martes, 18 de marzo de 2025

CUARESMA 2025: 40 hitos en el camino a la Esperanza (14)



"EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO, Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO"


    En nuestro camino de esperanza, llevamos hoy catorce días en este ir hacia la Pascua, escuchamos un discurso de enorme violencia, pero muy clarificador; con él, Jesús anuncia la novedad del estilo de vida de quienes quieren ser sus discípulos, un estilo “a contracorriente” con respecto a la mentalidad más difundida, y con ello rompe definitivamente con los judíos que, de hecho, dirigen la vida religiosa; denuncia su hipocresía, su formalismo, su dureza de corazón, les hace ver que son los herederos de los asesinos de los profetas.

    En su tiempo, al igual que hoy, era común hacer discursos moralistas y luego no vivir con coherencia, sino más bien buscar para uno mismo puestos de prestigio social, modos de destacar y de servirse de los demás para conseguir ventajas personales. Jesús les pide a los suyos una lógica completamente distinta en las relaciones con los demás; la que Él mismo vivió.

    Nos hace ver a los discípulos que quien se enaltece se humilla y quien se humilla se enaltece. Es un pensamiento clave para entender a Jesús. Nos avisa del error de querer sobresalir por encima de los demás. Y Jesús propone un cambio de valores. Es humillarse, que consiste en servir a los demás para que tengan vida. Es una inversión de conceptos, un gesto de creatividad y de entrega personal. El evangelio nos muestra que, al querer ser poderoso, el hombre se destruye, sólo quien se hace pequeño se eleva. Dios no actúa de manera imprevisible sino desde la acción amorosa.

    Dicho de otra manera: Jesús nos enseñó sólo dos cosas, que son una: a ser hijos de un solo Padre y a ser hermanos los unos de los otros. Nos llama a una fraternidad universal.

    Esta es la novedad que Jesús nos entrega: amar a todos como hizo él, porque todos somos hijos de Dios, amados y esperados por Él desde siempre.

    Así descubrimos que el hermano al que hay que amar concretamente es cada una de las personas que se cruzan con nosotros cada día. Es mi padre, mi suegra, mi cuñado, mi hijo pequeño o ese más rebelde; el preso, el mendigo, el discapacitado; el jefe y la persona de la limpieza; el compañero de partido y quien tiene ideas políticas distintas de las mías; el que es de mi credo y cultura y también el extranjero.

    La actitud propiamente cristiana para amar al hermano es servirle.


Juan Miguel Martínez Molero, CMF


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