martes, 9 de marzo de 2010

Carta abierta a los que no van a la iglesia

Ronald Rolheiser es sacerdote, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Estados Unidos. Escribe esta interesante reflexión, que puede venir bien a muchos.

Querido compañero peregrino:

Te saludo como a quien está buscando sentido y felicidad, como todos nosotros. Sé que eres sincero; si no, no estarías leyendo esta carta abierta. Quiero que sepas, lo primero de todo: te echamos de menos en la Iglesia. No pasa un solo domingo sin que sintamos tu ausencia. Únete a nosotros.

Sí, ya sé que esto no es ni sencillo ni fácil. El corazón tiene sus razones, dijo el filósofo francés Pascal. Bueno, la Iglesia tiene también sus complejidades. Quizás es precisamente una de esas complejidades la que te hace difícil franquear regularmente la puerta de una iglesia. Así pues, no intentaré almibarar a la Iglesia. La Iglesia es una expresión del amor y misericordia de Dios, que está lejos de ser perfecta, y es una expresión imperfecta de la voluntad salvífica universal de Dios para todos los seres humanos. Algunas veces la Iglesia bloquea el amor de Dios tanto como lo revela. Ella ha sido siempre, y permanece todavía, un vehículo tanto de la gracia como del pecado. ¿Cómo logramos superar su lado oscuro?

Carlo Caretto, el famoso escritor espiritual italiano, anciano ya, escribió esta Oda a la Iglesia:

¡Cuánto te tengo que criticar, Iglesia mía,
y sin embargo, cuánto te amo!
Me has hecho sufrir más que nadie,
y, sin embargo, a ti te debo más que a ningún otro.
Me gustaría verte destruida,
y, sin embargo, necesito tu presencia.
Me has escandalizado mucho,
y, sin embargo, solamente tú me has hecho comprender la santidad.
Nunca he visto nada en este mundo
más condescendiente y más falso que tú,
y, sin embargo, nunca he tocado nada más puro,
más generoso y más bello.
Incalculables veces he tenido ganas
de darle con la puerta de mi alma en las narices,
y, sin embargo, cada noche, he rogado
para que pueda morir seguro en tus brazos.
No, no puedo librarme de ti,
pues soy uno contigo, aunque no soy completamente tú.
Y además, ¿adónde iría yo? ¿A construir otra Iglesia?
Pero no podría construirla sin los mismos defectos,
porque son mis defectos.
Y de nuevo, si hubiera yo de construir otra Iglesia,
sería MI Iglesia, no la Iglesia de Cristo.
No, soy bastante mayor ya. Sé comportarme.

                                                          (Continuar leyendo)