viernes, 15 de junio de 2012

Vivir eucarísticamente



La Eucaristía encierra en sí el germen de la recreación.
La Eucaristía nos atrae
y nos vivencia la comunión fraterna,
pero también nos envía a sembrar esa fraternidad,
con ves­tidos de solidaridad y de paz.
Sentarse a la mesa del Señor significa
una puesta en común de nuestros dones
y de nuestros corazones.
Antes de comer el pan de Cristo,
el discípulo ha de estar dispuesto a lavar los pies,
a abrir sus manos y sus brazos,
a partir el pan y hacerse pan,
lo que sea necesario
para que nadie quede excluido
de las mesas de Dios.


• Vivir eucarísticamente es optar por la fuerza miste­riosa de Cristo resucitado.
• Vivir eucarísticamente es contar con la fuerza libera­dora del Espíritu Santo.
• Vivir eucarísticamente es creer que el pan partido es un fermento de renovación de las personas, de la Iglesia y de la sociedad.
• Vivir eucarísticamente es crear lazos de comunión en un mundo roto y enfrentado.
• Vivir eucarísticamente es aprender a colaborar, res­petando la dignidad y los derechos de cada uno, respe­tando los carismas y capacidades de todos. .
• Vivir eucarísticamente es aprender a compartir.
• Vivir eucarísticamente es aprender a servir.
• Vivir eucarísticamente es optar por la gratuidad.
• Vivir eucarísticamente es vivir en el amor. Pero el amor entregado como el de Cristo, que se parte y se deja comer. “El que me come vivirá por mí” (Jn 6, 57).