miércoles, 12 de marzo de 2025

CUARESMA 2025: 40 hitos en el camino a la Esperanza (8)

 


Conversión: Aquí hay uno que es más que Jonás


    En este tiempo litúrgico resuena constantemente la invitación a la conversión. La conversión es volver con confianza filial al Señor. ¿Cómo la acogemos? Puede ser una palabra que se pierde o encontrar en nosotros un corazón abierto que, herido e iluminado por la Palabra, reconoce el propio pecado y decide un camino de vuelta a Dios. O puede que esta invitación nos deje indecisos: quisiéramos una gracia sin ningún esfuerzo, y preferimos quizá, algo que nos venga como caído del cielo…

    Jesús mismo es el `gran signo" del amor divino que no teme asumir el pecado para conceder la gracia al pecador. Mirarlo, es el comienzo de la conversión. Ante su rostro doliente, todos, como los contemporáneos de Jesús, estamos llamados a decidir si cerramos el corazón o nos abrimos a una nueva vida.

     La invitación que el profeta Joel dirige a sus oyentes vale también para nosotros. No dudemos en volver a la amistad de Dios perdida al pecar; al encontrarnos con el Señor, experimentamos la alegría de su perdón. Creer en Jesús es escuchar su Palabra, que nos revela su amor infinito por nosotros pecadores. Ser creyentes significa estar seguros de que el amor existe y que tiene el rostro de la misericordia. Creer en Jesús quiere decir adherirse a su amor absolutamente gratuito. Seguir a Jesús es entregarse totalmente a su misericordia y confiar únicamente en su misericordia. Amar a Jesús es sencillo. Para lograrlo debemos ante todo creer que él nos ama de verdad, tal como somos. En este acto de fe es posible que rebose la alabanza de nuestro corazón y nos ayude a descansar en este amor infinito. La alabanza, la acción de gracias y la adoración abren nuestro corazón al don que Dios nos concede de su amor misericordioso.

    Para descubrir por lo menos un poco la misericordia infinita, único secreto del corazón de Jesús, hay un lugar preferido donde morar: delante de la cruz de Jesús, a sus pies.

sor Inmaculada Serrano Posadas, OP.

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