
Había en él una igualdad de ánimo
muy constante, a no ser que se conmoviera por la compasión y la misericordia. Y
como el corazón alegre alegra el semblante, el sereno equilibrio del hombre
interior aparecía hacia afuera en la manifestación de su bondad y la placidez
de su rostro.
Mantenía tal firmeza de ánimo en
las cosas que comprendía razonablemente que debían llevarse a cabo en
conformidad con la voluntad de Dios, que rara vez o nunca accedió a cambiar una
decisión, tomada tras madura deliberación. El testimonio de su buena
conciencia, como queda dicho, resplandecía siempre en la serena placidez de su
semblante, sin que palideciera la luz de su rostro. Por todo esto se atraía sin
dificultad el amor de todos. Apenas lo veían se introducía sin dificultad en su
corazón.
Dondequiera que se encontrara, en
camino con los compañeros, en alguna casa con el hospedero y demás familia,
entre los magnates, príncipes y prelados, afluían siempre a sus labios
conversaciones constructivas y abundaba en ejemplos con los que inclinaba el
ánimo de los oyentes al amor de Cristo y al desprecio del mundo. De palabra y
de obra se mostraba por todas partes como un hombre evangélico.

(Beato Jordán de Sajonia)
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PRECES por las Vocaciones Dominicanas:
Ayúdanos
a ser fieles a la vocación que profesamos
y
haz que con nuestro testimonio de vida invitemos a los jóvenes a acercarse a
Ti.
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