
01/03/2010 FRANCISCO MELLADO
El sol apuntaba fuerte en la sierra cordobesa. El paisaje, ajeno al bullicio de cornetas y tambores de algunos de los actos previstos ayer en la apretada agenda cofrade, sirvió para acoger un año más el día que los cofrades cordobeses señalan en el calendario para postrarse a las plantas de su patrón, San Alvaro de Córdoba, el dominico que instauró el primer Vía Crucis de Occidente.
Poco a poco, iban llegando los cofrades. Poco a poco y... pocos, pocos. Quizás, porque muchas cofradías estaban preparadas para comenzar sus respectivas fiestas de regla. Ya con los asistentes sentados en el recoleto santuario, un museo desconocido por muchos cordobeses, subió al atril Miguel Bravo, secretario de la Agrupación de Cofradías, para presentar al protagonista de la jornada festiva, el historiador Juan José Primo Jurado. El exaltador estructuró su amena disertación en lo que él mismo definió como "las cinco claves de San Alvaro", comenzando con un poema de Pablo García Baena, su predecesor en el atril, para seguidamente exaltar la cordobesía del santo. "Pese a que podría ser natural de Zamora es en Córdoba donde realizó su gran obra, en Córdoba es donde fallece y Córdoba es la que con orgullo guarda su memoria", señaló.

Tras el emotivo acto, el coro Ramón Medina del Real Círculo de la Amistad entonó el canto de entrada con el que daba comienzo la eucaristía presidida por el entusiasta dominico padre Mariano del Prado, consiliario de la hermandad del Santísimo Cristo y San Alvaro.
Finalmente, y aprovechando la tregua que el agua dio a la mañana, la imagen del santo volvió a recorrer el entorno del Santuario a hombros de los cofrades sobre una parihuela exornada con clavel rosa.
Tras ser depositado el busto en el altar mayor, se dio paso a un momento distendido donde los cofrades, con una temperatura casi primaveral, tuvieron un tiempo de convivencia en este inmejorable paraje de la sierra cordobesa.
Diario Córdoba
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