lunes, 25 de diciembre de 2023
domingo, 24 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Cuarto Domingo
MARÍA Y EL ANGEL GABRIEL
Hoy vemos la actuación de Dios a través del ángel Gabriel, enviado para dar una gran noticia a María, una joven virgen que habitaba en la ciudad de Nazaret.
“El ángel entrando en su presencia…”, es decir, no se impone de manera estrepitosa en la vida de María, al contrario, la visita allí donde está, de manera profunda, entrando también en el santuario de su alma. Así es como nos visita el Señor a nosotros, allí donde nos encontramos, en lo concreto de nuestra historia, sin grandes espectáculos, el Señor entra en nuestra presencia, en lo más íntimo de nuestro interior.
Lo primero que le dice el ángel a María es “Alégrate, llena de gracia”, le da a María un nombre nuevo y esto causa una gran alegría, llena de gracia, colmada de las bendiciones de Dios. Esto es lo que hace Dios con cada uno de nosotros, a ti y a mí nos ha dado un nombre nuevo: hijos de Dios, ¿Cómo no saltar de alegría ante todo el amor que derrocha Dios sobre sus hijos?
María se pregunta y se sorprende ante el saludo y la noticia del ángel, ¿falta de confianza, falta de fe? Al contrario, aquí es donde María cree y confía más que nunca, lo único que ve es su pequeñez. Sin embargo, cuántas veces dudamos nosotros de la obra de Dios en las cosas que no entendemos, cuando nuestros proyectos no salen como esperamos, nos cuesta seguir en pie y confiar, muchas veces no nos dejamos sorprender por Dios y nos aferramos a nuestros planes y formas de ver las cosas.
María pronuncia el “Hágase”, y el ángel la deja, porque Dios mismo habita dentro de ella, el ángel ha cumplido su misión y da paso a la gran obra de Redención en la humanidad.
¡Cuántas enseñanzas de la mano de una joven de Nazaret! Así viene Dios a nuestro encuentro, en lo sencillo de cada día, Él quiere realizar proyectos maravillosos en nuestra vida, sólo si le dejamos. Digamos como María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Sor Mihaela María, OP.
sábado, 23 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Sábado 3ª Semana
JUAN ES SU NOMBRE ¿QUÉ SERÁ DE ESTE NIÑO?
La palabra de Dios nos indica hoy una escena familiar que podría resultar intrascendente: ¿Qué nombre llevará el hijo de Zacarías e Isabel?
Entre nosotros, el nombre de un niño o niña depende solo del gusto de los padres: antecedentes familiares, recuerdos de una artista de una serie, sonoridad o novedad son motivos suficientes para que el recién nacido sea conocido así de por vida.
En el mundo antiguo no era así. Por ejemplo, en la cultura guaraní del Paraguay, una criatura al nacer es una palabra eterna de los dioses que empieza a crecer en el tiempo. El nacimiento se anuncia así: “está por tomar asiento un ser que será la alegría de los bien amados”. El ser humano, al comenzar a vivir será una “palabra que se pone en pie”. Y el nombre le será dado de lo alto. Se llama al “mitá renoí “ (”el que da nombre al niño”) que en oración y en comunicación con lo divino recibe a su tiempo, el nombre de la criatura: un nombre que no “tiene“ el niño, sino que “es” el niño.
Lo mismo pasaba en la revelación bíblica. El nombre significa la identidad y la misión. Juan (Yohanan en hebreo) significa “Yahveh es compasivo” y la vida entera de Juan el bautista desde su nacimiento hasta su martirio, será una prueba de que Dios no se ha olvidado de sus promesas para con su pueblo, como cantará en el benedictus su padre cuando recobra su voz desde la anterior mudez.
¿Y nosotros? La elección de nuestro nombre, como hemos dicho, puede haberse debido a muy diferentes circunstancias, pero es como un vaso vacío que vamos llenando con nuestras vidas, nuestras elecciones, nuestros actos, nuestras relaciones. Al final, cada nombre concreto es una persona concreta e irrepetible. Lo que era una denominación, se ha convertido en una descripción.
La pregunta de los vecinos de Zacarías e Isabel, era, pues, lógica: “Si tiene este nombre, esta identidad, esta misión ¿qué será de este niño? ¿Cómo se desarrollará esta persona y esta misión?
Y esta es también una pregunta para cada uno de nosotros. Sea cual sea nuestro nombre ¿qué haremos con nuestra vida y que misión positiva aportaremos o negaremos al mundo?
Fr. Francisco José Rodríguez Fassio, OP
viernes, 22 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Viernes 3ª Semana
ANA Y MARÍA “AGRADECIDAS”
La palabra agradecimiento atraviesa las lecturas que la Iglesia hoy nos presenta, una acción de gracias al Señor por el don de la vida, por su obra salvadora en medio de la historia y de la humanidad.
Hay un paralelismo entre la primera lectura y el Evangelio, dos mujeres: Ana y María, dos historias, un mismo Dios que crea la vida en medio de lo imposible.
Por un lado tenemos a Ana, mujer estéril, al borde de la desesperanza, mal vista a ojos de su pueblo…¿quién no hubiera caído en la desesperanza ante un sufrimiento tan grande? La gente se burlaba de ella, la despreciaban porque ser estéril era signo de castigo por los pecados cometidos; sin embargo, Ana experimenta el milagro de Dios en su vida.
Su vida, sumida en la tristeza y el abatimiento pasa a ser un canto de acción de gracias por la Misericordia que Dios ha tenido con ella. Por eso ofrece a su hijo Samuel con alegría, porque todo don recibido de parte de Dios sabemos que no es para nosotros mismos, sino para gloria y alabanza del Creador.
Vemos este canto agradecido también en la vida de María. Dios obra el gran milagro de que nazca su Hijo en el seno virginal de una muchacha, obra que María recibe sin condiciones. Nos damos cuenta de cómo el Señor es capaz de hacer germinar un fruto tanto en una tierra virgen como en una tierra árida y estéril.
Esto nos anima a no desfallecer en el camino, a no caer en la desesperanza, hemos de dar gracias por cada detalle de nuestra vida, que no viene de nosotros sino de Dios. Ana y María nos muestran la luz cuando todo parece a oscuras. Nuestra vida no está hecha para el temor o la resignación, estamos hechos para la alegría, para que de nuestro corazón salga un continuo “Hágase”.
Sor Mihaela María, OP.
jueves, 21 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Jueves 3ª Semana
Isabel
Vivimos en un tiempo de prisas y ruidos. En este tiempo de Adviento las lecturas están llenas de esperanza y nos recuerdan que se trata de un tiempo de espera. Somos impacientes y queremos resultados rápidos y respuestas inmediatas.
Nos dice San Lucas que María se puso en camino y fue a visitar a su pariente Isabel. Un encuentro de dos mujeres lleno de amor, sin pedir ninguna de ellas explicaciones y lleno de alegría.
Las escrituras nos presentan a Isabel y a Zacarías como justos a los ojos de Dios, fieles, que seguían sus preceptos. Ambos sufrían en su corazón, no habían concebido a un hijo; pero su unión sería sólida, se amaban. Isabel era estéril y en su contexto cultural y religioso eso provocaba marginación social.
Zacarías e Isabel nos enseñan que nunca debemos perder la esperanza, “nada es imposible para Dios”. Cuando ya eran mayores y habían tenido que soportar lo que suponía socialmente el no tener familia, Dios hace maravillas en la vida de ellos.
Isabel es una mujer piadosa, respetuosa de Dios, esposa de Zacarías, sacerdote, y madre de Juan el Bautista. Toda una vida sin tener hijos y queda embarazada en su vejez. Su cuerpo estaba ya cansado pero el Espíritu le daba fortaleza física y espiritual. Y, a pesar de su edad avanzada, pudo dar a luz y recuperarse para llevar al niño a ser circuncidado.
Tanto María como Isabel serían objeto de murmuraciones y, tal vez, de desprecio. Tenían razones para estar confundidas y, sin embargo, el encuentro entre ellas fue alegre; incluso saltó de gozo el niño en el vientre de Isabel.
Isabel oyó la voz de María, estaba atenta y le reconoce como madre de su Señor. A pesar de ser la mayor, se muestra humilde y alegre ante María. Se llena del Espíritu. Su corazón cree sin pruebas, ama de verdad, experimenta el poder del Señor.
Las palabras que Isabel le dice a María se las dice en voz alta y seguro que confortaron y consolaron a María. E hicieron que entonara la oración del Magníficat, en el que alaba a Dios y expresa su alegría de ser elegida madre de Dios.
No sabemos mucho más de Isabel, pero sí que se mantuvo firme a Dios y llamaría a su hijo como Él le había dicho, Juan. Seguro que tendría una vejez llena de señales y milagros de Dios, y seguro que guardaría también muchas cosas en su corazón, mujer orante.
Isabel es la madre de Juan el Bautista, el profeta que deberá preparar el camino a Jesús. Isabel le daría mucho amor y le enseñaría a ser humilde y a confiar en Dios, porque Él puede hacer maravillas.
Alegrémonos por el modo que Dios actúa en nuestras propias vidas y estemos abiertos a la intervención de Dios. Seamos su instrumento y estemos atentos a las necesidades de nuestros hermanos.
Paqui Román Ramos, OP
miércoles, 20 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Miércoles 3ª Semana
EL ARCANGEL GABRIEL
El arcángel San Gabriel es un personaje destacado, no solo para nosotros los cristianos, también para el judaísmo y el islam. Su presencia puede encontrarse en diversas ocasiones en la Escritura, donde actúa siempre como ángel anunciador; sin embargo, es en este pasaje de la anunciación donde su figura adquiere mayor relevancia, cuando su papel resulta más significativo para los creyentes:
Ante todo, como arcángel, Gabriel es un mensajero de Dios, algo a lo que todos los cristianos estamos llamados también. Nuestra vocación más general es la de transmitir su amor y su palabra allá donde nos encontremos. En el evangelio de hoy, nuestro protagonista nos muestra, además, cómo hacerlo.
En el saludo inicial encontramos una invitación a la alegría, enseñándonos en primer lugar que hemos de tratar que nuestra presencia, palabra y acciones como Iglesia siempre despierten ese gozo profundo en los hermanos. No desde la ingenuidad, el paternalismo o el fingimiento de quien pretende que no existe el dolor o relativiza los sufrimientos, sino a partir de la profunda convicción que también forma parte de la presentación del ángel: la de que, a pesar de todo lo que pueda ocurrirnos, Dios está incondicionalmente con cada ser humano, su Gracia no deja de derramarse sobre nosotros.
La narración nos indica después que, tras recalcar todo lo bueno de la persona, lo querida y especial que es para Dios, el portavoz divino siempre trae una buena noticia de parte de Dios. Cometemos un error cuando los telediarios, los problemas a nuestro alrededor o las limitaciones y errores de cada cual, nos llevan a ser cristianos desesperanzados, agoreros de calamidades.
Allá donde vayamos tenemos que ser expresión de la buena noticia de Jesucristo, que quiere nacer y quedarse en la vida de cada hombre, pero serlo como Gabriel, como propuesta, nunca como imposición y sabiendo retirarnos en el momento adecuado, para que en el centro siempre esté el Señor y no el propio “yo”.
La misión que compartimos con este personaje es preciosa pero también difícil, la única forma de poderla desarrollar es teniendo en cuenta que “Gabriel” significa "fuerza de Dios". Solo podemos hacerlo desde Él, tan solo con su fuerza, un dinamismo todopoderoso que es el del amor más sincero.
Fr. Félix Hernández Mariano, OP
martes, 19 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Martes 3ª Semana
ZACARÍAS:
Los cómo humanos ante los comos de Dios
A la hora de comprender y orar con la Biblia, es muy importante captar que no se nos ofrecen consejos abstractos, como si fuera un libro de autoayuda, sino que, sobre todo nos presenta historias de personajes reales. Al decir reales, me refiero a que tienen límites, defectos, tropiezos, pecados incluso, pero también esperanzas, sueños, ilusiones. No son arquetipos, sino personas de carne y hueso. Y por eso, nos son útiles para nuestra propia vida: todos nos podemos sentir identificados con Adán, Pedro, David, Magdalena, María, etc., etc. De ese modo, nos ayudan en nuestras propias visiones y decisiones.
Hoy la liturgia nos presenta a un matrimonio ejemplar: Zacarías y su mujer Isabel: “los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes de Dios” (Lc 1, 6) ¡Buen elogio, sin duda! Pero no tenían hijos porque Isabel era estéril y eso era motivo de vergüenza y afrenta ante los demás (Lc 1, 25).
Pero, durante su servicio en el templo, Zacarías recibe una visión en la que se le dice que sus plegarias han sido escuchadas y su mujer le dará un hijo que, lleno del Espíritu Santo, preparará el camino del Señor para procurarle un pueblo bien dispuesto (Lc 1, 11-17).
¿Cuál es la reacción de Zacarías?: Una pregunta: “¿Cómo será esto, porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada?” (Lc, 1, 18). Pregunta lógica e inteligente, como la de María ante el anuncio del ángel “¿Cómo será esto, si no conozco varón?” (Lc 1, 34) En las dos hay una constatación de la desproporción entre la promesa de Dios y las posibilidades humanas. Pero en Zacarías hay un elemento más: la incredulidad. Quizás por su misma edad, ya no tiene tiempo para ilusiones y sueños. Confunde la experiencia de su vida con la potencia de Dios que puede hacer surgir lo nuevo. En María, la misma pregunta por el “¿cómo será eso?”, va acompañada de juvenil y animosa disponibilidad.
La Iglesia y los cristianos, aunque seamos buenas y cumplidoras personas, como Zacarías, a veces nos parecemos más a él que a María. Achicamos la acción de Dios a la medida de nuestros miedos y resignaciones. Matamos la confianza en Dios porque hemos matado la capacidad de tener esperanza, ilusión, ganas de salir de las zonas de confort y entrar en lo nuevo que nos abre Dios. Un buen ejemplo es nuestra actitud y compromiso en el camino sinodal. Esperamos que pase como una moda más y el año que viene tengamos otro eslogan o campaña eclesial para entretenernos.
Zacarias se quedó mudo porque no tenía ya nada que decir que fuera significativo para el pueblo que esperaba. No nos quedemos mudos ni personal, ni eclesialmente.
Fr. Francisco José Rodríguez Fassio, OP
lunes, 18 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Lunes 3ª Semana
José
No pueden entenderse estos días de espera y de esperanza, de memoria del nacimiento de Jesús -que vino, que viene, que vendrá-, sin la figura de José, su padre en la tierra, el designado por Dios para educarle entre nosotros, los hombres, el enamorado de María, la madre de Jesús.
De José las escrituras, nos dicen aún menos que de María, la Virgen Madre de Dios, y eso hace de su figura, una persona fascinante. Se mezcla su persona con el mito y las preguntas, en una sugerente presencia evocadora de misterio y gracia.
Seguramente una de las más evocadoras reflexiones sobre san José la ha hecho el Papa Francisco en su carta de 2020 PATRIS CORDE, con motivo de la memoria de haberlo declarado 150 años atrás Patrono de la Iglesia, su protector y cuidador… como en su día lo fue de María y de Jesús. Si no pudieron en su día leerla, no dejen de hacerlo ahora: https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20201208_patris-corde.html
Hoy, en estas puertas de Navidad, en la última semana de este Adviento que vivimos, envueltos en la espera y la esperanza, les animo a que recemos juntos tratando de hacernos eco de las emociones y sentimientos que aquel José de carne y hueso tuvo, pidiéndole que sea para nosotros cuidador, protector, mediador, educador, como lo fue de Jesús y de María.
San José, ruega por nosotros:
Vives en silencio.
Prudente.
Sabio.
Santo.
Padre que quieres tanto que quieres todo lo que Dios quiere.
Quieres a María.
Con todo lo que ella es. ES.
¿Dudaste alguna vez?
Tu amor pudo más.
¿Tuviste miedo alguna vez?
Seguro.
¿Cómo se vence el miedo y la duda?
En el silencio del cuidado.
Ni enseñar siquiera pretendes.
Tan sólo vives. Haces. Eres. Amas. Cuidas.
José, hombre quedo, enamorado, justo, bueno,
Enséñanos a amar como tú.
En silencio.
Fr. Vicente Niño Orti, OP
domingo, 17 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Tercer Domingo
JUAN el BAUTISTA, TESTIGO DE LA LUZ
La Navidad se anuncia en nuestras calles por luces y más luces, de formas diversas, que se encienden al atardecer; para la mayoría son un reclamo comercial o turístico, aunque solo unos pocos sean capaces de ver en ellas la señal de aquella Luz que atravesó nuestra historia en Cristo, Luz del mundo (Jn 8,12), y que hizo posible que toda oscuridad fuese vencida en su nacimiento y en su Pascua. Por eso añadimos velas y otras señales luminosas en nuestra decoración del hogar. Más allá de la estética, apuntan a la Luz que vence toda oscuridad, que nos llama y atrae, que se convierte en faro de esperanza y puerto seguro para tantos hombres y mujeres errantes…
Cuando el apóstol Juan escribe su evangelio, a finales del s. I, todavía existían algunos discípulos del Bautista, que lo tenían como modelo de vida, incluso de forma complementaria a Jesús. Por eso el evangelista recalca el papel subordinado de aquel que bautizaba en el Jordán: el sentido de su misión había sido solamente apuntar a Jesús, a quien señaló en el bautismo y en los signos de liberación que posteriormente conoció. En esta cultura nuestra, en la que nos gusta ser “actores principales”, “brillar con luz propia”, el Adviento nos propone ser “secundarios”, dejar el protagonismo al único que puede salvar, que da sentido a todo y a todos. ¡Esa es la función de los testigos! Señalar, saber quedarse detrás, remitir a alguien más grande…
Decía Tomás de Aquino, cuyo jubileo estamos celebrando, que es más importante iluminar que brillar, o dar a los demás lo contemplado que únicamente contemplar. Brillar es tentador, en esta época de apariencias… Juan Bautista ha visto la luz en Jesús y la señala. Sus gestos proféticos, incluida su muerte valiente, son un reflejo coherente del fuego y la pasión que ha recibido del Mesías. ¡Por eso se tiene a sí mismo como testigo!
El mundo en el que vivimos necesita urgentemente “testigos de la luz”; no “estudiosos” solamente, o personas que hablen “de oídas”. Hombres y mujeres que se hayan dejado cautivar por el fuego de Cristo y que sientan la urgencia de hablar de Él, incluso sin palabras. Personas que saben lo que es ir detrás del Maestro sin ser protagonistas. Creyentes que iluminen con la luz que Jesús mismo ha encendido en su adentro. ¿Nos animamos a ser testigos?
Fr. Fco. Javier Garzón Garzón, OP
sábado, 16 de diciembre de 2023
Adviento 2023 desde Scala Coeli: Caminamos en comunidad - Sábado 2ª Semana
¡Dichosos los que te vieron, Elías,
y se durmieron en el amor!
(Eclo, 48,11)
La frecuencia del Antiguo Testamento en la liturgia del Adviento, con sus protagonistas que nos hablan de salvación, de paz, de restauración, etc., nos remiten a la situación de los que esperan y nos disponen a la venida del Señor haciendo nuestras la actitudes de esos personajes.
La figura que destaca en la liturgia de este sábado de la segunda semana de Adviento es la del profeta Elías, llamado "el hombre de Dios" (1 Re 17,18-24), y no de un dios cualquiera, sino del Dios verdadero, del Dios vivo, del Dios de la Alianza. El lema de Elías, su sello distintivo, era: "Vive Yahvé, el Dios de Israel, en cuya presencia estoy". Con esta frase entraría en la historia del pueblo y se presentaría ante el rey Ajab y Jezabel (1 Re 17,1; 18,15).
Esta presencia tan profunda de Yahvé capacitaba a Elías para detectar y desenmascarar la falsa imagen de Dios difundida por los profetas de Baal, vinculados al rey Ajab y su esposa Jezabel (1Re 18,27), y para convertirse para el pueblo en la revelación del Dios vivo y verdadero.
El profeta Elías no actuaba por interés propio. Le impulsaba el celo por la causa de Dios (1 Re 19,10.14). Todo lo que hacía, lo hacía por Dios.
Entre los pobres, el profeta era visto como "el hombre que habla las palabras de Dios" (Reyes 17:24); y entre sus compañeros, los profetas de Betel y Jericó, como el hombre siempre disponible que podía ser arrebatado en cualquier momento por la acción imprevisible del Espíritu de Dios (2 Reyes 2:3, 5).
El profeta Elías ha entrado en la historia como "el hombre de fuego, cuya palabra quemaba como antorcha" (1ª lectura, Eclo 48,1) y como el que debía volver al final de los tiempos para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob (Eclo 48,10) y así preparar al Señor un pueblo bien organizado (cf. Lc 1,17).
¡Dichosos los que te vieron, Elías, y se durmieron en el amor! (Eclo, 48,11)
Fr. Jesús Nguema, OP
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