sábado, 4 de julio de 2026

Desde SCALA COELI - CÓRDOBA a CALERUEGA: HUELLAS DOMINICANAS EN ESPAÑA. (2)


Ávila y Segovia

Cuando hablamos de lugares dominicos llenos de historia y espiritualidad, Ávila y Segovia ocupan un lugar muy especial. Son dos ciudades donde todavía hoy podemos acercarnos a los espacios que ayudaron a construir la historia de la Orden de Predicadores y descubrir rincones que siguen transmitiendo paz, belleza y profundidad humana.

En Ávila encontramos el Real Monasterio de Santo Tomás. Constituye uno de los monumentos más importantes de Ávila y una de las grandes joyas del patrimonio dominicano español. Fundado en 1480 por iniciativa de Hernán Núñez de Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos, junto con su esposa María Dávila y fray Tomás de Torquemada, fue dedicado a Santo Tomás de Aquino. Las obras se desarrollaron entre 1482 y 1493, dando lugar a un magnífico conjunto gótico declarado Monumento Nacional en 1931.

Los Reyes Católicos eligieron este monasterio como residencia de verano y lugar de enterramiento de su hijo, el príncipe don Juan. Su impresionante sepulcro renacentista sigue siendo una de las piezas artísticas más admiradas del conjunto. 


El complejo destaca por su iglesia de planta de cruz latina y por sus tres magníficos claustros: el Claustro del Silencio, el Claustro del Noviciado y el Claustro de los Reyes. 




Especialmente notable es la belleza del piso superior del Claustro del Silencio, ejemplo sobresaliente de la arquitectura gótica castellana.


En el ala sur del Claustro de Reyes se pueden ver las aulas, ya remodeladas, de la desaparecida Universidad de Santo Tomás de Ávila, establecida a mediados del siglo XVi y clausurada en el siglo XIX.

Desde 1875 fue casa de formación de misioneros dominicos hasta 1963.

Pero el monasterio es mucho más que un lugar histórico. Sus tres claustros invitan a pasear sin prisas, disfrutando del silencio y de la belleza de la arquitectura gótica. Muchos visitantes destacan precisamente esa sensación de tranquilidad que se respira en cada rincón.


El monasterio alberga además los Museos de Arte Oriental y Ciencias Naturales. Sus salas exhiben valiosas colecciones procedentes de China, Japón, Filipinas, Vietnam y Taiwán, con piezas de madera, cerámica, jade, laca y otros materiales nobles. Esta singular colección convierte al monasterio en un lugar de encuentro entre la tradición dominicana y las culturas asiáticas. Es una visita que suele sorprender gratamente a quienes llegan pensando únicamente en un monumento histórico y descubren también un interesante viaje por otras culturas.

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Desde Ávila viajamos a Segovia para encontrarnos con uno de los lugares más entrañables de la historia dominicana: la Cueva de Santo Domingo. Según la tradición, en la Navidad de 1218, Santo Domingo llegó a Segovia para fundar el primer convento de frailes dominicos en España, buscó un lugar apartado donde poder orar y encontrarse con Dios. Eligió una sencilla gruta junto a la ciudad, cerca del río Eresma.

Aquella pequeña cueva se convirtió en un lugar muy querido para él y para sus primeros compañeros. Allí encontraba la fuerza espiritual que después transmitía en su predicación. Hoy los visitantes pueden acceder a este espacio singular y contemplar las capillas que se construyeron alrededor de la antigua gruta. Es un lugar sencillo, pero con una gran fuerza espiritual que invita al recogimiento y a la reflexión.



Muy cerca se encuentra también el Monasterio de Santo Domingo el Real, habitado por las monjas dominicas desde 1513. El convento se levantó sobre el antiguo Palacio de Don Alimán, una fortaleza del siglo XIII construida en parte con materiales de origen romano. 



Conserva elementos de gran interés histórico, como el amplio claustro, el antiguo palacio románico, la Torre de Hércules y una elegante iglesia conventual del siglo XVII. 


Uno de los trabajos que realizan las monjas en  la comunidad es artesanía de figuras religiosas todas ellas hechas a mano en oración silenciosa. Otros trabajos son encuadernación de libros y rosarios. Son dignos de admirar y también de adquirir.  


Tanto Ávila como Segovia ofrecen mucho más que monumentos. Son lugares donde la historia, la fe, el arte y la vida cotidiana se encuentran de una manera muy especial. Cada piedra, cada claustro y cada capilla guardan recuerdos de hombres y mujeres que dedicaron su vida a buscar la Verdad y compartirla con los demás.

Por eso, si alguna vez tenéis la oportunidad de acercaros a estas ciudades, no dejéis pasar la ocasión. Pasead tranquilamente por el Monasterio de Santo Tomás, acercaos a la Cueva de Santo Domingo y visitad Santo Domingo el Real. Seguro que volveréis a casa con bonitas fotografías y  algún recuerdo de artesanía, pero también con algo mucho más valioso: la experiencia de haber descubierto lugares llenos de historia, serenidad y amistad.


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