martes, 12 de marzo de 2024

Cuaresma 2024 desde Scala Coeli con Santo Tomás de Aquino. Martes 4º de Cuaresma


Jesús sana y salva


    Para Santo Tomás, Cristo hizo milagros para confirmar su doctrina y para dar a conocer el poder divino que había en Él, ya que los verdaderos milagros no pueden hacerse más que con el poder divino, porque sólo Dios es capaz de alterar el orden natural.

    Los milagros hechos por Cristo eran suficientes para dar a conocer su divinidad, por tres motivos: primero, por la calidad de las obras, que superaban todo el alcance del poder creado; segundo, por el modo de hacer los milagros, puesto que los realizaba como poder propio, y no orando; y, tercero, por la misma doctrina con la que se declaraba Dios, la cual, de no ser verdadera, no hubiera sido confirmada por milagros.

    Cristo vino al mundo con el fin de salvar a los hombres. Y por eso fue conveniente que mostrase, especialmente mediante las curaciones milagrosas de los hombres, que era el Salvador universal y espiritual de todos.

    Respecto al pasaje bíblico de Juan que hoy se nos presenta como lectura del Evangelio, Santo Tomás recoge el comentario de San Agustín, cuando señala que Jesús le dijo al paralítico tres cosas, pero al decir “levántate” no fue un mandato de obra, sino la ejecución de la curación. Ya, una vez sano, le mandó dos cosas: “Toma tu camilla y anda”. También de San Juan Crisóstomo menciona: “Véase aquí la superabundancia de la sabiduría divina, que no sólo cura, sino que le manda llevar la camilla, para que se vea que era verdadero el milagro y para que ninguno creyese que era falso lo que había sucedido. Porque si los miembros no estuviesen bien fuertes, no hubiesen podido llevar la camilla”.

    También se puede apreciar con la pregunta que Jesús le hace “¿quieres quedar sano?”, que –al igual que ocurre en otros milagros- Jesús no actúa contra la voluntad de los hombres, sino que obra el milagro cuando tiene su consentimiento.



Oración



Omnipotente y Sempiterno Dios,

dígnate mirar al Corazón de Tu amantísimo Hijo

y por su amor perdónanos a los que nos arrepentimos,

sé bondadoso para los que te suplicamos,

y dígnate enviarnos Tu gracia,

que sea remedio saludable

a los que humildemente invocamos tu Nombre Santo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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