PRIMERO RECONCILIATE CON TU HERMANO
¡Qué bien nos hace el poder dar y recibir el perdón de los hermanos!
Pero que tercos somos para pedir perdón o para perdonar, cuanto nos cuesta.
Vivimos en un mundo en el que vamos deprisa a todos lados sin mirar al que pasa a nuestro lado, la indiferencia hacia quien ni nos interesa o nos cae mal, lo bien que se nos da criticar a los demás, el creer que yo soy mejor que tú y si puedo te humillo y un largo etc que hace que estemos mal con nuestro hermanos.
Cuantos conflictos que no sabemos o no queremos resolver. Así no dejamos entrar a Dios en nuestro corazón, y esta tan cerrado por nuestro orgullo, por nuestras soberbias, el corazón está vacío, seco, frio.
Hemos comenzado este camino de cuaresma que nos hace una llamada a la Conversión, a la reconciliación, a salir en busca del hermano.
Tenemos un gran camino por delante, y necesitamos cambiar, transformar nuestro corazón, llenarlo del Amor de Dios, de vivir más cerca de nuestros hermanos, de compartir vida, ilusiones, esperanzas.
De que nos sirve ir al altar con la ofrenda, confesar, comulgar si antes no hemos ido a ese hermano con el que hemos tenido algún conflicto y no le abrimos nuestros brazos, no le ofrecemos una sonrisa y nos atrevemos a decirle” por favor, perdóname”, ¿tan difícil es?
Nuestras relaciones con los demás son prioritarias como verdaderos cristianos, es una necesidad interior el ir hacia el encuentro del otro y reconciliarnos con él para continuar nuestro camino hacia Dios.
Nuestra ofrenda en el altar no tendrá valor si antes no hemos ido a pedir perdón, a dar un abrazo de Paz. Nuestra vida no estará completa, y sí muy lejos de Dios si no ofrecemos una reconciliación sincera con el hermano.
No terminamos de crecer, de madurar, de mejorar, de corregir nuestros errores, de transformar nuestro corazón, si no emprendemos el camino hacia el Perdón, hacia el Amor al prójimo. Seguiremos atrapados, presos de nuestros rencores, de nuestros odios.
Cristo nos muestra un camino de libertad , de esperanza, nos invita a dejar nuestra ofrenda, y nos acompaña a ir en busca del hermano y darle ese abrazo de paz y así también recibiremos el abrazo de Paz y Amor del mismo Dios. Y nuestra vida cambiará, se sentirá plena, feliz, transparente ante Dios.
Estamos en un tiempo de vivir con un corazón puro, limpio, un tiempo de gracia dejando lo malo atrás y dando paso a vivir en un solo corazón y una sola alma. Un tiempo de necesidad de conversión, de ver que estando apartado del hermano estoy mal, porque estoy apartado de Dios.
Reconocerme pecador me ayuda a reconocerme lejos de Dios y el deseo de volver a él, al hermano y así sentir ese cambio en nuestro interior, que nos lleva a romper con todo lo que nos separa de Dios y a buscar los lazos que nos unen a Él y al hermano para ir juntos a buscar los Caminos de Dios
Deja tu ofrenda antes de llegar al altar y sal corriendo en busca de tu hermano.
Sor Pilar Aparicio, OP
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