viernes, 29 de abril de 2011

El regalo de la paz (Segundo domingo de Pascua, 1 mayo)

“Paz a vosotros” es siempre el saludo del Señor Resucitado. Allí donde Él entra, donde se hace presente, viene trayendo la paz. Los discípulos lo tienen todo totalmente cerrado. Han hecho de su casa una cueva, un escondite. Han reducido los kilómetros recorridos con su Maestro a una habitación atrancada. Han ahogado luces, paisajes y sentimientos en la completa oscuridad. Mientras el Amigo ha ido resucitando –en el silencio y en la noche-, ellos han ido convirtiendo su vida y su futuro en un sepulcro blindado, a plena luz del día...

Convivimos con los sepulcros también nosotros. Nos puede el miedo. Nos cerramos a ver más allá de nuestro propio dolor. Nos dejamos llevar por heridas invisibles. Oscurecemos oportunamente nuestro presente y futuro. Cortamos, sin saber cómo, el vínculo de la comunicación con los demás, aquello que nos hace grandes, que nos hace humanos. Y nos ahogamos en nuestro pequeño y oscuro círculo...

“Paz a vosotros” dice el Maestro. Y al hacerse presente se abren, de repente, todas las ventanas del alma, y se hace la luz. Será por eso de que nadie puede regalarse paz a sí mismo, por más ejercicios de “autocontrol” que haga… La paz buena, la mejor, la “suya”, se nos da gratis. Cuando Dios se mete en nuestras vidas, cuando rompe las puertas de nuestros sepulcros, entonces sólo puede darnos paz, su paz.

Paz y reconciliación. “Perdonad los pecados” es la invitación del Resucitado. Como si la paz y el perdón se dieran la mano y no pudiesen separarse jamás. Si queréis paz, aprended a cultivar la reconciliación. No separéis, unid. Nos os creéis enemigos, trabajad por ser hermanos. No miréis lo que nos separa, sino lo que nos une...

Y después de eso, con el paso del tiempo, con mucha paz y mucha reconciliación, llegaron a poner en el horizonte de sus vidas, y en el horizonte de nuestra Iglesia, la “comunidad ideal”: lo tenían todo en común, celebraban la fracción del pan, rezaban unidos, vivían unidos… El Resucitado sigue haciendo real para nosotros, esta primavera también, la utopía de la comunión.
Segundo domingo de Pascua (A)
Hechos 2, 42-47
Salmo 117
1 Pedro 1, 3-9
Juan 20, 19-31
Homilía de dominicos.org
Reflexiones de José A. Pagola, también aquí
Reflexión de Ser fraile