viernes, 22 de abril de 2011

La llave de la Cruz (Viernes Santo)


Todo acompaña para que este viernes santo tenga su sabor especial. La lluvia fuera, y el fresquito que ha vuelto. El silencio, con la paz que trae consigo. El sentimiento de fraternidad que se respira entre nosotros. Y más, mucho más… Los sentimientos… Acabamos de escuchar la historia, que siempre nos conmueve, del hombre justo asesinado. El siervo de Dios elegido para el sufrimiento, para que su sufrimiento sea redentor.

Pero esta historia que hoy celebramos, conmovidos, como puerta de esperanza, sigue repitiéndose. A nuestro  silencio, llegan las cruces injustas que tantos cautivos van cargando. Los gritos de tantas muchedumbres alborotadas: ¡crucifícalo! Las negaciones de tantos Pedros (quizás las nuestras): ¡yo no conozco a ese hombre! Yo no sé quién es mi hermano, ni dónde está, no tengo nada que ver con él… existen Judas, pendientes del negocio, del capitalismo, Judas que negocian con las crisis para sacar provecho: compran su propia ruina por el precio de un esclavo… Siguen siendo numerosos los Pilatos, que cierran los ojos, se lavan las manos, se quedan tranquilos mientra se ajusticia a los buenos… Y Herodes, y Caifás… autoridades religiosas que bendicen las muertes con su silencio, “es la voluntad de Dios, no hay más remedio, siempre fue así”… Y cientos de personajes anónimos, que somos nosotros siempre, sin saber qué decir ni qué hacer… y hay pequeñas verónicas, es cierto. Pequeños discípulos al pie de la Cruz. Y muchas Marías que lloran...

El drama de la pasión se sigue representando. Aunque no sea semana santa. Cada día, en montones de rincones del mundo, de esquinas de nuestra ciudad, de lugares de nuestra casa, en nuestro trabajo. Y no es un recuerdo, ni menos un teatro. Vivimos a la sombra de la Cruz. Como si Ella nos ahogara, nos cerrara, nos impidiera salir del peso ese que nos aplasta. Como si fuera la llave maldita que cierra nuestras puertas a la vida, a la felicidad grande, absoluta… Esta cruz pequeña que hoy adoraremos, no es sino una expresión, un eco apagado de infinitas cruces.
¿Dónde está esta tarde tu propia cruz? Hemos pensado en ella, mucho, estos días. Es verdad, mi cruz es ridícula al lado del dolor de mis hermanos, de la humanidad entera. Pero es mía y me duele, y muchas veces no me deja, se me clava, me rebelo ante ella, la rechazo. No sé llevarla, ni vivirla. Y cuando creo que ya la olvidé, vuelve una y otra vez. ¡Hasta cuándo, Señor!

Estamos esta tarde aquí, porque sabemos que hay algo más. Porque intuímos que esto no es todo, porque la fe nos abre un hilo de luz. Porque en la cruz no murió un criminal, sino nuestro Dios. Todo un Dios ocupando el lugar de la muerte y la desolación. Todo un Dios visitando lo humano… Redimiéndolo, soportándolo, liberándolo, dándole sentido. En jesús de Nazaret, Dios está agarrando todas las cruces del mundo, todas sus sombras y carga con ellas. Con la tuya, con la mía...

En la cruz no hay un fracaso, no es un callejón sin salida. Tu cruz no es una herida sangrante, dolorosa como tú la ves. Ni tampoco cientos de puertas que se te cierran. No es la cruz de Cristo. La cruz es una puerta de esperanza que se abre en tu vida, un nuevo comienzo, un despertar a la vida mejor. Un modo de coger fuerzas. Un modo elegido de caminar por la vida. Nadie me carga una cruz, la llevo  yo porque soy libre, la llevo yo porque amo, porque quiero amar. Porque el amor tiene forma, color, sentido de cruz. La cruz de Cristo, la cruz de Dios.

En un instante besaremos la cruz, la adoraremos. Besa la tuya, la del hermano. Besa, adora, contempla, asómbrate ante el misterio. Déjate impactar por un Dios que te ama, y al que su amor por ti, por ti… Por ti y por mí hizo colgar de ese madero. Y deja que Dios abra, con la llave de su Cruz, todas las puertas de tu vida...
Viernes Santo Oficio de la Pasión del Señor
Isaías 52,13-53,12
Sal 30
Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan 18,1-19,42
Homilía de dominicos.org
Reflexión de Ser fraile

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