
Primero se dedicó a la enseñanza de la filosofía y teología, materias de las que publicó algunos tratados. Su pureza, su carácter franco y jovial y su amor por la austeridad lo habían preparado para una gran misión apostólica, que ya entre los años 1380-1390, lo vio ocupado en numerosas misiones a él encomendadas por el cardenal legado Pedro de Luna y por el rey Juan I de Aragón.
Ya en este período se dedicó a la predicación, en los primeros tiempos al lado del Papa en Aviñón y luego en el sur de Francia y en el norte de Italia. Finalmente el año 1399 se dedicó del todo al ministerio de la predicación itinerante, como «legado de parte de Cristo» ya que, como él mismo testifica en carta al antipapa Benedicto XIII, había recibido del mismo Cristo este encargo.
Combatió con enorme esfuerzo la situación de división de la Iglesia en el cisma de Occidente, dejando finalmente al antipapa, de parte del cual estuvo de buena fe por un tiempo.

Murió en Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419 y allí se venera su cuerpo. Fue canonizado por Calixto III, el 29 de junio de 1455. La devoción a san Vicente a causa de su poder taumatúrgico es todavía vivísima en Europa y en América. Fue contemporáneo de santa Catalina de Siena y San Álvaro de Córdoba.
Para saber más de San Vicente, pinchar aquí.
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