sábado, 16 de abril de 2011

Domingo de Ramos con Fr. Luis de Granada

Un rey nos señala hoy como con el dedo el profeta Zacarías, cuando dice: He aquí que viene a ti tu rey ", y al tal, entre las protestas de los fariseos, lo celebran hoy los niños con voces afortunadas, dicien­do: Bendito el que viene en nombre del Señor el Rey de Israel ".

Y si quieres observar el talante y las costumbres de este rey, el evan­gelista, interpretando al profeta, añadió inmediatamente esto, diciendo: Viene a ti manso. Porque esto es lo que los hombres suelen desear principalmente en los reyes, que no se engrían con la soberbia, ni manden con asperidad y poder. Ésta es, por tanto, la primera alabanza del rey, la cual también él propuso a los suyos para imitarla, cuando dijo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Por consiguiente, si tal es nuestro rey, con razón dice de él Zacarías: Viene a ti manso. Manso, digo, no terrible y temible. Porque no vino a suscitar guerreros, a imponer tributos a los pueblos, a oprimirlos con cargas molestas, ni a quitar los bienes terrenos, él que da los celestiales. Viene a ti manso, es decir, a soportar improperios, insul­tos, llagas y azotes. Porque dio su cuerpo a los que lo herían, y sus mejillas a los que mesaban su barba.

Por lo demás, habiendo el Señor montado en el jumento que le trajeron fue a Jerusalén, y toda la ciudad, conmovida con esta venida tan feliz, le salió al encuentro con ramos de palmas y olivos, predicando con ellos no sólo su victoria, sino también su misericordia. Y no faltaron tampoco quienes encendidos de un mayor amor y devoción hacia el Señor tendieron sus vestidos en el camino. Este género de obsequio no leemos que se haya hecho hasta ahora a ningún rey o emperador triun­fante. Mas este último obsequio lo hacen espiritualmente al Señor los que, despojándose del hombre viejo, se esfuerzan en dejar las costumbres antiguas por la gloria de Cristo. Y aunque, por otra parte, deba hacerse siempre, sin embargo, hay que hacerlo principalmente en este tiempo, cuando se convoca a penitencia a todos los fieles de Cristo, para que crucificados con Cristo y resucitando juntamente con él, caminemos en novedad de vida...

Por consiguiente, si quieres celebrar devotamente la Pasión y resurrección del Señor, y recibir dignamente al Señor que viene a tu salvación, quítate los vestidos del hombre viejo, esto es, holla las costumbres y pasiones, y así habrás ofrecido al Señor un obsequio muy agradable.

¿Qué cosa hace al Rey más accesible y fácil de conmover que la suavidad y mansedumbre? Esta la recomienda principalmente el evangelista con las palabras del profeta, cuando dice: “ He aquí que tu rey viene a ti manso, montado sobre una asna”. ¿Quién, pues, no pensará que les es fácil el acceso a aquel rey que es manso y pobre, y que va montado en tan humilde jumento? Si fuera montado en un feroz y arrogante caballo, si fuera en un carro triunfal y acompañado de un grupo de soldados armados, ciertamente que la multitud de hombres pobres y débiles temería acercarse a él.. Ahora bien: viniendo con insignias de pobreza, de humildad y mansedumbre, como adornado de perlas y púrpura, ¿quién será tan pobre que no se atreva a acercarse con confianza al que es también pobre? ¿Quién tan abatido que no se acerque al humilde? ¿Quién tan tímido que no se acerque al manso? Principalmente siendo este de tal condición, que ninguna otra cosa le agrada más que el ruego de los humildes y mansos. Porque si la semejanza es causa de amor ¿qué cosa podrá agradar más a un rey humilde que la humildad,  a un manso que la mansedumbre?