jueves, 21 de agosto de 2014

DOMINGO DE GUZMAN: Aprobación de la Orden


El Papa Inocencio III deseaba la celebración de un concilio general o ecuménico desde el comienzo de su pontificado, pero no logró reunirlo hasta poco antes de su muerte. Hizo público el proyecto en abril de 1213, tiempo en que Domingo sustituía en lo espiritual al obispo de Carcasona. Por voluntad del Papa fueron muchos los obispos que se encaminaron hacia Roma. Uno de ellos fue el obispo  Fulco de Tolosa, a quien acompañó fray Domingo.

Ambos, Fulco y Domingo, pudieron exponer al Papa problemas y proyectos relacionados con la predicación en Tolosa. Deseaban que les confirmara a favor de Domingo y sus compañeros una orden que se llamara y fuese de predicadores. Inocencio III comenzó por otorgar una bula el 8 de octubre de 1215, al prior fray Domingo, y a los frailes y hermanas de Santa María de Prulla, recibiéndolos bajo la protección apostólica. Según cuenta Constantino de Orvieto, el Papa Inocencio III tuvo un sueño profético, donde veía a Santo Domingo sostener la iglesia de Letrán. Este sueño, aseguró más tarde la aprobación de la Orden de Santo Domingo, y ha inspirado numerosas obras de arte, entre las que destaca una del dominico Fra Angelico.

  En la última sesión del concilio, Inocencio III le pidió a Domingo  que, de acuerdo con sus hermanos, eligiera una regla aprobada sobre la que se apoyara su orden, y, tras ello, confirmaría todo lo que le había pedido, a saber: los bienes, la predicación evangélica y el nombre de Predicadores. Pidió también al obispo Fulco que les asignara una iglesia.


Vuelto  Domingo a Prulla y Tolosa explicó a sus hermanos y hermanas comprometidos en la “Santa Predicación” lo vivido en el concilio de Letrán. Respecto a la regla, optaron por la que ya conocían de san Agustín, asumiendo también algunas observancias más estrictas relativas a comidas, ayunos, lechos y uso de vestidos de lana. Para ello se inspiraron en las costumbres de la orden Premonstratense. Establecieron también no tener posesiones, sólo las rentas les pareció bien mantener todavía. Respecto a la Iglesia, recibieron del cabildo de la catedral de Tolosa la iglesia de San Román, en dicha ciudad, además de la de Pamiers y la de Santa María de Lescure, entre Soreze y Puylaurens, aunque en ninguna de estas dos últimas llegó a morar ningún fraile.

Domingo salió hacia Roma en octubre de 1216, aunque unos meses antes había fallecido Inocencio III, siendo elegido como sucesor Honorio III. La actividad de Domingo, una vez llegado a Roma, fue intensa. Consiguió que se fuera preparando todo en orden a la confirmación que le había prometido Inocencio III. En la bula de 22 de diciembre de 1216, denominada de la “confirmación de la orden” se otorgaba al nuevo grupo protección y amparo apostólico para ponerlo a salvo de cualquier traba que pudiera impedir su propósito religioso de vida.  Decía así: “Honorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, a su querido hijo fray Domingo, prior de San Román de Tolosa, y a sus frailes que han hecho e hicieron profesión de vida regular, salud y bendición apostólica. Nos, considerando que los frailes de tu Orden serán en lo sucesivo los atletas de la fe y las verdaderas lumbreras del mundo, confirmamos tu Orden con todos los dominios y posesiones actuales y futuras, y nos tomamos a esta Orden, sus posesiones y derechos bajo nuestro gobierno”. Ha nacido así la nueva Orden de Predicadores.

Otra bula, continuaba con el reconocimiento de la nueva orden en los aspectos de legislación general.

Pero Domingo no partió hacia Tolosa de inmediato, 
sino que continuó por un tiempo en Roma. Por entonces venían  malas noticias del sur de Francia, que continuaba en guerra.  Le llegó incluso la dimisión del obispo Fulco. Domingo intensificaba su plegaria. Cuando se hallaba orando junto al sepulcro de San Pedro tuvo una experiencia espiritual verdaderamente decisiva, que narra Constantino de Orvieto con estas palabras: “Estando Domingo en Roma, en concreto orando en la basílica de San Pedro, pidiendo a Dios que conservara y aumentara la orden, vio cómo se le acercaban los Apóstoles Pedro y Pablo. Pedro le entregaba un báculo y Pablo un libro. Le decían: “Ve y predica, porque Dios te ha escogido para este ministerio”. Dicho esto le parecía ver a sus hijos diseminados por todo el mundo, yendo de dos en dos, anunciando la palabra divina”.

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PRECES por las Vocaciones Dominicanas:

Por  la intercesión de tantas hermanas fundadoras de congregaciones dominicas,

       te pedimos que des a los jóvenes un corazón generoso y dispuesto para anunciar tu Palabra a través de la educación y el servicio a los enfermos.