martes, 25 de octubre de 2011

Los misterios del Rosario y la Historia de la salvación


El Avemaría individual es, pues, la oración del viaje que cada uno de nosotros debe recorrer, del nacimiento a la muerte pasando por el momento presente, ya que, a fin de cuentas, nuestra vida tiene sentido en sí misma, individualmente. Pero también es verdad que nuestra vida no tiene sentido total si no es incluida en una historia más amplia que se extienda de todo principio hasta el fin desconocido, de la Creación al Reino. Y esta amplitud viene dada por los misterios del Rosario que cuentan la historia de la Redención.

Se han comparado los misterios del Rosario a la Suma Teológica de Santo Tomás. Cuentan, a su manera, cómo todo viene de Dios y todo vuelve a Dios ya que cada misterio del Rosario forma parte de un único misterio, el de nuestra Redención. "Llevar nuevamente todas las cosas bajo un solo Señor, el Cristo, tanto los seres terrestres como los celestes"(Ef.1,10).


Se podría, pues, decir que cada "Avemaría" representa una vida individual, con su historia entera de la vida a la muerte. Pero todas estas "Avemarías" están ensartadas en una historia más amplia, la de la Redención. Tenemos necesidad de dos dimensiones, una historia a dos niveles. Necesito dar forma y sentido a mi vida, a la historia de mi carne y de mi sangre, con mis fracasos y mis éxitos. Si no hay lugar para mi historia individual, me perderé en la historia de la humanidad ya que Cristo me dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". Tengo necesidad de este Avemaría individual, mi pequeño drama personal, para hacer frente a mi pequeña muerte personal. Mi muerte no significa, quizá, gran cosa para la humanidad, pero para mi será más bien importante.

Sin embargo no basta con mantenerse a este nivel personal. Debo ver mi vida insertándose en el drama más amplio del designio de Dios, mi historia no tiene sentido cerrada sobre si misma. Mi Avemaría individual debe encontrar lugar en los misterios del Rosario. Así el Rosario propone el perfecto equilibrio del que necesitamos para la búsqueda del sentido de nuestra vida, a la vez sobre el plan individual y sobre el plan colectivo.