sábado, 8 de agosto de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (y 12)

 




Lerma y Caleruega: 

el hermoso final de nuestro viaje por la España dominicana.


Llegamos al final de este recorrido que comenzamos en Santo Domingo de Scala Coeli, en Córdoba, siguiendo algunas de las huellas dominicanas más significativas que podemos encontrar a lo largo de España. Ha sido un viaje por monasterios, conventos, iglesias y lugares llenos de historia, arte y espiritualidad. Y para concluirlo, nos detenemos en dos lugares muy especiales de la provincia de Burgos: Lerma y Caleruega, dos nombres inseparables de la historia de la Orden de Predicadores.




Nuestra primera parada es Lerma, una de las villas históricas más bellas de Castilla y León. Pasear por sus calles es retroceder varios siglos en el tiempo. Allí encontramos el Convento de San Blas, fundado a comienzos del siglo XVII por el Duque de Lerma. Este monasterio de monjas dominicas contemplativas sigue siendo hoy un lugar lleno de vida, oración y acogida.




La iglesia del convento sorprende por su belleza y armonía. Su gran retablo mayor, dedicado a San Blas, preside un espacio luminoso y elegante donde también destacan imágenes tan valiosas como el Cristo Crucificado de la escuela de Gregorio Fernández o la Virgen del Rosario. Pero el verdadero tesoro del convento son las monjas que continúan habitándolo, manteniendo viva una tradición de oración, servicio y predicación que se prolonga desde hace más de cuatro siglos.




Muchas personas conocen hoy a esta comunidad gracias al popular “Reto del Amor”, una iniciativa que comparte reflexiones sencillas y cercanas a modo de propuesta de oración que llega cada día a miles de personas a través de las nuevas tecnologías, y que "intenta mostrar que Cristo está vivo, que nos ama a cada uno de nosotros, que no estamos solos y que Él quiere que seamos felices. En definitiva, ser un punto de luz en la búsqueda de Jesucristo y con ello la felicidad del hombre".

Además, las hermanas elaboran delicados trabajos artesanales clásicos y modernos en cerámica, porcelana y serigrafía, mostrando cómo la vida contemplativa sigue siendo creativa, actual y profundamente humana. 



Desde Lerma nos dirigimos a Caleruega, una pequeña localidad burgalesa que ocupa un lugar privilegiado en la historia de la Iglesia. Aquí nació hacia el año 1170 Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. Por ello, Caleruega es considerada la cuna de la familia dominicana y uno de los lugares más queridos por dominicos y dominicas de todo el mundo.



El Convento de Santo Domingo de los frailes es hoy una importante Casa de Espiritualidad donde se celebran encuentros, retiros, cursos y ejercicios espirituales. 



El visitante puede descubrir lugares llenos de significado como el Torreón de los Guzmán, el Museo de Santo Domingo, la Bodega de la Beata Juana de Aza —madre del santo—, la Capilla Coral, el Museo con obras de Fr. Alfonso Salas, OP, los jardines y una valiosa Biblioteca Dominicana especializada en la historia de la Orden.



Junto a él se encuentra el Monasterio de Santo Domingo de las monjas contemplativas. Fundado en 1270 por Alfonso X el Sabio sobre la antigua casa de los Guzmán, lleva casi ochocientos años siendo un lugar de oración y silencio.




Las monjas continúan desarrollando una vida sencilla basada en la oración, el estudio, el trabajo y la fraternidad. Sus tradicionales pastas artesanales son también una forma de compartir con los visitantes la hospitalidad que caracteriza al monasterio.




Lerma y Caleruega resumen perfectamente lo que hemos descubierto a lo largo de este recorrido por la España dominicana: comunidades vivas, edificios llenos de historia, obras de arte extraordinarias y, sobre todo, personas que han dedicado y siguen dedicando su vida a la búsqueda de la Verdad, la predicación del Evangelio y el servicio a los demás.


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Y con esta visita damos por concluido el recorrido que comenzamos en Scala Coeli, en Córdoba. Hemos visitado ciudades, pueblos, monasterios y conventos descubriendo algunas de las huellas que la familia dominicana ha dejado en España durante más de ochocientos años. Cada lugar nos ha mostrado una faceta distinta de esta rica tradición: la contemplación, el estudio, la predicación, la educación, la cultura y el compromiso con las personas.

Por eso, os volvemos a animar a que algún día hagáis también este viaje. Desde la sierra de Córdoba hasta las tierras castellanas de Burgos, pasando por tantos rincones llenos de historia y espiritualidad, encontraréis monumentos impresionantes, paisajes hermosos y comunidades acogedoras que mantienen vivo un legado extraordinario. Merece la pena detenerse, escuchar las historias que guardan sus muros y dejarse sorprender por la riqueza humana y espiritual de estos lugares. Y quién sabe, quizás al terminar el recorrido, como nos ha sucedido a nosotros, sintáis que habéis descubierto mucho más que monumentos: una auténtica historia de Fe y Cultura que sigue manteniendo viva la Esperanza en nuestros días.



¡¡¡¡¡¡ FELIZ DÍA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN !!!!






miércoles, 5 de agosto de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (11)

 


MURCIA Y VALENCIA

 

Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos lleva ahora hasta las tierras bañadas por el Mediterráneo. Murcia y Valencia nos esperan con una historia apasionante, llena de conventos, iglesias, monasterios y figuras que han marcado profundamente la vida de la Orden de Predicadores. En estas ciudades descubriremos cómo los dominicos no solo dejaron un extraordinario patrimonio artístico, sino también una intensa labor de predicación, estudio, educación y servicio que continúa viva en nuestros días. Son lugares donde todavía es posible sentir el espíritu de Santo Domingo de Guzmán y comprender por qué su carisma sigue siendo actual después de más de ocho siglos.

Comenzamos nuestro recorrido en Murcia, donde los dominicos se establecieron ya en el siglo XIII. El antiguo Convento de Santo Domingo fue uno de los primeros Estudios Generales de la Orden en la Península, creado para favorecer el diálogo con el mundo árabe y formar a los frailes en el estudio de las lenguas y de la teología. Aquella comunidad desempeñó un papel fundamental en la vida religiosa y cultural de la ciudad durante siglos. Aunque la desamortización hizo desaparecer gran parte del convento, todavía permanecen en pie la Iglesia de Santo Domingo y la hermosa Capilla del Rosario, auténticos testigos de aquel importante pasado dominicano,  pero desde la segunda mitad del siglo XIX pasaron a pertenecer a la Compañía de Jesús, en virtud de la cesión perpetua que les realizó en 1886 la Cofradía del Rosario.


 

La iglesia, levantada en pleno barroco murciano, impresiona por sus amplias dimensiones y por sus dos magníficas fachadas. Una de ellas mira hacia el Teatro Romea y está presidida por una escultura de Santo Domingo de Guzmán junto a San Francisco de Asís, símbolo de la fraternidad entre ambas órdenes. La otra fachada, orientada hacia la plaza de Santo Domingo, recuerda las predicaciones realizadas allí por San Vicente Ferrer, uno de los grandes santos dominicos.





Muy cerca encontramos otro lugar imprescindible: el Convento de Santa Ana, conocido cariñosamente por los murcianos como el convento de "las Anas". Desde finales del siglo XV las monjas dominicas contemplativas viven aquí entregadas a la oración y a la vida fraterna. El edificio actual, construido en el siglo XVIII, es una de las grandes joyas del barroco murciano.




Su iglesia sorprende por la delicada decoración azul que recorre bóvedas, arcos y pilastras, creando un ambiente de gran elegancia y serenidad. El magnífico retablo mayor, diseñado por José Ganga Ripoll y enriquecido con esculturas de Francisco Salzillo, constituye una de las obras maestras del barroco religioso español. Junto a él destacan otros retablos históricos dedicados a la Virgen del Rosario y a diversos santos dominicos.




Sin embargo, el verdadero tesoro del convento continúa siendo la comunidad de monjas, que mantiene viva la tradición contemplativa iniciada hace más de quinientos años y sostiene con su oración la misión evangelizadora de toda la Iglesia.


Dejamos Murcia para llegar a Valencia, una ciudad profundamente vinculada a la historia dominicana gracias a la figura de San Vicente Ferrer, uno de los predicadores más admirados de todos los tiempos.

Nuestra primera visita es el histórico Antiguo Real Convento de Santo Domingo, fundado por iniciativa del rey Jaime I poco después de la conquista de la ciudad. Durante más de cinco siglos fue uno de los monasterios más importantes de Valencia y un auténtico centro espiritual, cultural y político. Entre sus muros vivieron San Vicente Ferrer y San Luis Bertrán, se reunieron las Cortes Valencianas y pasaron reyes, nobles y grandes personajes de la historia.




Aunque hoy el edificio alberga la Capitanía General, conserva espacios de enorme belleza como el Claustro Mayor, la impresionante Capilla de los Reyes, la Sala Capitular y la Capilla de San Vicente Ferrer. Pasear por estos lugares permite imaginar la intensa vida dominicana que durante siglos llenó de estudio, oración y predicación cada uno de sus rincones.




Muy cerca encontramos la magnífica Basílica de San Vicente Ferrer, construida por los dominicos a comienzos del siglo XX cuando regresaron definitivamente a Valencia tras la desamortización. Este gran templo neogótico destaca por sus elevadas torres, sus cinco naves y las espléndidas vidrieras que narran la vida de San Vicente Ferrer y los Misterios del Rosario.




El interior está lleno de símbolos dominicanos. Destaca el gran retablo dedicado a la Virgen del Rosario, presidido por la imagen de Santo Domingo de Guzmán, así como las esculturas de los cuatro papas dominicos que sostienen visualmente el cimborrio. Tras el altar mayor se venera una reliquia de San Vicente Ferrer, mientras que la actividad pastoral continúa siendo muy intensa mediante la celebración diaria de la Eucaristía, la predicación, la formación cristiana y la acogida de numerosos fieles y visitantes.


Nuestro recorrido por Valencia no estaría completo sin acercarnos a la Casa Natalicia de San Vicente Ferrer, conocida popularmente como el Pouet de Sant Vicent. Aunque el edificio actual es una reconstrucción moderna, conserva la memoria del lugar donde nació en 1350 uno de los grandes predicadores de la Iglesia.




Desde hace más de un siglo los dominicos atienden este santuario, manteniendo viva la devoción al santo valenciano. La capilla recuerda distintos momentos de su vida y de su predicación, mientras que el famoso pozo, protagonista de antiguas tradiciones y milagros populares, continúa siendo uno de los lugares más queridos por los valencianos. Además de acoger a los numerosos peregrinos, la comunidad dominicana desarrolla aquí una importante labor de formación, oración y acompañamiento espiritual.


Nuestra última parada nos lleva hasta el Real Convento de Santa Catalina de Siena, hoy situado en Paterna. Las monjas dominicas mantienen aquí una vida totalmente entregada a la contemplación. Desde finales del siglo XV su historia ha estado marcada por la fidelidad al carisma de Santo Domingo. Tras varios cambios de sede a lo largo de los siglos, la comunidad continúa ofreciendo un precioso testimonio de silencio, fraternidad y oración.



Las hermanas recuerdan que la predicación dominicana no se realiza únicamente con la palabra. También desde la clausura anuncian el Evangelio ofreciendo su vida por la Iglesia y por el mundo entero. Su monasterio es un lugar donde muchas personas encuentran paz, recogimiento y la certeza de que siempre hay alguien rezando por las necesidades de la humanidad.


Concluimos así nuestra etapa por Murcia y Valencia. Hemos recorrido antiguos conventos medievales, iglesias barrocas y neogóticas, monasterios contemplativos y lugares profundamente unidos a San Vicente Ferrer, uno de los hijos más ilustres de la Orden de Predicadores.

Si alguna vez viajáis por estas tierras mediterráneas, reservad tiempo para visitar los lugares dominicanos. Descubriréis mucho más que un extraordinario patrimonio artístico. Encontraréis comunidades que siguen anunciando el Evangelio con el mismo entusiasmo que inspiró a Santo Domingo hace más de ochocientos años y comprenderéis que la historia dominicana continúa escribiéndose cada día en estos lugares llenos de fe, belleza y esperanza.


sábado, 1 de agosto de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (10)

 




Sevilla y Cádiz


Andalucía occidental guarda algunos de los lugares dominicos más interesantes y llenos de historia de toda España. Son espacios donde durante siglos frailes y monjas han vivido la fe, la enseñanza, la oración y el servicio a las personas. Recorrerlos es descubrir una parte muy importante de la historia de Sevilla, Cádiz, Jerez y Écija, además de acercarse a un patrimonio artístico realmente extraordinario.




Nuestro viaje comienza en Sevilla, en el Convento de Santo Tomás de Aquino. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando fray Diego de Deza fundó el Colegio de Santo Tomás, que más tarde llegaría a convertirse en universidad. Por sus aulas pasaron personajes ilustres que dejaron huella tanto en España como en América.




Hoy el convento mantiene viva esa tradición como casa de formación de los dominicos y sede del noviciado de la Provincia de Hispania. Además, desde aquí se impulsa una intensa labor pastoral, educativa y social.


Muy cerca encontramos la Iglesia de San Jacinto, en pleno corazón de Triana. Este templo es uno de los más queridos por los sevillanos y forma parte de la historia del barrio desde hace siglos.





Su arquitectura barroca, sus imágenes, sus retablos y el ambiente de devoción que se respira en su interior la convierten en una visita imprescindible. A pesar de inundaciones, invasiones y momentos difíciles, la iglesia ha seguido siendo un punto de encuentro para generaciones de vecinos y fieles.





La presencia de las monjas dominicas también ha sido muy importante en Sevilla. El Monasterio de Santa María la Real, fundado a comienzos del siglo XV, es el primer convento de dominicas contemplativas de la ciudad. Su historia está llena de dificultades superadas con fe y perseverancia. Tras diversos traslados y reconstrucciones, la comunidad vive actualmente en Bormujos, donde continúa desarrollando una intensa vida de oración y cercanía a las personas, además de la elaboración de una extensa variedad de dulces.





Otro lugar lleno de encanto es el Convento Madre de Dios de la Piedad. Fundado en 1472, ha sido hogar de numerosas mujeres que han seguido el camino de Santo Domingo desde la contemplación. Sus muros guardan siglos de historia y un importante patrimonio artístico.




Destaca su Retablo Mayor, primitivamente renacentista, hoy es una magnífica obra barroca de Francisco Barahona (siglo XVII). Está decorado con cuatro columnas salomónicas, siendo las imágenes de Jerónimo Hernández (siglo XVI). Está presidido, en su camarín, por la imagen sedente de la Virgen del Rosario, también conocida como Madre de Dios de la Piedad, del siglo XVI.


En Écija encontramos el Convento de Santa Florentina, una auténtica joya artística. Su fundación, bajo la advocación de Santa Florentina, se remonta a 1388 por lo que está considerado como el más antiguo de Écija y una de las primeras fundaciones de la orden dominica en Andalucía.




En principio fue una comunidad de beatas que en 1460 se adscribió a la rama femenina de la Orden de Predicadores. La llegada al convento de mujeres pertenecientes a familias importantes de Écija permitió a la comunidad gozar de numerosos medios económicos en forma de donaciones y legados.

La fábrica del convento obedece a reformas y ampliaciones que pertenecen fundamentalmente a los siglos XVII y XVIII. La bella portada de la iglesia está fechada en 1759 y el retablo mayor en 1714, relacionado con el entorno de Cristóbal de Guadix, alberga en el centro una imagen de Santa Florentina y en las calles laterales otras tribuidas a Pedro Roldán.




La iglesia es de una sola nave con cúpula de media naranja en el presbiterio y en los muros laterales destacan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de Santo Domingo. Al torno y locutorios se accede a través de una portada de arco apuntado a cuyo lado se encuentra una bella hornacina dedicada a San Martín de Porres.

Además, las monjas mantienen una tradición muy apreciada: la elaboración de dulces conventuales, entre los que destacan los famosos bizcochos marroquíes, conocidos en toda la comarca.




Ahora nos desplazamos a Cádiz. En la capital visitamos el Santuario de la Virgen del Rosario, donde se venera a la Patrona de la ciudad. La devoción a la Virgen ha acompañado a los gaditanos durante siglos, especialmente en momentos difíciles como epidemias, terremotos o incendios.



El convento dominico asociado al santuario fue también un importante centro cultural y de estudios, muy vinculado a la historia marítima y americana de Cádiz.

En el convento se venera una imagen de Nuestra Señora del Rosario que es popularmente conocida como “La Galeona”, con la peculiaridad de que era embarcada en las naves que partían del puerto de Cádiz hacia tierras americanas.




Tradicionalmente la virgen era entregada por el prior del convento al almirante de la flota y éste la conducía solemnemente a la nao capitana, obligándose a devolverla una vez finalizado el viaje.

El acuerdo era probablemente secuela de una antigua costumbre y que por los años de 1571, con motivo de la batalla naval de Lepanto y la institución consiguiente de la Fiesta de Ntra. Sra. del Rosario, no hizo sino afianzarse, consolidando al mismo tiempo el patronato de la Virgen sobre toda la Armada Española .

Esta imagen fue quemada en el año 1931 salvándose providencialmente la cabeza de la Virgen y el Niño Jesús. Fue reconstruida en el año 1945 por el escultor gaditano D. Juan Luís Vasallo, conserva en su interior, en forma de tizón, el cuerpo quemado por lo que es una imagen de la Virgen María singular por su historia y su significado entre los hombre de la mar.

Todavía hoy en algunas ocasiones especiales es embarcada en el Buque Escuela Español Juan Sebastian Elcano.





Finalmente llegamos a Jerez de la Frontera, donde el Real Convento de Santo Domingo se alza como uno de los grandes tesoros dominicos de Andalucía.





Fundado en el siglo XIII, conserva un magnífico claustro gótico, una hermosa iglesia y una rica historia ligada a la ciudad. Allí se venera a Nuestra Señora de la Consolación, copatrona de Jerez y muy querida por sus habitantes.


Todos estos conventos, iglesias y monasterios son mucho más que monumentos históricos. Son espacios donde la fe, la cultura, el arte y la vida cotidiana han convivido durante siglos. Por ello, os invitamos a recorrer Sevilla, Cádiz, Jerez, Écija y Bormujos para descubrir estas joyas dominicanas. Pasead por sus claustros, admirad sus iglesias, disfrutad de su arte y escuchad las historias que guardan sus muros y, también, degustad los dulces que con tanto amor y cuidado elaboran las monjas. Encontraréis belleza, historia, espiritualidad y una cálida acogida que os permitirá comprender mejor la riqueza de la tradición dominicana en Andalucía occidental.