"EL HOMBRE CREYÓ EN LA PALABRA DE JESUS"
Iniciamos hoy la cuarta semana de Cuaresma con la profecía de Isaías, esperanzada y transmisora de esperanza.
El pueblo de Israel había vivido un largo exilio y necesitaba el empuje de esas palabras proféticas, como las necesitamos también hoy nosotros en el mundo que nos ha tocado vivir: “mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No recordaréis el pasado, habrá gozo y alegría perpetua … voy a transformar a Jerusalén en alegría …”
Las palabras y los hechos de Jesús son la razón de nuestra esperanza en nuestro día a día. En el Evangelio de hoy (Juan, 4, 43-54) Él mismo nos habla del rechazo de los suyos, hasta hacerle decir: “ningún profeta es amado en su tierra”. Pero sus hechos de salvación, sanación y liberación, su mismo Espíritu, nos siguen dando el impulso para tener fe y esperanza.
El funcionario real del Evangelio fue a buscarlo. Su angustia era grande… su hijo se estaba muriendo, y, con el amor del padre que sufre sin poder hacer nada por el hijo, le pide: “Señor, baja antes de que se muera mi niño”. Y Jesús, con la mirada llena de amor y empatía, le dice: “Anda, tu hijo está curado”. Y él le CREYÓ. Creyó en la palabra de Jesús. Y a su hijo le cesó la fiebre en el mismo momento en que Jesús le dijo esas palabras. Y … CREYÓ él con toda su familia.
Hoy podernos decirle a Jesús: “Señor, enséñanos a poner toda nuestra confianza en Ti, y no en nuestras fuerzas. Eres Tú y tu Espíritu en nosotros quien nos libera, nos sana, nos alienta para esperar contra toda desesperanza. Tú eres nuestro salvador y libertador, aunque frecuentemente sintamos el tirón de la negatividad y de la irreverencia. Tú eres nuestro libertador”.
Paqui López Icardo, OP
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