lunes, 25 de septiembre de 2017

Desde Scala Coeli: Comentarios a las lecturas del Domingo 25 del Tiempo Ordinarios ciclo A




    


     Después de 27 siglos que han transcurrido desde que se escribió este pasaje que hemos escuchado  en la 1ª lect. del Libro del Profeta Isaías, aún sigue vigente en estos momentos actuales. Seguramente nos lo podemos aplicar hoy con mucha más razón que en aquel entonces, porque “nuestra lógica no es la de Dios; los planes del Señor no son nuestros planes;  nuestros caminos no son los caminos de Dios”.

     Y en base a eso, el profeta Isaías, nos da un perfil del verdadero Dios, que el Profeta nos apremia a buscar para intentar copiar y ser lo más parecido a Él, y que lo vemos reflejado en el dueño de la viña del evangelio de hoy. 

   Ese Dios, nos dice Isaías, es un Dios que espera que le busquemos, que se deja encontrar, que siempre se hace cercano, que se apiada de los que le conocen, que es generoso en el perdón.

     ¿Mi Dios en el que creo, es ese Dios? ¿Me parezco a como es Él? ¿Qué empeño pongo para buscarle e imitarle?

     En realidad, buscar al Señor, no es otra cosa que escuchar su llamada; y escuchar su llamada es responder a ella; y responder a su llamada es seguirle; y seguirle, como nos recuerda la parábola del evangelio de hoy, es acceder a trabajar en su viña.  Y su viña, es la iglesia, la parroquia, la familia, es cáritas, las ONGs, voluntariado, y todo el entramado social en el que vivimos.


     Esa es la mejor respuesta, y como nos acaba de decir San Pablo, llevar una vida digna según el Evangelio. Por eso en la 1ª Lect. se nos llama a la conversión una vez más. Y todos sabemos que convertirnos, consiste fundamentalmente en parecernos cada día más a nuestro Dios, que como nos acaba de decir el Salmo, es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, el Señor es bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas,  justo en todos sus caminos, bondadoso en todas sus acciones.

     Otra de las sugerencias del evangelio a tener en cuenta, es que no importa la hora de llegada a su viña ni la cantidad de trabajo, lo que importa es el amor que hayamos dado a su llamada. Nunca es tarde para servir a Dios.

     Y por último, hay algo en esta parábola que no debe pasar desapercibido y que quizá refleja en gran medida ciertas actitudes en la sociedad de hoy.

     La jornada laboral en tiempo de Jesús era de 12 horas: desde que empezaba a despuntar el día, hasta que aparecían las primeras estrellas. Como acabamos de ver, a lo largo de la jornada, el dueño de la viña, no cesa de llamar trabajadores con el deseo de favorecer a todos, incluso cuando faltaba tan sólo una hora para finalizar la jornada. Los jornaleros que murmuran contra el amo, no reclaman un salario mayor de acuerdo a las horas de trabajo, y aquí está lo curioso, sino que se quejan que los últimos sean beneficiados. O sea, se envidian del bien ajeno. ¿Estos últimos perjudicaron en algo a los otros? De ninguna manera. ¿Por qué entonces, tantas envidias, tanta falta de bondad y generosidad? (nos evoca la actitud del hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo).

                                                                                                                                                         P. Mariano del Prado, o.p.

domingo, 24 de septiembre de 2017

La mesa de la Palabra: Hacer sitio



Hacer sitio

Una de las obviedades que con frecuencia olvidamos es aquella que apunta a que cada uno de nosotros tenemos un sitio propio, acreditamos un espacio, no siempre reconocido ni respetado ni reivindicado. Por otra parte, cuando nos adentramos en nuestra vivencia creyente, llama la atención el que Jesús de Nazaret siempre hizo sitio a sus discípulos, quienes dispusieron en todo momento de tiempo para hablar, escuchar, preguntar. O dicho de otro modo, el Maestro no solo dejó que sus discípulos se ratificasen en su seguimiento, sino que hizo algo más. Mucho más. Se dio a sí mismo para que ese espacio propio de cada discípulo dispusiera de toda la densidad necesaria para creer, para conectar con el dial del rostro de Dios.

No es creíble nuestro compromiso creyente si a este hacer sitio, su sitio, a cada hermano, no implica oferta de servicio, de compañía, de saber estar al lado ocupados en la escucha y en la oferta, en el compromiso y en la generosidad. La Palabra predicada cuando es servicio evangélico tiene esta virtualidad: hace sitio y acompaña, abre espacios de luz en nuestro corazón y busca compromiso, perfila nuestra personal imagen como seguidor y crea maneras de crecimiento.

Los predicadores de la Familia Dominicana nos han dejado el legado de un servicio a la Palabra en el que destacó siempre el que Dios disponga de un espacio en la vida de cada uno de sus hijos, pues no en balde predicamos el evangelio de Jesús de Nazaret como mejor exponente del sitio vital donde, de verdad, respiramos, vivimos y esperamos.


Fr. Jesús Duque OP. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

"ESCONDIDO EN DIOS": A propósito de la festividad del Beato Padre Francisco de Posadas


“ESCONDIDO EN DIOS”
 
P. Posadas
 
El día 22 la Iglesia, junto a la Orden de Predicadores celebraba el día de nuestro querido P. Posadas, nombre que también lleva nuestra Fraternidad Laical.

Grande fue el legado que nos dejó, su vocación por encima de tantos obstáculos, su constancia, su “querer hablar de Dios a los hombres, y… a los hombres hablarles De Dios”.
 
Hoy, me gustaría compartir lo que ayer, en una oración supuso solo tres palabras de él “escondido en Dios”
 
A veces tengo mis altibajos, los miedos me superan, mi debilidad se hace fuerte, culpó a Dios de mis torpezas y… me invaden las dudas… “escondido en Dios” tres palabras que me zarandearon, que me hicieron visualizarme en mi niñez, cuando jugaba al “escondite”, cuando mi madre me iba a regañar y me escondía, cuando tenía miedo y buscaba un sitio oculto…. El esconderme, me daba seguridad, me quitaba los miedos me hacía sentir fuerte y protegida…
 
Ayer pensaba… -“ quiero estar al lado De Dios, caminar con El, sentir que me acompaña, pero…. Sería perfecto ESCONDERME EN ÉL, como ese escondite que buscaba de pequeña lleno de seguridad, donde no tenía miedo… 

Gracias Padre Bueno por permitir "ser mi escondite". 

Toñi Zamorano, o.p. 
-Fraternidad laical Santo Domingo de Scala Coeli
 y Padre Posadas - Córdoba.

sábado, 9 de septiembre de 2017

La mesa de la Palabra: El futuro llega




El futuro llega

Los analistas sociales agotan los calificativos para denominar los días que vivimos ahora en nuestro mundo: que si apresurados unos, que si por la inevitable globalización perfilamos una sociedad líquida que, por tal, mantiene su perfil apenas veinticuatro horas, que tiempos inciertos, que días increyentes, que momentos apresurados en los que no es fácil mantener el tipo con un mínimo de dignidad.

Como es evidente, y no cesa de recordárnoslo el proyecto del Reino de Dios, en todo tiempo nos necesitamos unos a otros porque el boceto del mañana no lo sabemos hacer a título individual. El diagnóstico creyente avala este aserto: sin la Palabra no acertamos a leer la pauta de nuestras vidas. Parece, no obstante, que a los gurús de nuestra cultura no les interesa análisis tan quieto porque rompe su discurso consistente, en pocas palabras, en que el futuro no llega nunca, que el momento presente se eterniza. Pero no, el futuro llega a su pesar.

En este horizonte, el que cree en el Dios Padre de Jesús de Nazaret, debe poner sus pies en el suelo, sus ojos en los iguales y su corazón en la Palabra viva. Y ¿para qué? Para grandes discursos, para diseñar bellas teorías, no por supuesto. Sino para saber sentarse sin prisa al lado del hermano, escucharlo con empatía, mirarlo con respeto y ofrecerse en todo lo que uno sepa y pueda hacer. Pero, sobre todo, en ofrecerse. Por el misterio de la vida que compartimos, por el mero hecho de ofrecernos unos a otros estamos consolidando nuestros cimientos en la esperanza. No lo olvidemos, vivimos por lo que esperamos. Y nuestra esperanza cuenta con el diseño del Evangelio.


Fr. Jesús Duque OP.