lunes, 7 de mayo de 2012

Sed buenos



Por tanto, os digo… 

Sed buenos: 
La maldad parece que está adueñándose del mundo;

la maledicencia y la malevolencia ocupan cada vez mayores espacios
y penetran cada vez más profundamente. 
Sed buenos: 
El sacerdote debe ser ciertamente el hombre de la santidad,

de la fe, de la esperanza, de la alegría,
de la palabra, del silencio, del dolor.
Pero debe, sobre todo, ser bueno:
debe ser el hombre del amor.

Si el sacerdote que entra en una parroquia

o en cualquier otro lugar donde están reunidos los hombres,
encontrase frialdad, extrañeza, contienda y enfriamiento,
pero él fuese y apareciese "bueno",
ciertamente no podrá realizar milagros y deberá esperar;
pero su espera jamás será inútil
y, casi con toda certeza, no será prolongada ni extenuante. 

Sed buenos: 
Buenos en vuestro rostro,

que deberá ser distendido, sereno y sonriente;
buenos en vuestra mirada,
una mirada que primero sorprende y luego atrae. 

Buena, divinamente buena, fue siempre la mirada de Jesús.

¿Lo recordáis?
Cuando Pedro fue alcanzado y traspasado
por aquella mirada divina y humana,
lloró amargamente. 

Sed buenos en vuestra forma de escuchar: 
De este modo experimentaréis, una y otra vez,

la paciencia, el amor, la atención
y la aceptación de eventuales llamadas.

Sed buenos en vuestras manos: 
Manos que dan, que ayudan,

que enjugan las lágrimas,
que estrechan la mano del pobre y del enfermo
para infundir valor,
que abrazan al adversario y le inducen al acuerdo,
que escriben una hermosa carta a quien sufre,
sobre todo si sufre por nuestra culpa;
manos que saben pedir con humildad
para uno mismo y para quienes lo necesitan,
que saben servir a los enfermos,
que saben hacer los trabajos más humildes. 

Sed buenos en el hablar y en el juzgar: 
Sed buenos, si sois jóvenes, con los ancianos;

y, si sois ancianos, sed buenos con los jóvenes.

Sed contemplativos en la acción: 
Mirando a Jesús -para ser "imagen de Él"-

sed, en este mundo y en esta Iglesia,
contemplativos en la acción;
transformad vuestra actividad ministerial
en un medio de unión con Dios. 

Estad siempre abiertos y atentos

a cualquier gesto de Dios Padre y de todos sus hijos,
que son hermanos nuestros. 

Sed santos: 
El santo encuentra mil formas, aun revolucionarias,

para llegar a tiempo allá donde la necesidad es urgente;
el santo es audaz, ingenioso y moderno;
el santo no espera a que vengan de lo alto
las disposiciones y las innovaciones;
el santo supera los obstáculos
y, si es necesario,
quema las viejas estructuras superándolas… 

Pero siempre con el amor de Dios

y en la absoluta fidelidad a la Iglesia
a la que servimos humildemente
porque la amamos apasionadamente.

Pedro Arrupe, sj,  Retiro a sacerdotes en 1976