miércoles, 19 de octubre de 2011

Rosario y concepción


Las palabras del ángel prometen fertilidad, la fertilidad a una virgen y a una mujer estéril. La bendición de Dios nos hace fecundos. Cada uno de nosotros, por su nacimiento individual, es el fruto de entrañas benditas. Yo creo que la bendición prometida por el ángel toma siempre la forma de fecundidad en toda vida humana. Es la bendición de nuevos comienzos, la gracia de la frescura. Quizá estamos hechos a imagen y semejanza de Dios para que compartamos la creatividad de Dios. Somos sus asociados en la creación y la recreación del mundo. El ejemplo más dramático y más milagroso es el nacimiento de un niño. Los hombres, que no pueden sin embargo vivir este milagro, son benditos por la fertilidad. Frente a la esterilidad, la aridez, la futilidad, Dios viene a ofrecer un mundo fértil. Cada vez que Dios se acerca a nosotros es para volvernos creativos, para transformarnos, para renovarnos, bien sea al labrar la tierra, al plantar y sembrar, o bien en el arte, la poesía, la pintura.

"Bendito el fruto de tu vientre". Tal vez la mejor manera de predicar el milagro de esta fertilidad sea el arte, la pintura, el canto, la poesía. Ahí están, pues, las modestas participaciones de esta bendición misma, de esta infinita fertilidad de Dios.


Una historia encantadora, contada por Malraux a Picasso, cuenta cómo cuando Bernardita de Lourdes entró al convento, una multitud de personas le enviaban imágenes de la Virgen. Ella, sin embargo, no las tuvo nunca en su habitación ya que, decía, estas estatuas no se parecían a la mujer que ella había visto. El obispo le envió álbumes de célebres cuadros de la Virgen, pintados por Rafael, Murillo y otros. Observó las caras barrocas de las que había visto representaciones y las vírgenes del renacimiento. Ninguna le parecía exacta. Luego vio a la Virgen de Cambral, copia del siglo XIV, un antiguo icono bizantino. Entonces dijo: "es ella".

No es quizás sorprendente que la joven que había visto a la Virgen la reconociera en un icono, fruto del arte sagrado, fruto de una santa creatividad.