martes, 24 de mayo de 2011

24 de mayo de 1233: Traslación de Santo Domingo


Después de la muerte de santo Domingo, aumentando evidentemente los milagros  y no pudiéndose ocultar su santidad por más tiempo, la devoción de los fieles consideró decoroso trasladar con reverencia su cuerpo, que se hallaba depositado en un lugar humilde, a otro lugar más noble. Parecía clamar en favor de ello el sarcófago del Santo; pues creciendo la devoción del clero y del pueblo hacia él, se iba elevando un monumento sobre el suelo, como si una fuerza interior apretara hacia afuera.

Se habían congregado entonces muchos frailes para el capítulo general, en el año del Señor de 1233. […] Establecida la hora, y apenas abierto el sepulcro con instrumentos de hierro, al instante salió con fuerza tal fragancia de suavísimo olor, que parecía que se había abierto, no un sepulcro, sino un almacén de perfumes.
 
¡Oh admirable, pero del todo apropiado milagro! Era en verdad conveniente que aquel cuerpo virginal, que había permanecido durante esta vida incorrupto con inviolable integridad, ofreciera también testimonio de su virginidad después de muerto, para que donde nunca fue exhalado el hedor de la sensualidad, de allí brotara un olor de admirable suavidad. Era tan intenso aquel olor, y tan admirable, que superaba completamente a todos los aromas por su inusitada fragancia, y no parecía asemejarse a cosa alguna natural. Y no sólo se hallaba en los huesos o en el polvo de este cuerpo sagrado, sino también en la tierra, que después fue llevada a regiones lejanas, reteniendo este olor por largo tiempo. En las manos de los frailes que habían tocado algunas de aquellas cosas, se adhirió de tal modo, que aunque se las lavaran, ofrecían prueba de la fragancia durante muchos días. Muchas gentes del pueblo que se habían apresurado a ir atraídos por el admirable perfume, recibieron el beneficio de la salud.
Fr. Rodrigo de Cerrato, “Vida de Santo Domingo”, 49. BAC.
Finales del s. XIII.

Más información:
dominicos.org
ser fraile