EL PODER TRANSFIGURADOR DE LA ORACION
En este camino hacia la Resurrección del Señor, hoy nos encontramos con el "poder" de la oración. La montaña es un intento de los hombres por acercarse a Dios. Y allí el aspecto de Jesús cambia. La oración transfigura a Jesús.
Todos los cristianos, en un mundo tan ajetreado como el nuestro, necesitamos un alto en este primer escalón. Es necesario detenerse, pararse. Es necesario hacer silencio, vivir el silencio. Mucho es el ruido que hay a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. ¡Cuántas voces nos llegan de fuera y de dentro! Es necesario, para conseguir el propio conocimiento, buscar un lugar para el silencio, un tiempo para escuchar a Dios que habla en el silencio de nuestra alma. El silencio del alma es el lugar propio para encontrar a Dios. El lugar quieto del que habla San Juan de Ávila en su “Audi filia”.
Y para hacer una verdadera oración podemos seguir al Padre Maestro Ávila, el cual describe cuatro pasos: 1º) Es necesario centrarse en lo que vamos a hacer. El Padre Maestro dice que una buena manera de hacer esto es leer “un libro de buena doctrina”. El libro sirve para poder recogernos y así poder escuchar mejor la voz de Dios que habla a nuestro corazón mediante lo que estamos leyendo. Esto quiere decir que el objeto directo no es la lectura del libro ni leer mucho en poco tiempo, el objeto es escuchar a Dios en el silencio del alma. 2º) Cuando el corazón ya está recogido y centrado en Dios, podemos empezar nuestro propio conocimiento, dice San Juan. 3º) A continuación debemos rezar nuestras devociones. Estas oraciones no solo son para pedir cosas personales al Señor, también son para sentirse en comunión con toda la Iglesia cristiana. 4º) Finalmente, dice el Maestro Ávila, hay que dejar de decir palabras y meternos en los más profundo de nuestro corazón y ser conscientes de que estamos delante de la presencia de Dios. Solos El y cada uno de nosotros.
En conclusión, la oración es el medio más eficaz para transfigurar nuestro mundo, pero los cambios empiezan por uno mismo, pequeños detalles nacidos de la presencia de Dios, que rompen egoísmos y nos abren a la solidaridad y la paz. Los cristianos podemos transfigurar nuestro entorno con la oración, ese es su poder, ese es el poder de nuestro Dios.
Fr. Benito Medina Carpintero, OP
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