viernes, 6 de mayo de 2011

¿No era necesario? (Tercer domingo de Pascua, 8 mayo)

Es la pregunta que un desconocido, camino a Emaús, lanza a bocajarro a unos discípulos asustados, que no han comprendido nada. Ellos se quejan de todo, ven la realidad únicamente desde su punto de vista. No soportan el dolor, son incapaces de digerirlo, de integrarlo como una oportunidad. No soportan la frustración  de saberse traidores de un amigo. No soportan que el amigo no cumpla la palabra que les dio. Se han creado su propia comprensión de la realidad. Pero no conocen la realidad.

En la realidad muchas de las cosas que no nos gustan son necesarias. No pasan las cosas que yo quiero que pasen, como yo quiero que pasen. Yo no construyo, sino que participo en lo que se está construyendo, en lo que Alguien más grande se empeña en construir, quizás con herramientas que yo no utilizaría… ¡Cuántas heridas de las que hemos sufrido en tantos campos de batalla “eran necesarias”! Crecer, madurar, superarse, sólo puede conseguirse –muchas veces- a base de contradicciones, de asumir lo que no entraba en nuestros planes...

Era necesario perder a Jesús para encontrar al Resucitado. Perder a quien creían conocer a la perfección para descubrir a una Persona nueva, a un Dios diferente. Tan humano que cuesta reconocerle. Tan Dios que no puede sino caminar a nuestro lado...

Hay muchos momentos en que se nos oscurece la realidad. Cuesta entender el por qué de las cosas, los acontecimientos personales, los de la Iglesia, los de la Historia. En el plan providente de Dios todo se va escribiendo en su lugar, a su tiempo. Y mientras dejamos construir a Dios, a su manera, sólo nos toca seguir remando desde nuestra fragilidad para que el Reino esté un poquito más cerca.

Y descubrir la presencia del Resucitado en medio de todo. En la fracción del pan, recuerdo de aquella Cena de Amor, servicio y entrega, que actualizamos en cada Eucaristía. En la Palabra escuchada, meditada, compartida, explicada por Él en el silencio (“¿acaso no ardía nuestro corazón cuando nos explicaba la Escritura?”). En la comunidad que se construye desde la fraternidad y la caridad (“fueron corriendo a contarle a los de Jerusalén…”). Desde estas tres claves, nuestra vida y sus experiencias más cotidianas, puede ser vivida y leída en clave de Pascua.
Tercer domingo de Pascua (A)
Hechos de los Apóstoles 2, 14.22-33
Salmo 15
1 Pedro 1, 17-21
Lucas 24, 13-35
Homilía de dominicos.org
Reflexiones de J.A. Pagola, y aquí
Reflexión de Ser fraile