miércoles, 21 de diciembre de 2011

Orar a propósito del Sermón de Montesino

“Cuando rezo, puede que Dios quiera responder a esa oración a través de mí mismo. Pedimos por un mundo más justo donde no haya hambre. Puede que Dios desee que yo sea parte de esa respuesta a mi oración. Por eso decimos que la oración puede ser arriesgada, peligrosa, porque Dios puede responder a esa oración exigiéndome que haga algo.

No deberíamos rezar si no estamos dispuestos a implicarnos en la respuesta. Ésa es la razón por la que la oración es como una bomba. Debería ser manejada con cuidado. Cuando termine esta homilía pediremos a Dios para que la Iglesia sea una Iglesia misionera, que vive el Evangelio con ardor y entrega. Y todos responderemos diciendo: "Te rogamos, óyenos". Dios escuchará esa petición y la responderá; tal vez lo haga por medio de ti. Puede que eso signifique que tengas que dejar tu comodidad y marchar a predicar el Evangelio.


Luego diremos: "Por todos los pobres, por los marginados, para que experimenten que son preferidos por cuantos seguimos a Jesús de Nazaret". Cuando recemos esto estaremos pidiéndole a Dios que cambie nuestras vidas, que las vuelva del revés y ponga a los pobres y marginados en el centro de la comunidad. Estamos pidiendo dejar el lugar privilegiado que ocupamos. Estas palabras se dicen con facilidad, tal vez sin pensarlo demasiado. Sin embargo, la respuesta a esta oración debería transformar nuestras vidas. (...)

En todo el mundo los cristianos rezamos el Padre Nuestro. Cientos de millones de personas rezarán esta oración este domingo. Parece fácil hacerlo. Sin embargo, esta oración es nuestro rechazo a aceptar el fatalismo de nuestra sociedad. Es nuestro rechazo a todo pesimismo y resignación. El Padre Nuestro es la gran oración de la esperanza para la transformación de nuestras vidas. Dios, ciertamente, escucha esta oración y con seguridad, también responderá.”

Timothy Radcliffe, o.p.