lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad con Santo Tomás: "La Encarnación del Señor es un remedio muy conveniente"

Este misterio fue muy convenientemente ordenado para la salvación del hombre, porque aun cuando Dios podía hacerlo de otro modo, ninguno fue tan adecuado, pues convenía al mismo Reparador, a aquel a quien debía ofrecerse la reparación y a la reparación misma.

1º) Al Reparador, a quien era oportuno mostrar su sabiduría, poder y bondad. ¿Qué cosa más poderosa que unir extremos sumamente distantes? Grande fue el poder para unir elementos dispares; mayor, para unirlos a un espíritu creado; máximo, para su unión al espíritu increado, donde la disparidad es extrema. ¿Qué cosa más sabia para el colmo de perfección de todo el universo que se verificase la unión del primero y del último, esto es, del Verbo de Dios, que es el principio de todas las cosas, y de la naturaleza humana, que en las obras de los seis días fue la última de las criaturas? Qué cosa más llena de bondad que haber querido el Creador de todos los seres comunicarse a las cosas creadas? Esa benignidad fue grande al unirse con todas las cosas por unión de presencia; mayor, al comunicarse a los buenos por medio de la gracia; y máxima, al unirse a Cristo hombre, y, por consiguiente, a los géneros de cada uno en la unidad de persona.

2º) Fue también este modo muy conveniente al mismo que debía recibir la reparación, pues el hombre por el pecado vino a caer en la debilidad, en la ignorancia y en la malicia, por todo lo cual se hizo incapaz de imitar la virtud divina, conocer su verdad, y amar su bondad; por lo tanto, Dios, al hacerse hombre, se entregó al hombre para que le imitase, le conociese y le amase.

3º) Fue también muy conveniente a nuestra reparación que el Señor en forma de siervo procurase la salvación del esclavo y que se encarnase el Hijo. Esa conveniencia es evidente, ya se consideren las cosas propias del Hijo, ya las que se le apropian.

Si se atiende a las cosas propias del Hijo es evidente, porque es el Verbo, la imagen y el Hijo de Dios; ahora bien, el hombre perdió por el pecado tres cosas, a saber: el conocimiento de la sabiduría, la semejanza de la gracia y la herencia de la gloria. Por eso fue enviado el Verbo, Imagen e Hijo.

Si se consideran las que se le apropian, también fue muy conveniente porque en la obra de la creación resplandece principalmente el poder; en la obra de la restauración, la sabiduría; y en la obra de la retribución, la bondad.

(De Humanitate Christi)