Galicia, Asturias y Cantabria.
Seguimos recorriendo los lugares dominicanos de
España y nuestro camino nos lleva ahora al norte peninsular. Galicia, Asturias
y Cantabria nos reciben con paisajes de una belleza extraordinaria, monasterios
llenos de historia y comunidades que, desde hace siglos, mantienen vivo el
espíritu de Santo Domingo de Guzmán. En esta etapa descubriremos conventos de
frailes y de monjas, santuarios marianos profundamente queridos por el pueblo y
lugares donde la oración, la predicación y la acogida siguen formando parte de
la vida cotidiana. Son lugares dominicanos que hablan de fe, de cultura y de
servicio, y que merecen una visita pausada para conocer mejor la riqueza de la
Orden de Predicadores.
En este día en el que celebramos la festividad del
Apóstol, comenzamos nuestro viaje en Santiago
de Compostela, donde nos espera el Monasterio de Santa María de Belvís,
primer convento femenino dominicano fundado en Galicia. Situado en una
tranquila colina, alejado del bullicio del casco histórico, este monasterio
ofrece uno de los rincones más silenciosos y acogedores de la ciudad.
Las dominicas viven aquí desde hace más de setecientos años dedicadas a la contemplación, la oración y el trabajo. Elaboran bordados litúrgicos, preparan obleas para la celebración de la Eucaristía y son especialmente conocidas por sus deliciosos dulces artesanos, que muchos peregrinos no dejan de comprar antes de abandonar Santiago.
El monasterio posee una característica muy especial: cuenta con dos templos. Por un lado está la iglesia conventual, destinada principalmente a la oración de las religiosas, obra del gran arquitecto Fernando de Casas y Novoa. Junto a ella se encuentra el Santuario de la Virgen del Portal, donde se venera una preciosa imagen gótica del siglo XIII profundamente arraigada en la devoción popular compostelana. La tradición cuenta que la imagen regresaba milagrosamente a la portería cada vez que intentaban trasladarla, motivo por el cual se construyó allí su santuario. Todavía hoy numerosos fieles acuden para encomendarle sus necesidades y agradecer los favores recibidos.
Desde Santiago viajamos hasta La Coruña, donde se levanta el histórico Convento de Santo Domingo. La presencia dominicana en la ciudad se remonta al siglo XIII y, aunque el convento original fue destruido durante el ataque inglés de 1589, la comunidad supo levantarse nuevamente construyendo el templo barroco que hoy contemplamos. A lo largo de los siglos los frailes han desempeñado una intensa labor de predicación y formación, difundiendo especialmente la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.
La iglesia conserva un hermoso altar mayor y la venerada imagen de la Virgen del Rosario. Su característica torre, ligeramente inclinada respecto a la fachada, constituye uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la ciudad. Quien entra hoy en este templo descubre un lugar lleno de serenidad donde la oración continúa ocupando el centro de la vida de la comunidad.
Nuestra siguiente etapa nos lleva a Oviedo, donde encontramos el Convento de Santo Domingo, una de las fundaciones dominicanas más importantes del Principado de Asturias. Desde su establecimiento definitivo en 1518, los frailes realizaron una inmensa labor evangelizadora recorriendo pueblos y aldeas, difundiendo especialmente el rezo del Rosario. Gracias a aquella intensa predicación nacieron centenares de cofradías que todavía hoy forman parte de la religiosidad popular asturiana.
La historia del convento estuvo marcada por numerosas dificultades: la ocupación francesa, la desamortización, la revolución de 1934 y la Guerra Civil dañaron gravemente sus edificios. Sin embargo, la comunidad siempre supo comenzar de nuevo. Actualmente los dominicos continúan atendiendo la parroquia, desarrollando una importante labor educativa en el Colegio Santo Domingo y manteniendo vivo el espíritu de la Orden mediante la predicación y la formación cristiana.
Muy cerca de allí encontramos uno de los edificios monásticos más impresionantes del norte de España: la Casa de San Juan Bautista de Corias, en Cangas del Narcea. Este antiguo monasterio benedictino del siglo XI pasó a manos de los dominicos en el siglo XIX y se convirtió en un importante centro de formación de misioneros. Durante décadas, muchos jóvenes se prepararon aquí para llevar el Evangelio a distintos lugares del mundo.
Hasta Septiembre del pasado año, hubo una presencia de frailes. Actualmente gran parte del edificio funciona como Parador Nacional. Su arquitectura monumental y su entorno natural lo convierten en una visita inolvidable.
En el mismo Cangas del Narcea podemos visitar el Monasterio de monjas dominicas de Nuestra Señora de la Encarnación. Fue fundado en el siglo XVII. El edificio original, ubicado en la calle Mayor de la Villa, fue demolido en 1930, trasladándose la comunidad a un nuevo convento. En su iglesia se conserva un retablo fechado en la segunda mitad del siglo XVIII.
Nuestro viaje continúa hasta Cantabria, donde encontramos uno de los grandes santuarios marianos de la Orden: el Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas. La devoción a la Virgen se remonta a una antigua ermita medieval junto a un manantial de aguas termales que dio nombre al lugar. En 1605 los dominicos asumieron su cuidado y muy pronto el santuario se convirtió en uno de los grandes centros espirituales del norte de España.
Durante los siglos XVII y XVIII fue un auténtico foco de evangelización para toda Cantabria. Miles de peregrinos acudían para venerar a la Virgen, participar en las celebraciones y escuchar la predicación de los frailes. Aunque la invasión napoleónica y la desamortización provocaron graves pérdidas, el santuario recuperó posteriormente todo su esplendor.
La iglesia barroca sorprende por la riqueza de sus
retablos dedicados a santos dominicos como Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás de Aquino, Santa Catalina de Siena, San Vicente Ferrer, San Luis Bertrán y San Martín de Porres. El
magnífico claustro y el camarín de la Virgen convierten la visita en una
experiencia inolvidable. Hoy continúa siendo lugar de peregrinación, retiros
espirituales y encuentros de formación cristiana.
Muy cerca se encuentra otro lugar profundamente
querido por los cántabros: el Santuario
de Nuestra Señora de Montesclaros. Situado en plena naturaleza,
este santuario está atendido por los dominicos de Las Caldas y constituye el
corazón espiritual de la Merindad de Campoo.
La tradición sitúa el hallazgo de la imagen de la Virgen en el siglo XII, aunque los estudios arqueológicos muestran que el lugar ya era un importante centro cristiano desde muchos siglos antes. Durante generaciones, miles de personas han acudido hasta aquí para agradecer favores, renovar su fe o simplemente encontrar un momento de paz junto a María.
Los dominicos cuidan este santuario desde finales
del siglo XVII y continúan acogiendo a peregrinos durante todo el año. Además
de las celebraciones religiosas, el santuario dispone de hospedería, organiza
retiros, encuentros culturales y actividades de formación, manteniendo vivo el
espíritu de acogida que siempre ha caracterizado a la Orden.
Concluimos
aquí esta hermosa etapa por Galicia,
Asturias y Cantabria. Hemos
descubierto conventos históricos, monasterios contemplativos y santuarios
marianos donde la familia dominicana continúa anunciando el Evangelio con la
misma pasión que inspiró a Santo Domingo hace más de ocho siglos. Si alguna vez
recorréis estas tierras del norte, no dejéis pasar la oportunidad de visitarlos.
En todos ellos encontraréis mucho más que monumentos históricos: descubriréis
auténticos lugares dominicanos donde la oración, la hospitalidad, la
predicación y la esperanza siguen estando plenamente vivas, invitándonos a
continuar este apasionante viaje por la huella dominicana en España.





















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