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viernes, 13 de diciembre de 2013

OIDO EN SCALA COELI: Notas de la Eucaristía del Domingo, 8 de Diciembre:


·        Este segundo domingo de Adviento tiene una luz especial. Es la luz de la esperanza en el poder de la gracia. Es  Adviento y nos estamos preparando para la llegada del Señor hoy porque lo necesitamos. Y en este camino la Virgen tiene una misión especial: la de alumbrar. Alumbrar es iluminar, pero también calentar, alentar lo que pueda significar esta preparación nuestra a la llegada del Señor.

·        Este domingo es también el día de la Inmaculada, pero no una fiesta que nos aparte de todo lo humano, sino todo lo contrario, una presencia y una fiesta que nos haga poseedores de lo que necesitamos y anhelamos.

·        En la segunda lectura escuchábamos: “Dios nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales”. La Gracia. Nos acompañan todos los bienes celestiales, también humanos, y por eso es por lo que podemos esperar con garantía que el Señor venga y realice todo eso que nos ha dado y nos ha prometido. Y María está aquí, colaborando como siempre en la obra de su Hijo.

·        ¿Cómo fue el adviento de la Virgen? Porque ella también tuvo su adviento, sus etapas hasta que llegase el Señor. El adviento de la Virgen duró, no cuatro semanas, sino nueve meses. Su adviento tuvo unas disposiciones que para nosotros nos vienen muy bien:

o   La oración. Nueve meses en oración, y no se cansaba, como no se cansaba de esperar al Hijo de sus entrañas. En oración estaba cuando llegó el Angel y le anunció el misterio.
o   También tuvo un adviento de lucha, de dificultades. “¿Cómo  será eso si no conozco varón?”. Y en la esperanza, en el adviento, María fue una mujer luchadora, por si nos sirve a nosotros.
o   Un adviento de confianza. “Hágase”. “No entiendo nada, pero hágase”. “¿Cómo será? No lo sé, pero hágase, como tú dices”. Un adviento de confianza, porque para Dios nada hay imposible. Y la vida, si para Dios nada es imposible, puede ser muy diferente a cuando desconfío, dudo y me cierro.
o   Un adviento servicial y alegre. Se puso en camino para ayudar a su prima, su pariente, y estar con ella, y le llevó la alegría, desbordó de alegría y cantó la alegría. El servicio alegra el corazón y la ayuda a los demás es lo que verdaderamente fomenta la esperanza.
o   Un adviento de gratitud. En donde dar gracias abre la puerta a la gracia. Cuanto más agradecidos, más cerca de nuevas gracias estamos.

·        Hemos cantado, expresado de mil maneras las maravillas de la Virgen, su grandeza; pero no son de la Virgen, son de Dios en ella. Y lo que hizo en ella, lo que quiere seguir haciendo según nuestra necesidad, en cada uno de nosotros, porque para Dios nada hay imposible. ¿No será esta esperanza un motor de vida nueva, de vida diferente, de vida excelente?

·        Recordemos que María espera, y de una manera ilusionada, en oración, en lucha, en confianza, en servicio, en gratitud y con mucha ilusión. Todo esto nos hace comprender la limpieza, integridad, proeza y perfección de la Virgen.  Porque el considerarla y el acoger el dogma de la Inmaculada no es para separarla de nosotros, sino para que nos acompañe mejor desde lo humano y concreto que vamos viviendo a la llegada de su Hijo, que tanto necesitamos hoy.

·        María Inmaculada, en Adviento, nos sitúa ante las obras de Dios. Es su obra, es el aviso de las obras que Dios quiere llevar a cabo en nosotros. Por eso lo esperamos y por eso lo buscamos, porque lo necesitamos.

·        ¿Hay  o no salida a nuestra vida y a nuestros problemas, y a la causa de todos nuestros problemas? Pues sí que la hay, y María viene a decírnoslo con su vida y su testimonio. Sobre todo, hay una cosa que nos acerca a ella, y en la que ella se siente animadora y madre. Es la que lucha contra el mal y contra todas las fuerzas malignas. Es la que lucha para el proyecto y el sueño de Dios. Este sueño de Dios de un nuevo cielo y una tierra nueva, donde pueda habitar la justicia, para nosotros hoy, lo quiere realizar y llevar a cabo a través de ella y a través nuestro. ¿En qué actitud? En la de la lucha.

·        Tenemos en el Santuario una imagen de la Inmaculada, que pone de manifiesto el poder de Dios en una integridad de vida tal que la hace hermosura, pero no para quedarse en lo estético, sino para llevarlo a lo que ahí representa: una mujer lo más débil y lo más hermoso, pero lo más fuerte y más firme, acabando con un dragón –el espíritu del mal-, que siempre está atentando contra sus hijos.

Hay una imagen de esperanza, que es la de un niño con una cruz, qué extraño, que es por lo que ella fue elegida y predestinada por la redención de su Hijo.

Esta imagen del siglo XVIII no puede olvidar de donde partimos y lo que de verdad necesitamos de ella: la fuerza, en la lucha, por medio de una vida íntegra. Inmaculada ella, pero nosotros íntegros, capaces de seguir luchando porque hay dentro de nosotros una unidad con Dios y una confianza en él, que nos va a hacer capaces de hacerle frente absolutamente a todo lo que venga.

·        En este día tan especial, nosotros queremos reconocernos en ella, como en un espejo, no para ver las manchas que tenemos, en contraste con su pureza, sino para ver las posibilidades de gracia que Dios nos da a través de ella. Esas posibilidades de gracia son las que nos tienen que llenar de esperanza y todas partes.

·        El Concilio Vaticano II la llamaba “la redimida de modo eminente”. También, como nosotros, fue redimida y por eso fue expulsada, limpia de pecado –desde antes de nacer, desde el momento de ser engendrada, pero no para ella, sino para la obra de Dios, y para nosotros que somos sus hijos.

·        Por eso nos tenemos que felicitar. Darle gracias a Dios y felicitar a María que en el fondo es tener confianza en su poder y disfrutar de lo que nos viene de camino, su Hijo, el Salvador, el que necesitamos en este momento.

viernes, 6 de diciembre de 2013

OÍDO EN SCALA COELI: Notas de la Eucaristía del Domingo, 1 de Diciembre:


·        Una lectura extraña (Mateo 24, 37-44) que seguramente nos ha dejado la inquietud de leerla más veces para saber qué nos quiere decir.

·        Es una manera de expresar lo imprevisto en nuestra vida. Algo que quizás nosotros tenemos muy presente cuando nos damos cuenta de cómo ha venido la crisis a nosotros.

·        Nuestro mundo primero –el mundo rico- se parecía mucho a aquello que se definía como “la ciudad alegre y confiada”. Teníamos crédito, había recursos, estábamos bien, no nos amenazaba ninguna guerra ni ninguna destrucción y, por lo tanto, estábamos realmente metidos en nuestras cosas, en el día a día, que no quiere decir que fuera malo, evidentemente, pero no había otros planteamientos.

·        De pronto, sin saber cómo, se hunden los mercados, empieza la crisis laboral y ya no podemos decir que sólo a los otros –los de fuera- les está pasando algo. Como nos ha dicho el Evangelio, son los más próximos. ¿Quién no tiene en su familia un caso de parado, un caso de persona que ha visto reducidas sus posibilidades, algún joven que ha tenido que salir a buscar trabajo al extranjero?

·        Y en esos momentos, donde lo imprevisto llega, donde ya no vale seguir pensando lo mismo, ni haciendo lo mismo, es cuando el Señor nos llama a la vigilancia.

·        La vigilancia no quiere decir  estar en tensión,  estar angustiado, sino estar lúcidos. La vigilancia, según el Evangelio, es una doble actitud. Por un lado, es una actitud inteligente, porque es darse cuenta de lo que está pasando, de sus causas, de sus efectos y de buscar alternativas; y, por otro lado, es una actitud práctica; ya que no se trata de lamentarse, se trata de saber –aquí y ahora- qué es lo que tenemos que hacer.

·        La vigilancia nos es incómoda. ¡Es tan fácil y tan cómodo mirar para otro lado, mientras no te toque! ¡Es tan fácil echar la culpa a los otros! Y, sin embargo, la vigilancia que pide el Señor es, empezando con uno mismo, colaborar con los demás a solucionar los problemas de todos.

·        Quizás, lo que tenemos que hacer es empezar a pensar de otra manera. Las personas sentimos y hacemos según lo que pensamos: si creemos que todo está perdido, nos dejamos dominar por la angustia, por la decepción, por el miedo, y es fácil tirar la toalla. Si encontramos que la crisis es una oportunidad para plantearnos las cosas en mejor y en más profundo, entonces nuestra manera de actuar y de sentirnos en ese momento será absolutamente diferente.

·        ¿Hay algún elemento, algún factor, que nos permita pensar de otra manera para sentir de otra manera para trabajar de otra manera? SI. Ese factor, ese elemento, ese ingrediente que nos puede cambiar la vida es precisamente el protagonismo que le demos a Jesús y a su Evangelio en nuestra existencia. Él nos permite ver distinto, sentir distinto, actuar distinto; no porque miramos en el cielo, más allá de la vida o nos consolamos en una falsa resignación, sino que la tomamos como ejemplo, nos “arremangamos” como Él, y entonces hacemos nuestra vida como la suya, un “ir pasando haciendo el bien”.

·        Por eso es tan importante el Adviento, para darnos cuenta de ese protagonista, de ese elemento, de ese factor tan importante en nuestra vida, tan práctico en nuestra vida, tan inteligente. La Fe no es ni falso consuelo, ni opio, ni entretenimiento, ni tranquilizante de conciencia, ni una cosa que está bien, ni una costumbre agradable y tradicional…. Tiene que ser  ese factor y ese elemento que nos permita vivir mejor, más profundamente y más útilmente; y si no, no es Fe.

·        Darnos cuenta de ese protagonismo de Jesús en su tres venidas:

o   Una, cuando nació en Belén. A través de su vida, de sus 33 años de vida hasta la muerte en cruz, nos va diciendo cómo ser persona libre, responsable, solidaria. ¿Cuál es el modelo nuestro de humanidad, cómo tendríamos que ser todos los hombres y todas las mujeres? Cómo es posible serlo, porque es muy fácil en la teoría de un filósofo, pero es que  Él vivió lo que predicó, y en un entorno difícil. En las circunstancias más reales y más duras, Jesús demostró que se puede ser una persona digna, solidaria, en pie. Y ese tiene que ser nuestro referente siempre, frente a todos nuestros pesimismos. Si estamos dispuestos a invertir lo que Él invirtió –su propia vida- y a recorrer sus propios caminos como Él los recorrió –su método-, tendremos, por una parte, sus mismos oponentes y sus mismas dificultades, pero, también, sus mismos resultados en mí y en los demás.
o   La segunda venida del Señor es del final de los tiempos. Nosotros, porque tenemos a Cristo y su Palabra, sabemos que la historia no es un simplemente repetirse en un eterno retorno, sino que la historia va hacia adelante y hacia arriba, si nosotros nos incorporamos a ese proceso.
Frente a tanta mentira y ocultación en nosotros, en los demás y en la historia, cuando se quieren cambiar las cosas porque se les llama de distinta manera, pero siguen siendo tan injustas; cuando nos mentimos tanto y nos engañamos tanto a nosotros mismos, el poner en claro a las cosas es muy sano. Eso es lo que se llama el Juicio Final.  Pero poner las cosas en claro también significará valorar todo lo bueno de todas las personas, por poco que sea esto, con tal de que sea auténtico.
o    Y, entre una venida y otra venida, está –podríamos llamar una tercera venida, que es la de todos los días. Cristo resucitado está presente en nosotros y está llamando a la puerta de nuestra atención y de nuestra intención, a la puerta de nuestro ser más íntimo, a la puerta de nuestra conciencia y de nuestra alma, diciéndome “ ¿Qué puesto  me das en tu vida? ¿Quién soy yo para tí?.

·        ¿Qué queremos que haga el Señor por nosotros? De verdad. En un primer momento, quizás la solución de nuestros problemas más inmediatos. Pero conforme vamos profundizando, sentimos que Él nos va concediendo algo más permanente, más íntimo, más revolucionario, más transformador: a Él mismo


·        Por desgracia, la preparación de las próximas fiestas, las celebraciones, las compras, etc. hacen que pasemos el tiempo de Adviento muy despistados. Tenemos que reivindicar como un derecho de toda persona y de nosotros, los cristianos, tener tiempo, espacio, para poder darnos cuenta de la Venida del Señor.  Que nos nos roben la Navidad, pero sobre todo, que no nos robemos la Navidad a nosotros mismos. Que seamos capaces de darle importancia a lo que es realmente importante porque es necesario y urgente: cómo recibimos, cobijamos y seguimos a Jesús de Nazaret y su Evangelio. Solamente así vendrá la Navidad.

sábado, 30 de noviembre de 2013

OÍDO EN SCALA COELI: Notas de la Eucaristía del Domingo, 24 de Noviembre:



·        Con la fiesta de Cristo Rey se da por finalizado el Año de la Fe, que la Iglesia ha venido celebrando con especial intensidad. Un ejemplo de ello ha sido el Via Crucis Magno, celebrado en Córdoba.

·        San Pablo, en la segunda lectura, en lo que se refiere a nuestra fe, nos viene a decir y recordar que en el ser humano se da un estado de confusión, de desvarío, de oscuridad. A menudo, orgulloso de sus conquistas, el ser humano se siente artífice de su propio futuro. Pero cuando pretende camuflar sus propios errores, entonces se sume en una desconcertante mediocridad y se muestra intolerante y hasta violento.

·        Necesitamos, de alguna manera, la mano de alguien mayor que nosotros, que nos traspase al reino de la verdad, del amor y del perdón. Y, precisamente, este reino es el Reino de la Luz, el Reino de Jesús.

·        Si equiparáramos la categoría de la victoria cristiana con la dominio y supremacía que detenta cualquier gobierno internacional, estaríamos distorsionando el mensaje y la misma vida de Jesús. La victoria, el reinado o el imperio de Jesús está en el extremo opuesto de cualquier estructura de sometimiento o de poder. Cristo no oprime, no somete, tan solo libera y ama.

·        La grandeza de Jesús consiste en que se ha rebajado a hacerse miembro de nuestra familia, nos ha regalado la dignidad de ser hijos de Dios, nos ha elevado a la categoría de hermanos.  El ejercicio de su realeza ha consistido en despojarse de todo tributo que distingue o identifica a los poderes de la tierra y ofrecernos la grandeza de su encarnación, de su amor crucificado y de su presencia escondida en la Eucaristía.

·        El Evangelio nos dibuja la imagen de nuestro rey, con cetro y corona, que se transforma en un hombre despojado de sus vestiduras, coronado de espinas y clavado en la cruz. El letrero de su cruz: “este es el rey de los judíos”,  para los romanos era una burla, para los responsables de los judíos era un insulto, para el creyente es el título que define a Cristo.

·        La gente se ríe de él, los soldados se mofan de él, y un criminal crucificado con él le insulta. Tan solo, el segundo criminal también crucificado con él invierte las burlas de los demás en una oración exquisita y extraordinaria, convirtiéndose esa oración en la única imploración en el Nuevo Testamento que se dirige a Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. En aquellos momentos dramáticos se produce el milagro de la fe, que hace oir la voz de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.


·        Estaría bien que sintiéramos en nuestro interior también esa voz de Jesús, que nos diéramos cuenta de sus hechos y de su vida, porque con ellos Jesús nos quiere llevar a prescindir de esos ciertos aires de grandeza y autosuficiencia que nos alejan de la sencillez evangélica; y, además, hoy Jesús espera también de cada uno de nosotros  que nos examinemos de cómo vivimos nuestra fe.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

OÍDO EN SCALA COELI : Notas de la Eucaristía del Domingo, 17 de Noviembre de 2013.



·        ¿Qué van dejando en mí todas las pruebas actuales de crisis, de problemas, de dificultades?,  ¿el  desconcierto, el desencanto, la increencia o, quizás, la solidaridad? ¿nos llevan a la desesperanza o nos llevan al compromiso?

·        Cuando el final está cerca, ¿nos vamos a cruzar de brazos, a descomprometernos? ; o, por el contrario, ¿vamos a facilitar que, si de verdad llega el final, que sea favorable y feliz para todos?

·        El resultado de todos los finales es más Dios. ¿Dónde está situado Dios cuando llegan los finales de tantas cosas?¿nos llevan los problemas a una mayor solidaridad o vivimos de espaldas a todo lo que puede perturbar nuestra tranquilidad?¿Y si esta crisis “maldita” –porque nadie la quiere- nos llevase a vivir más cerca de Dios y más cerca de los que peor lo están pasando?¿sería un final o un comienzo?¿no necesitaríamos comenzar después de cada problema y situación crítica más cerca de Dios y más cerca de los demás?

·        Los tiempos difíciles, y los actuales lo son, no tienen por qué ser tiempos de lamentos, ni de desaliento –aunque lo incluyan-, ni tiempos de resignación, ni de huida. Son tiempos para hacernos más fuertes, y de esta manera dar más y mejor testimonio de fe en Jesucristo.

·        El profeta Malaquías habla de un sol de justicia que llevará la salud en las alas. Para nosotros ese sol de justicia es Jesucristo y la fe en Él.

·        Con Dios podemos hacer que la salida de la situación difícil sea antes, mejor y sin miedo. Hoy podemos buscar en Jesús la fuerza que necesitamos para vivir responsable y lúcidamente esto que nos toca.

·        Que nadie nos engañe –dice Jesús en el Evangelio-, la fe en tiempos difíciles nos tiene que llevar a ser más realistas y con los pies en la tierra. No huir, ni dar la espalda, ni  resignarse, ni aguantarse, sino afianzarse y afirmarse. Esta situación nos permite centrarnos en lo esencial, porque es la hora de dar testimonio, es el momento de poder permitir que la vida hable, porque … ¡hay tantos signos de muerte hoy a nuestro alrededor!

·        Es el momento de aprender a vivir, no con garantías, sino con esperanza firme, de una manera positiva, confiada y evangélica.

·        “Yo os daré sabiduría para hacer frente al  adversario”. Este mensaje nos prepara para poder vivir todo tipo de dificultades, incluida la prueba de la fe.  Los cristianos estamos confiados que de las manos de Dios no nos vamos a soltar, porque Él nos ha creado para vivir con nosotros y nosotros con Él.