martes, 24 de mayo de 2011

"Indignarse sin amar crea siempre nuevas víctimas"

Fr. Santiago Agrelo, franciscano, es Arzobispo de Tánger. Ofrece una reflexión interesante y profunda
sobre los acontecimientos que se viven en nuestro país
en los últimos días.

Santiago Agrelo,
20 de mayo de 2011

Silvia Rozas me pregunta: ¿Qué piensas de @acampadasol? ¿Qué piensas del movimiento de indignación? Querida Silvia: la tuya es mucha pregunta para quien tiene sólo una versión mediatizada de lo que está aconteciendo. Aun así, intentaré decir algo sobre ello, aunque no sea otra cosa que pensamientos sueltos de un espectador lejano.

Cuando empezaron en los países del Norte de África los movimientos populares que reivindicaban justicia y libertad, intuí que aquello era el principio de un proceso que se extendería también a los países de Europa. La mía no era una intuición profética sino una deducción lógica: La mentira es un verbo perverso que ha puesto su tienda en la política; la corrupción ha invadido y gangrenado los tejidos de la sociedad; desigualdades lesivas de la vista y de la conciencia, injusticia, opresión, prepotencia, son corrosivos echados cada día sobre la piel de los pobres.

En una situación así sorprendía que no se hubiese levantado ya un viento de protesta, hería el conformismo de los jóvenes, y me parecía suicida el sopor de las conciencias. El grito de los pobres contra la injusticia lo dan desde hace mucho tiempo los emigrantes, que llevaron a los caminos la rebelión de los oprimidos, su lucha por una utopía de libertad y justicia.

Pero ese grito no tuvo, no tiene, una estructura de poder que lo haga resonar en los oídos de la sociedad. No interesaba oírlo. Hemos aprendido que mueren, como en su día aprendimos la tabla de multiplicar. Ahora, cuando la humillación entra en nuestras casas en forma de crisis que te niega la dignidad del trabajo y la justicia del pan, ahora caemos en la cuenta de que hay cosas que cambiar. Y ésta es la verdadera cuestión: ¿Qué es lo que se ha de cambiar? He oído hablar de la ley electoral, de las listas de los partidos...
Supongo que en el deseo de todos está lograr unas estructuras democráticas que permitan a los ciudadanos una mayor participación en la decisión política y un mayor control sobre quienes ejercen el poder. Sería difícil no compartir de corazón aquellas preocupaciones y estos objetivos. Pero no he oído hablar de compromiso personal con los pobres, de solidaridad personal con los que no producen, de austeridad personal para compartir con el más desafortunado lo que no hemos malgastado.

Es ciertamente importante el cambio que hemos de exigir a los políticos, pero lo es más, creo yo, el que hemos de exigirnos a nosotros mismos; y éste, el mío, es un cambio que está en mis manos hacer y del que yo solo soy responsable. Veo con esperanza lo que acontece, y no olvido que está en mi mano realizar ya algo de cuanto espero.

Por eso, hermana Silvia, quiero cerrar esta respuesta con una cita de una mujer que se echó a la calle porque le dolían sus hermanos: “Ofrecer a quienes viven en nuestro entorno el amor que hemos recibido, dar hasta sentir daño porque el amor auténtico hiere, es por lo que tenemos que amar hasta sentir dolor: a través de nuestro tiempo, de nuestras manos, de nuestros corazones. Tenemos que compartir todo lo que tenemos” (Teresa de Calcuta). Indignarse sin amar crea siempre nuevas víctimas.

Un abrazo de tu hermano menor.

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger