viernes, 25 de mayo de 2012

A la Bienaventurada María


A ti Madre nos acercamos con confianza.
En ti, que has creído en las palabras mandadas desde el cielo
y las has llevado en tu corazón,
nos refugiamos la Familia Dominicana.



En ti se ha hecho carne la Palabra de la que participamos, 
que contemplamos y que alabamos, 
que predicamos y por la que vivimos.

Bajo tu amparo, hoy de nuevo,
nos consagramos al ministerio de la Palabra encarnada
y nos consagramos también a ti,
para que escuchando, como tú,
interiormente la Palabra y siendo ungidos por el Espíritu, 
del que tú fuiste sagrario,
nos dediquemos incansablemente
a la predicación del nombre de tu Hijo por el mundo.


Tú, iluminada desde tu interior,
has conocido el misterio de la Palabra.

Haz que por ti podamos nosotros

percibir ahora su presencia en la historia de nuestro tiempo 
para que lleguemos a contemplarla
cara a cara en el cielo.


A través de ti
el Padre envió a su Hijo al mundo para salvarlo; 
que por ti podamos ser testigos ante los hombres  
de la Verdad que hace libres 
y del amor que reúne.


Te pedimos que tú, madre nuestra,
aumentes nuestras fuerzas
y conserves el carisma de nuestra Familia Dominicana,
de modo que todo lo realicemos para la salvación del mundo
y alabanza y gloria de Dios Padre. 

Amén.

Actas Cap. Gen. O.P. 1974; LHOP, p.1857