viernes, 21 de octubre de 2011

El Rosario y el momento presente


El Rosario evoca también otro momento, no solamente del nacimiento, sino el momento presente. "Ruega por nosotros pecadores, ahora". Ahora es el instante presente en la peregrinación de nuestra vida, cuando debemos mantenernos, sobrevivir, proseguir nuestro camino hacia el Reino.

Es interesante recalcar ese instante presente, considerado como un momento en el que nosotros, pobres pecadores, necesitamos de compasión. Una compasión profundamente dominicana. Recordaréis cómo Domingo rezaba siempre así a Dios: "Señor, ten piedad de tu pueblo. ¿Qué será de los pobres pecadores?" El presente es un momento en el que necesitamos de compasión, de misericordia. En la Capilla Sixtina hay un fresco del Juicio Final y en él un hombre es izado fuera del purgatorio por un ángel del Rosario.

El presente es el tiempo en el cual debemos sobrevivir, ignorando cuánto tendremos que esperar el Reino. Un dominico americano volvió a China hace algunos años. Al llegar encontró allí diversos grupos de laicos dominicos que habían resistido los años de persecución y de aislamiento. La única cosa que habían guardado durante todos estos años fue la recitación del Rosario juntos. Era el pan cotidiano de la supervivencia.


Y habiendo ido a regiones alejadas de Méjico, allí encontraron grupos de laicos dominicos que, no habiendo tenido contacto con la Orden desde hacía muchos años, varios de nuestros hermanos descubrieron lo mismo. La única práctica que se mantenía era la oración del Rosario. Es la oración para los que sobreviven al tiempo presente.

Bede Jarret, provincial inglés en los años treinta, envió a Suráfrica un miembro de su provincia llamado Bertrand Pike. Iba para ayudar en la nueva misión de la Orden. Pero Bertrand se sintió incapaz de afrontar dicha tarea. Bede le recordó, en una carta, una época, durante la guerra, en que había sacado ánimo en el rezo del Rosario. "Recuerda aquel día terrible en que debías atravesar trincheras en Ypres, cuando el ánimo te faltaba y después de tres o cuatro tentativas en las que te atreviste a pasar, te diste cuenta de que los bordes recortados de las cuentas de tu rosario habían mordido la carne de tus dedos, por aquel movimiento inconsciente de agarrarlo intentando sacar ánimo en aquellas tentativas... Mi querido Bertrand, ánimo y miedo no se oponen. Solamente tienen valor aquellos que cumplen con su deber aún cuando tienen miedo".


Fr. Timothy Radcliffe, op