domingo, 23 de octubre de 2011

Rosario: "En la hora de nuestra muerte"


El último momento de nuestra vida corporal del que estamos seguros es la muerte. "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Ante la muerte, rezamos el Rosario. Yo acabo de volver de Kinshasa, en el Congo, donde muchos de nuestros hermanos han afrontado la muerte estos últimos años. La Provincial de las hermanas Misioneras de Granada, Sor Cristina, me comentó cómo durante la última guerra, ella y sus hermanas tuvieron que huir de su casa hacia el Norte del Congo. Algunos de sus amigos las escondieron en el monte. Ella es médico y en la huida se cruzó con un hombre cuya esposa había sido salvada por ella. El le dijo que ahora era su turno de salvarle la vida. Oyeron disparos de fusiles a su alrededor. Se les dijo que los rebeldes habían encontrado su escondite y que vendrían pronto a matarlas. Ante esta muerte anunciada, las Hermanas rezaron el Rosario. Es la oración que María hará por nosotros cuando estemos ante la muerte. No estaremos solos. Recuerdo ahora a mi padre. Durante la segunda guerra mundial mi madre y sus tres hijos mayores se quedaron en Londres. Pronto iba a nacer yo. A pesar de las bombas que, noche tras noche, arrasaban Londres, mi madre persistía en su empeño de estar disponible ante la eventualidad de que mi padre pudiera tener un permiso para volver a casa. Mi padre prometió que si toda la familia sobrevivía a la guerra, rezaría el Rosario todas las noches. Así, entre mis recuerdos de infancia, veo a mi padre, tarde tras tarde, antes de la cena, recorriendo el salón a grandes pasos rezando el Rosario. Daba gracias, todas las noches, porque todos habíamos sobrevivido a esta amenaza de muerte. Uno de los últimos recuerdos que guardo de mi padre es el que se refiere a unos momentos antes de su muerte. Estaba ya demasiado débil para poder rezar. Así pues, su familia, su mujer y sus seis hijos se reúnen alrededor de su cama y rezan el Rosario por él. Era la primera vez que él no podía hacerlo. Su muerte, rodeado de todos nosotros, fue una respuesta a esta oración que él tantas veces había repetido: "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".


T.S. Elliot implora en uno de sus poemas: "Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestro nacimiento". Y tiene razón. Debemos afrontar estos tres momentos de nuestra vida: nacimiento, el presente y nuestra muerte. Pero en cada instante aspiramos a la misma cosa: un nuevo nacimiento. Esto a lo que aspiramos ahora, como pecadores, no es una piedad que se contentaría con olvidar lo que hemos hecho, sino la misericordia que hará de nuestras acciones también un momento de renacimiento, de un comienzo nuevo. Y frente a la muerte, desearemos, de nuevo, que las palabras del ángel vengan a anunciarnos una nueva fertilidad ya que toda nuestra vida está abierta a la infinita novedad de Dios, a su inagotable frescor. El ángel va y viene con nuevas anunciaciones de la Buena Nueva.


Fr. Timothy Radcliffe, op