miércoles, 5 de agosto de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA (11)

 


MURCIA Y VALENCIA

 

Nuestro viaje por los lugares dominicanos de España nos lleva ahora hasta las tierras bañadas por el Mediterráneo. Murcia y Valencia nos esperan con una historia apasionante, llena de conventos, iglesias, monasterios y figuras que han marcado profundamente la vida de la Orden de Predicadores. En estas ciudades descubriremos cómo los dominicos no solo dejaron un extraordinario patrimonio artístico, sino también una intensa labor de predicación, estudio, educación y servicio que continúa viva en nuestros días. Son lugares donde todavía es posible sentir el espíritu de Santo Domingo de Guzmán y comprender por qué su carisma sigue siendo actual después de más de ocho siglos.

Comenzamos nuestro recorrido en Murcia, donde los dominicos se establecieron ya en el siglo XIII. El antiguo Convento de Santo Domingo fue uno de los primeros Estudios Generales de la Orden en la Península, creado para favorecer el diálogo con el mundo árabe y formar a los frailes en el estudio de las lenguas y de la teología. Aquella comunidad desempeñó un papel fundamental en la vida religiosa y cultural de la ciudad durante siglos. Aunque la desamortización hizo desaparecer gran parte del convento, todavía permanecen en pie la Iglesia de Santo Domingo y la hermosa Capilla del Rosario, auténticos testigos de aquel importante pasado dominicano,  pero desde la segunda mitad del siglo XIX pasaron a pertenecer a la Compañía de Jesús, en virtud de la cesión perpetua que les realizó en 1886 la Cofradía del Rosario.


 

La iglesia, levantada en pleno barroco murciano, impresiona por sus amplias dimensiones y por sus dos magníficas fachadas. Una de ellas mira hacia el Teatro Romea y está presidida por una escultura de Santo Domingo de Guzmán junto a San Francisco de Asís, símbolo de la fraternidad entre ambas órdenes. La otra fachada, orientada hacia la plaza de Santo Domingo, recuerda las predicaciones realizadas allí por San Vicente Ferrer, uno de los grandes santos dominicos.





Muy cerca encontramos otro lugar imprescindible: el Convento de Santa Ana, conocido cariñosamente por los murcianos como el convento de "las Anas". Desde finales del siglo XV las monjas dominicas contemplativas viven aquí entregadas a la oración y a la vida fraterna. El edificio actual, construido en el siglo XVIII, es una de las grandes joyas del barroco murciano.




Su iglesia sorprende por la delicada decoración azul que recorre bóvedas, arcos y pilastras, creando un ambiente de gran elegancia y serenidad. El magnífico retablo mayor, diseñado por José Ganga Ripoll y enriquecido con esculturas de Francisco Salzillo, constituye una de las obras maestras del barroco religioso español. Junto a él destacan otros retablos históricos dedicados a la Virgen del Rosario y a diversos santos dominicos.




Sin embargo, el verdadero tesoro del convento continúa siendo la comunidad de monjas, que mantiene viva la tradición contemplativa iniciada hace más de quinientos años y sostiene con su oración la misión evangelizadora de toda la Iglesia.


Dejamos Murcia para llegar a Valencia, una ciudad profundamente vinculada a la historia dominicana gracias a la figura de San Vicente Ferrer, uno de los predicadores más admirados de todos los tiempos.

Nuestra primera visita es el histórico Antiguo Real Convento de Santo Domingo, fundado por iniciativa del rey Jaime I poco después de la conquista de la ciudad. Durante más de cinco siglos fue uno de los monasterios más importantes de Valencia y un auténtico centro espiritual, cultural y político. Entre sus muros vivieron San Vicente Ferrer y San Luis Bertrán, se reunieron las Cortes Valencianas y pasaron reyes, nobles y grandes personajes de la historia.




Aunque hoy el edificio alberga la Capitanía General, conserva espacios de enorme belleza como el Claustro Mayor, la impresionante Capilla de los Reyes, la Sala Capitular y la Capilla de San Vicente Ferrer. Pasear por estos lugares permite imaginar la intensa vida dominicana que durante siglos llenó de estudio, oración y predicación cada uno de sus rincones.




Muy cerca encontramos la magnífica Basílica de San Vicente Ferrer, construida por los dominicos a comienzos del siglo XX cuando regresaron definitivamente a Valencia tras la desamortización. Este gran templo neogótico destaca por sus elevadas torres, sus cinco naves y las espléndidas vidrieras que narran la vida de San Vicente Ferrer y los Misterios del Rosario.




El interior está lleno de símbolos dominicanos. Destaca el gran retablo dedicado a la Virgen del Rosario, presidido por la imagen de Santo Domingo de Guzmán, así como las esculturas de los cuatro papas dominicos que sostienen visualmente el cimborrio. Tras el altar mayor se venera una reliquia de San Vicente Ferrer, mientras que la actividad pastoral continúa siendo muy intensa mediante la celebración diaria de la Eucaristía, la predicación, la formación cristiana y la acogida de numerosos fieles y visitantes.


Nuestro recorrido por Valencia no estaría completo sin acercarnos a la Casa Natalicia de San Vicente Ferrer, conocida popularmente como el Pouet de Sant Vicent. Aunque el edificio actual es una reconstrucción moderna, conserva la memoria del lugar donde nació en 1350 uno de los grandes predicadores de la Iglesia.




Desde hace más de un siglo los dominicos atienden este santuario, manteniendo viva la devoción al santo valenciano. La capilla recuerda distintos momentos de su vida y de su predicación, mientras que el famoso pozo, protagonista de antiguas tradiciones y milagros populares, continúa siendo uno de los lugares más queridos por los valencianos. Además de acoger a los numerosos peregrinos, la comunidad dominicana desarrolla aquí una importante labor de formación, oración y acompañamiento espiritual.


Nuestra última parada nos lleva hasta el Real Convento de Santa Catalina de Siena, hoy situado en Paterna. Las monjas dominicas mantienen aquí una vida totalmente entregada a la contemplación. Desde finales del siglo XV su historia ha estado marcada por la fidelidad al carisma de Santo Domingo. Tras varios cambios de sede a lo largo de los siglos, la comunidad continúa ofreciendo un precioso testimonio de silencio, fraternidad y oración.



Las hermanas recuerdan que la predicación dominicana no se realiza únicamente con la palabra. También desde la clausura anuncian el Evangelio ofreciendo su vida por la Iglesia y por el mundo entero. Su monasterio es un lugar donde muchas personas encuentran paz, recogimiento y la certeza de que siempre hay alguien rezando por las necesidades de la humanidad.


Concluimos así nuestra etapa por Murcia y Valencia. Hemos recorrido antiguos conventos medievales, iglesias barrocas y neogóticas, monasterios contemplativos y lugares profundamente unidos a San Vicente Ferrer, uno de los hijos más ilustres de la Orden de Predicadores.

Si alguna vez viajáis por estas tierras mediterráneas, reservad tiempo para visitar los lugares dominicanos. Descubriréis mucho más que un extraordinario patrimonio artístico. Encontraréis comunidades que siguen anunciando el Evangelio con el mismo entusiasmo que inspiró a Santo Domingo hace más de ochocientos años y comprenderéis que la historia dominicana continúa escribiéndose cada día en estos lugares llenos de fe, belleza y esperanza.


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