrable en la Iglesia
y en la sociedad. Barcelona, Sant Cugat del Vallès y Vic serán nuestras
principales paradas en este recorrido, donde historia, arte, espiritualidad y
misión se unen para mostrarnos la riqueza del carisma de Santo Domingo de
Guzmán.
Comenzamos en Barcelona, donde nació uno de los conventos
dominicanos más importantes de la Península: el Convento de Santa Catalina. Fundado a
comienzos del siglo XIII, muy poco después de la creación de la Orden, este
convento fue durante siglos un gran centro de predicación, estudio y vida
religiosa. En él enseñaron destacados teólogos y vivieron figuras tan
importantes como San Raimundo
de Peñafort, uno de los grandes juristas de la Iglesia y
Maestro de la Orden.
El convento destacó también por su magnífica
iglesia gótica, su prestigiosa biblioteca y su influencia en la vida cultural y
política de Barcelona. Incluso el histórico Consell de Cent celebró durante años sus
reuniones entre sus muros. Lamentablemente, tras la desamortización de 1835 el
edificio fue incendiado y posteriormente derribado. Hoy el Mercado de Santa Caterina
ocupa el solar donde durante más de seiscientos años latió el corazón
dominicano de la ciudad.
Pero la historia no terminó allí. Los dominicos regresaron a Barcelona en 1889 y establecieron una nueva comunidad que continúa la misión iniciada hace más de ocho siglos. En la actual Iglesia de Nuestra Señora del Rosario siguen desarrollando una intensa labor de evangelización mediante la predicación, la formación cristiana, el estudio, el acompañamiento espiritual y el compromiso con la justicia y la paz. El convento alberga además el Instituto de Teología y Humanismo, heredero de aquella larga tradición intelectual que siempre caracterizó a la Orden.
La iglesia ha sido restaurada recientemente, creando un espacio más luminoso y acogedor. Destacan especialmente los murales contemporáneos que decoran el presbiterio, inspirados en la Eucaristía, el Rosario y la acción del Espíritu Santo. Estas obras muestran cómo la tradición dominicana sigue dialogando con el arte actual para transmitir el Evangelio de una manera cercana y llena de belleza.
Nuestro camino continúa hacia Sant Cugat del Vallès,
donde se encuentra el Monasterio
de Sant Domènec de Guzmán. Este monasterio nació en 2008
gracias a la unión de varias comunidades dominicas de Cataluña y Mallorca,
respondiendo al deseo de fortalecer la vida contemplativa y asegurar su
continuidad. El edificio, moderno y funcional, ofrece a las monjas un entorno
adecuado para desarrollar su vocación de oración, silencio y fraternidad.
La comunidad vive siguiendo el espíritu de Santo Domingo: la contemplación, la celebración litúrgica, el estudio de la Palabra de Dios y la oración constante por las necesidades del mundo. Aunque permanecen en clausura, las hermanas mantienen una profunda cercanía con la sociedad, acogiendo las intenciones de quienes piden sus oraciones y sosteniendo con su vida escondida la misión evangelizadora de toda la Familia Dominicana.
Nuestra última parada nos lleva hasta Vic, ciudad inseparable de
la figura de San Francisco
Coll, uno de los grandes santos dominicos del siglo XIX. Nacido
en Gombrèn en 1812, ingresó muy joven en la Orden de Predicadores. La
exclaustración obligó a cerrar su convento antes de ser ordenado sacerdote,
pero lejos de desanimarse dedicó toda su vida a recorrer Cataluña predicando el
Evangelio mediante misiones populares, catequesis y una predicación sencilla,
cercana y profundamente llena de esperanza.
Su amor por Cristo y por las personas más
sencillas le llevó a fundar en 1856 la Congregación
de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Comprendió que la
educación era uno de los mejores caminos para transformar la sociedad y quiso
ofrecer una formación cristiana especialmente a niños, jóvenes y niñas de
pequeños pueblos donde apenas existían escuelas. Aquella intuición dio un fruto
extraordinario. Hoy las Dominicas de la Anunciata están presentes en numerosos
países de Europa, América, África y Asia, desarrollando una intensa labor
educativa, pastoral y social.
La Casa Madre de la congregación, situada en Vic, constituye uno de los lugares dominicanos más significativos de Cataluña. Allí descansan los restos de San Francisco Coll, cuya tumba continúa siendo lugar de oración para muchas personas. El edificio reúne iglesia, comunidad religiosa, colegio, biblioteca y tres museos que permiten conocer la vida del fundador y la expansión internacional de la congregación.
Especialmente interesante resulta el museo
dedicado al Padre Coll, donde se conservan objetos personales, documentos,
libros y recuerdos de su intensa actividad misionera. Otro espacio explica la
historia de las Dominicas de la Anunciata y un tercero muestra la presencia de
la congregación en los distintos continentes mediante objetos traídos de
numerosos países. Todo ello ayuda a comprender cómo una pequeña fundación
nacida en Cataluña llegó a extenderse por buena parte del mundo.
Concluimos
aquí esta nueva etapa. Hemos recorrido iglesias, conventos, monasterios y casas
religiosas donde el espíritu de Santo Domingo continúa plenamente vivo. Si
alguna vez viajáis por Cataluña, acercaos a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en
Barcelona, visitad el Monasterio
de Sant Domènec de Guzmán en Sant Cugat del Vallès y dedicad un
tiempo a conocer la Casa
Madre de las Dominicas de la Anunciata en Vic. En todos ellos
encontraréis mucho más que un rico patrimonio histórico y artístico.
Descubriréis auténticos lugares dominicanos donde la oración, el estudio, la
fraternidad y la predicación siguen iluminando la vida de muchas personas. Será
una magnífica oportunidad para seguir profundizando en la riqueza de la Orden
de Predicadores y continuar este apasionante viaje por los lugares dominicanos
de España.
Seguimos recorriendo los lugares dominicanos de
España y nuestro camino nos lleva ahora al norte peninsular. Galicia, Asturias
y Cantabria nos reciben con paisajes de una belleza extraordinaria, monasterios
llenos de historia y comunidades que, desde hace siglos, mantienen vivo el
espíritu de Santo Domingo de Guzmán. En esta etapa descubriremos conventos de
frailes y de monjas, santuarios marianos profundamente queridos por el pueblo y
lugares donde la oración, la predicación y la acogida siguen formando parte de
la vida cotidiana. Son lugares dominicanos que hablan de fe, de cultura y de
servicio, y que merecen una visita pausada para conocer mejor la riqueza de la
Orden de Predicadores.
En este día en el que celebramos la festividad del
Apóstol, comenzamos nuestro viaje en Santiago
de Compostela, donde nos espera el Monasterio de Santa María de Belvís,
primer convento femenino dominicano fundado en Galicia. Situado en una
tranquila colina, alejado del bullicio del casco histórico, este monasterio
ofrece uno de los rincones más silenciosos y acogedores de la ciudad.
Las dominicas viven aquí desde hace más de setecientos años dedicadas a la contemplación, la oración y el trabajo. Elaboran bordados litúrgicos, preparan obleas para la celebración de la Eucaristía y son especialmente conocidas por sus deliciosos dulces artesanos, que muchos peregrinos no dejan de comprar antes de abandonar Santiago.
El monasterio posee una característica muy especial: cuenta con dos templos. Por un lado está la iglesia conventual, destinada principalmente a la oración de las religiosas, obra del gran arquitecto Fernando de Casas y Novoa. Junto a ella se encuentra el Santuario de la Virgen del Portal, donde se venera una preciosa imagen gótica del siglo XIII profundamente arraigada en la devoción popular compostelana. La tradición cuenta que la imagen regresaba milagrosamente a la portería cada vez que intentaban trasladarla, motivo por el cual se construyó allí su santuario. Todavía hoy numerosos fieles acuden para encomendarle sus necesidades y agradecer los favores recibidos.
Desde Santiago viajamos hasta La Coruña, donde se levanta el histórico Convento de Santo Domingo. La presencia dominicana en la ciudad se remonta al siglo XIII y, aunque el convento original fue destruido durante el ataque inglés de 1589, la comunidad supo levantarse nuevamente construyendo el templo barroco que hoy contemplamos. A lo largo de los siglos los frailes han desempeñado una intensa labor de predicación y formación, difundiendo especialmente la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.
La iglesia conserva un hermoso altar mayor y la venerada imagen de la Virgen del Rosario. Su característica torre, ligeramente inclinada respecto a la fachada, constituye uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la ciudad. Quien entra hoy en este templo descubre un lugar lleno de serenidad donde la oración continúa ocupando el centro de la vida de la comunidad.
Nuestra siguiente etapa nos lleva a Oviedo, donde encontramos el Convento de Santo Domingo, una de las fundaciones dominicanas más importantes del Principado de Asturias. Desde su establecimiento definitivo en 1518, los frailes realizaron una inmensa labor evangelizadora recorriendo pueblos y aldeas, difundiendo especialmente el rezo del Rosario. Gracias a aquella intensa predicación nacieron centenares de cofradías que todavía hoy forman parte de la religiosidad popular asturiana.
La historia del convento estuvo marcada por numerosas dificultades: la ocupación francesa, la desamortización, la revolución de 1934 y la Guerra Civil dañaron gravemente sus edificios. Sin embargo, la comunidad siempre supo comenzar de nuevo. Actualmente los dominicos continúan atendiendo la parroquia, desarrollando una importante labor educativa en el Colegio Santo Domingo y manteniendo vivo el espíritu de la Orden mediante la predicación y la formación cristiana.
Muy cerca de allí encontramos uno de los edificios monásticos más impresionantes del norte de España: la Casa de San Juan Bautista de Corias, en Cangas del Narcea. Este antiguo monasterio benedictino del siglo XI pasó a manos de los dominicos en el siglo XIX y se convirtió en un importante centro de formación de misioneros. Durante décadas, muchos jóvenes se prepararon aquí para llevar el Evangelio a distintos lugares del mundo.
Hasta Septiembre del pasado año, hubo una presencia de frailes. Actualmente gran parte del edificio funciona como Parador Nacional. Su arquitectura monumental y su entorno natural lo convierten en una visita inolvidable.
En el mismo Cangas del Narcea podemos visitar el Monasterio de monjas dominicas de Nuestra Señora de la Encarnación. Fue fundado en el siglo XVII. El edificio original, ubicado en la calle Mayor de la Villa, fue demolido en 1930, trasladándose la comunidad a un nuevo convento. En su iglesia se conserva un retablo fechado en la segunda mitad del siglo XVIII.
Nuestro viaje continúa hasta Cantabria, donde encontramos uno de los grandes santuarios marianos de la Orden: el Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas. La devoción a la Virgen se remonta a una antigua ermita medieval junto a un manantial de aguas termales que dio nombre al lugar. En 1605 los dominicos asumieron su cuidado y muy pronto el santuario se convirtió en uno de los grandes centros espirituales del norte de España.
Durante los siglos XVII y XVIII fue un auténtico foco de evangelización para toda Cantabria. Miles de peregrinos acudían para venerar a la Virgen, participar en las celebraciones y escuchar la predicación de los frailes. Aunque la invasión napoleónica y la desamortización provocaron graves pérdidas, el santuario recuperó posteriormente todo su esplendor.
La iglesia barroca sorprende por la riqueza de sus
retablos dedicados a santos dominicos como Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Siena, San Vicente Ferrer, San Luis Bertrán y San Martín de Porres. El
magnífico claustro y el camarín de la Virgen convierten la visita en una
experiencia inolvidable. Hoy continúa siendo lugar de peregrinación, retiros
espirituales y encuentros de formación cristiana.
Muy cerca se encuentra otro lugar profundamente
querido por los cántabros: el Santuario
de Nuestra Señora de Montesclaros. Situado en plena naturaleza,
este santuario está atendido por los dominicos de Las Caldas y constituye el
corazón espiritual de la Merindad de Campoo.
La tradición sitúa el hallazgo de la imagen de la Virgen en el siglo XII, aunque los estudios arqueológicos muestran que el lugar ya era un importante centro cristiano desde muchos siglos antes. Durante generaciones, miles de personas han acudido hasta aquí para agradecer favores, renovar su fe o simplemente encontrar un momento de paz junto a María.
Los dominicos cuidan este santuario desde finales
del siglo XVII y continúan acogiendo a peregrinos durante todo el año. Además
de las celebraciones religiosas, el santuario dispone de hospedería, organiza
retiros, encuentros culturales y actividades de formación, manteniendo vivo el
espíritu de acogida que siempre ha caracterizado a la Orden.
Concluimos
aquí esta hermosa etapa por Galicia,
Asturias y Cantabria. Hemos
descubierto conventos históricos, monasterios contemplativos y santuarios
marianos donde la familia dominicana continúa anunciando el Evangelio con la
misma pasión que inspiró a Santo Domingo hace más de ocho siglos. Si alguna vez
recorréis estas tierras del norte, no dejéis pasar la oportunidad de visitarlos.
En todos ellos encontraréis mucho más que monumentos históricos: descubriréis
auténticos lugares dominicanos donde la oración, la hospitalidad, la
predicación y la esperanza siguen estando plenamente vivas, invitándonos a
continuar este apasionante viaje por la huella dominicana en España.
Las hermanas organizan su jornada alrededor de la oración litúrgica, la Eucaristía, el estudio de la Palabra de Dios, la vida fraterna y el trabajo cotidiano. Desde el silencio de la clausura acompañan con su oración los sufrimientos y esperanzas del mundo: las guerras, la pobreza, la enfermedad, la soledad y tantas situaciones que necesitan esperanza. Ellas mismas recuerdan que la contemplación no significa vivir alejadas de la realidad, sino sostenerla con la oración y la compasión, siguiendo el ejemplo de Santo Domingo.
El convento posee además un notable interés artístico. Su portada plateresca conserva la imagen de Santo Domingo y en el interior destaca un magnífico claustro renacentista con columnas de piedra, capiteles mudéjares y elegantes galerías porticadas. Todo el conjunto invita al silencio y a la contemplación, convirtiéndose en uno de los rincones más bellos de Alcalá de Henares.
Nuestro viaje continúa hasta la ciudad imperial de Toledo, donde se encuentra el Monasterio de Santo Domingo el Real, uno de los monasterios dominicanos femeninos más antiguos y emblemáticos de España. Fundado en 1364 por doña Inés García de Meneses, ha permanecido durante más de seis siglos como un verdadero oasis de oración en pleno corazón de la ciudad.
La historia de este monasterio está profundamente unida a la monarquía castellana. Entre sus muros profesaron mujeres pertenecientes a la familia real, como doña María de Castilla y doña Teresa de Ayala, estrechamente vinculadas al rey Pedro I. Más tarde residió aquí durante treinta y cuatro años Santa Beatriz de Silva, quien desde este monasterio maduró la inspiración que daría origen a la Orden de la Inmaculada Concepción. También desde Santo Domingo el Real partieron religiosas para fundar nuevos conventos dominicos en distintas ciudades de España.
El monasterio conserva un patrimonio artístico excepcional. Sus claustros, levantados entre los siglos XV y XVII, constituyen algunos de los rincones más hermosos de Toledo. Destacan el Claustro del Moral, el Claustro del Rosal y el patio de San Martín de Porres, que forman un conjunto arquitectónico lleno de serenidad. La iglesia renacentista, construida en el siglo XVI, sorprende por su elegante nave, su magnífica cúpula y el gran retablo barroco que preside el altar mayor. A ello se unen artesonados mudéjares, pinturas, esculturas y valiosas obras de orfebrería que convierten la visita en una auténtica lección de historia del arte.
Las hermanas mantienen una tradición artesanal muy conocida en Toledo: el damasquinado, delicada técnica que incrusta hilos de oro y plata sobre acero pavonado. Gracias a este trabajo sostienen económicamente la comunidad y conservan uno de los oficios más característicos de la ciudad. Su labor demuestra cómo oración y trabajo continúan caminando unidos en la vida dominicana.
Concluimos aquí nuestra etapa por los lugares dominicanos de Madrid, y Toledo.. Hemos conocido un gran santuario mariano, una iglesia que une fe y arquitectura contemporánea, dos monasterios donde la oración continúa siendo el corazón de la vida dominicana y un convento desde el que partieron centenares de misioneros hacia Asia. Todos ellos siguen abiertos y llenos de vida, ofreciendo acogida, formación, celebración y espacios para el encuentro con Dios. Si viajáis por estos lugares, reservad un tiempo para conocer la huella dominicana en ellos. Descubriréis mucho más que un valioso patrimonio histórico y artístico: encontraréis comunidades que mantienen vivo el espíritu de Santo Domingo de Guzmán y que continúan anunciando el Evangelio con la misma ilusión de hace más de ocho siglos. Estamos seguros de que esta visita os ayudará a comprender mejor la riqueza de la Orden de Predicadores y os animará a seguir recorriendo con nosotros este apasionante viaje por los lugares dominicanos de España.
Tenerife y Teror (Gran Canaria)
Las Islas Canarias guardan una hermosa presencia
dominicana que combina historia, devoción, educación y servicio a las personas.
Dos lugares destacan especialmente por su importancia y por la huella que han
dejado en la vida de las islas: la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria,
en Tenerife, y el convento Scala Coeli de las Dominicas Misioneras de la
Sagrada Familia, en Teror, Gran Canaria.
Comenzamos nuestro recorrido en Candelaria, uno de
los lugares más queridos por todos los canarios. Allí se encuentra la Basílica
de Nuestra Señora de la Candelaria, donde se venera a la Patrona de Canarias.
Los dominicos están ligados a este santuario desde el año 1530, cuando
recibieron la custodia de la imagen de la Virgen y de la pequeña capilla que la
albergaba.
La historia de este lugar está llena de acontecimientos. Un gran incendio destruyó el antiguo convento y el santuario en 1789, aunque la imagen de la Virgen pudo salvarse. Los frailes comenzaron entonces una larga reconstrucción que culminó en el siglo XX con la basílica que hoy podemos contemplar. Durante siglos, además de cuidar el culto, los dominicos impulsaron la educación gratuita, ayudaron a los enfermos y promovieron numerosas actividades culturales para la población.
El convento, situado junto a la basílica, conserva
un bonito claustro y un interesante museo donde se guardan objetos relacionados
con la Virgen de la Candelaria y con la historia de la presencia dominicana en
las islas. Hoy los frailes continúan atendiendo el santuario y manteniendo
vivas las celebraciones que reúnen cada año a miles de peregrinos.
Además de su riqueza artística y religiosa, el conjunto ofrece un ambiente de serenidad junto al mar que invita al recogimiento y a la contemplación. No es extraño que siga siendo uno de los lugares más visitados y queridos de Canarias.
Nuestra segunda parada nos lleva a Teror, en Gran
Canaria. Allí se encuentra el convento Scala Coeli de las Dominicas Misioneras
de la Sagrada Familia.
Durante muchos años fue un importante centro educativo
y hoy continúa desarrollando una valiosa labor espiritual. Sus instalaciones se
utilizan para retiros, encuentros y actividades religiosas, ofreciendo un
espacio ideal para quienes buscan tranquilidad, reflexión y encuentro con Dios.
El convento destaca por sus amplios corredores, sus balconadas tradicionales y sus cuidados jardines interiores, teniendo un lugar privilegiado nuestra Señora del Pino. Desde la zona más elevada del recinto, en la montaña de la Atalaya, se pueden contemplar unas vistas espectaculares de Teror y de buena parte de la isla. Es un lugar donde la belleza del paisaje y la serenidad del entorno ayudan a desconectar del ritmo acelerado de la vida cotidiana.
Tanto Candelaria como Teror son lugares que reflejan perfectamente el espíritu dominicano: oración, acogida, formación y servicio a los demás. Son espacios llenos de historia, pero también de vida y de futuro.
Por
eso, si alguna vez viajáis a las Islas Canarias, os animamos a acercaros a
estos rincones tan especiales. Visitad la Basílica de la Candelaria, pasead por
el convento dominico y disfrutad de la tranquilidad de Scala Coeli en Teror.
Seguro que encontraréis belleza, serenidad y una acogida que os hará sentir
como en casa. Merece la pena descubrir estos lugares y dejarse sorprender por
todo lo que tienen que ofrecer.