lunes, 16 de mayo de 2011

Salve Dominicana




“Recordando que Santo Domingo había encomendado el cuidado de la Orden a la Virgen María, como a  su patrona especial, y considerando también que el Señor en el Evangelio no les había dejado más que un apoyo, es decir, a su Madre, se acogieron a la piadosísima Virgen, como a esperanza única, y determinaron que en su honor se hiciera una solemne procesión hasta su altar después de las completas. Todos los frailes se reunirían para cantar devotamente la antífona “Salve Regina”. Hecho lo cual, cesó por completo la tempestad mencionada; desde entonces todo fue propicio a la Orden, sin duda por el patrocinio de santo Domingo intercediendo ante el Señor. Un concurso de gente acudía a esta procesión; la devoción de los frailes, los piadosos suspiros, las lágrimas de gratitud, y las visiones maravillosas se manifestaron de múltiples maneras. Pues muchos vieron en el altar de la Virgen cuando llegaban los frailes, que Ella misma avanzaba desde lo alto del cielo con una multitud de ciudadanos celestes. Al llegar a las palabras de la invocación, Oh dulce María, les bendecía y se inclinaba de igual modo que lo hacían los frailes. Cuando ellos se retiraban, la veían volverse al cielo con sus conciudadanos.

Reconociendo, pues, los frailes que habían recibido tantos beneficios de la Virgen, Madre de la Misericordia, por el canto de la antífona Salve Regina, y también con la esperanza de recibir en lo sucesivo otros muchos, determinaron que se observara para toda la Orden este modo de hacer la mencionada procesión. Esto se estableció en primer lugar en Bolonia, y después se difundió por toda la Orden.”
Fr. Rodrigo de Cerrato op, “Vida de Santo Domingo”, segunda mitad del s. XIII