martes, 7 de junio de 2011

Glorifícalos

“En ellos he sido glorificado”
Jn 17,1-11
La gloria de Dios es el hombre vivo. Dios es más Dios cuando el ser humano camina más erguido, más digno. Cuando se hace más grande y hace más grandes a sus hermanos. Esta expresión procede de S. Ireneo, allá por el siglo II. No necesita Dios mucho más para ser glorificado. Jesús ha pasado su existencia en la tierra dignificando al ser humano. ¡Sólo los caminos saben cuánto amor ha derramado sobre cojos, paralíticos, ciegos y pecadores! Sí: cuanto más se ama al hombre, más cerca se está de Dios. Pero el amor que hace grande al que lo recibe, y que por tanto hace grande a Dios, termina repercutiendo en aquel que lo da. El que ama participa en el misterio de la gloria de Dios, entra en una dinámica de superación, para sí y para los demás; para Dios, en el fondo. Decimos que el Resucitado ha sido glorificado en plenitud. Y Él está empeñado en contagiarnos su gloria a nosotros… Ya sabemos el camino. Para el día de hoy piensa en la repercusión de grandeza y dignidad que tiene cada pequeño gesto de amor que hagas. ¡Da gloria a tu Dios amando!