domingo, 30 de octubre de 2011

El celeste trabajo de cantarte en octubre


¡Oh celeste trabajo de cantarte en Octubre!

¿Cuántas leguas del cielo te formaron el manto
con los gozos del agua que es metal de sereno
la inocencia del aire y los mares en vuelo?

Ser espuma una hora, ser alondra un minuto,
y llevarte en los hombros de marea en marea
y llevarte en las alas de segundo en segundo.

¡Oh celeste trabajo de cantarte en Octubre!

Humaniza tu rostro tu color de morena,
entre nardo y aceite, Mayordoma de plata
con aretes dormidos de luciérnagas castas.

Párpados que por dentro son pasaroles de ámbar
dan tierra a tus pupilas y rosicler de argento
aurora a tus mejillas, Mayordoma de plata…

¡Oh celeste trabajo de cantarte en Octubre!

Tu cabello de sombra en oscuros racimos,
parra es de tus hombros, bajo velo de luna,
y tu corona imanta cada vez más estrellas.

¡Alabastro con ojos! ¡Azucena con manos!
¡Cristal por el que pasa la luz y queda intacto!
fuiste madre, Señora, sin dejar de ser Virgen.

¡Oh celeste trabajo de cantarte en Octubre!

Miguel Ángel Asturias,
Nobel de Literatura 1967

Diálogos en la Vida: "La alegría mala"

sábado, 29 de octubre de 2011

Elogio al Rosario


Dios quiso hacerse hombre 
y a la Virgen eligió 
como madre en la tierra, 
Ella tuvo este honor.

Con el rezo del Rosario 
hacemos la reflexión 
de los misterios divinos 
que son nuestra salvación.

Alabamos a María, 
le pedimos protección, 
repetimos el saludo 
que del ángel recibió.

Veneramos, suplicamos, 
amparo, la salvación, 
a la Reina de los Cielos, 
a la Madre del Señor.

Es en sí la letanía 
elogios y peticiones 
expuestos en armonía 
y clamor de corazones.

Rezamos el Padrenuestro 
que Jesús nos enseñó, 
oración en sí completa 
que sin duda es la mejor.

Éste incluye que se haga 
en todo su voluntad, 
Él sabe lo que conviene 
a todos y a cada cual.

Hemos de perdonar siempre, 
es esto una condición, 
para recibir nosotros 
del Padre ya su perdón.


Fr. Bernardino Rodríguez González, op

jueves, 27 de octubre de 2011

Rosario y repetición


He intentado dar sucintamente algunas razones por las cuales el Rosario es ciertamente una devoción profundamente dominicana. El "Avemaría" contiene todas las características de una homilía perfecta y, además, breve. Y el Rosario en su conjunto está marcado por el tema del caminar, el nuestro y el de la comunidad. Todo esto concuerda muy bien con la vida de la Orden de predicadores itinerantes. Hubiera podido insistir sobre otros aspectos, como los fundamentos bíblicos de los misterios, pues se da ahí una meditación prolongada de la palabra de Dios en las Escrituras. Pero ya he hablado suficiente.

Debo, no obstante, responder a una última objeción. He querido evocar la riqueza teológica del Rosario. El hecho es, sin embargo, que al rezar el Rosario raramente se piensa en lo que es. En realidad no pensamos en la naturaleza de la predicación, o en la historia humana y su nexo con la historia de la salvación. Hacemos un gran vacío en nuestro espíritu. Nos sucederá, incluso, a veces, que nos preguntemos por qué, pues, repetimos sin cesar las mismas palabras sin pensar en ellas. Desde el principio de nuestra tradición, nuestros hermanos y hermanas han amado esta repetición. Se afirma que nuestro hermano Romeo, muerto en 1261, recitaba mil Avemarías al día.

Numerosas religiones llevan la marca de esta tradición de la repetición de palabras sagradas. El domingo pasado, preguntándome qué iba a decir del Rosario, oí en la BBC una ceremonia budista que consiste aparentemente en una perpetua repetición de palabras sagradas. Se ha recordado con frecuencia que el Rosario es bastante parecido a esas antiguas oraciones orientales y que la constante repetición de las mismas palabras pueden realizar en nuestro corazón una lenta, pero profunda transformación. Como esto es bien sabido por todos, no insisto en ello.

martes, 25 de octubre de 2011

Los misterios del Rosario y la Historia de la salvación


El Avemaría individual es, pues, la oración del viaje que cada uno de nosotros debe recorrer, del nacimiento a la muerte pasando por el momento presente, ya que, a fin de cuentas, nuestra vida tiene sentido en sí misma, individualmente. Pero también es verdad que nuestra vida no tiene sentido total si no es incluida en una historia más amplia que se extienda de todo principio hasta el fin desconocido, de la Creación al Reino. Y esta amplitud viene dada por los misterios del Rosario que cuentan la historia de la Redención.

Se han comparado los misterios del Rosario a la Suma Teológica de Santo Tomás. Cuentan, a su manera, cómo todo viene de Dios y todo vuelve a Dios ya que cada misterio del Rosario forma parte de un único misterio, el de nuestra Redención. "Llevar nuevamente todas las cosas bajo un solo Señor, el Cristo, tanto los seres terrestres como los celestes"(Ef.1,10).

domingo, 23 de octubre de 2011

Rosario: "En la hora de nuestra muerte"


El último momento de nuestra vida corporal del que estamos seguros es la muerte. "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Ante la muerte, rezamos el Rosario. Yo acabo de volver de Kinshasa, en el Congo, donde muchos de nuestros hermanos han afrontado la muerte estos últimos años. La Provincial de las hermanas Misioneras de Granada, Sor Cristina, me comentó cómo durante la última guerra, ella y sus hermanas tuvieron que huir de su casa hacia el Norte del Congo. Algunos de sus amigos las escondieron en el monte. Ella es médico y en la huida se cruzó con un hombre cuya esposa había sido salvada por ella. El le dijo que ahora era su turno de salvarle la vida. Oyeron disparos de fusiles a su alrededor. Se les dijo que los rebeldes habían encontrado su escondite y que vendrían pronto a matarlas. Ante esta muerte anunciada, las Hermanas rezaron el Rosario. Es la oración que María hará por nosotros cuando estemos ante la muerte. No estaremos solos. Recuerdo ahora a mi padre. Durante la segunda guerra mundial mi madre y sus tres hijos mayores se quedaron en Londres. Pronto iba a nacer yo. A pesar de las bombas que, noche tras noche, arrasaban Londres, mi madre persistía en su empeño de estar disponible ante la eventualidad de que mi padre pudiera tener un permiso para volver a casa. Mi padre prometió que si toda la familia sobrevivía a la guerra, rezaría el Rosario todas las noches. Así, entre mis recuerdos de infancia, veo a mi padre, tarde tras tarde, antes de la cena, recorriendo el salón a grandes pasos rezando el Rosario. Daba gracias, todas las noches, porque todos habíamos sobrevivido a esta amenaza de muerte. Uno de los últimos recuerdos que guardo de mi padre es el que se refiere a unos momentos antes de su muerte. Estaba ya demasiado débil para poder rezar. Así pues, su familia, su mujer y sus seis hijos se reúnen alrededor de su cama y rezan el Rosario por él. Era la primera vez que él no podía hacerlo. Su muerte, rodeado de todos nosotros, fue una respuesta a esta oración que él tantas veces había repetido: "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".

Diálogos en la vida: "¿Cómo te defines?"

sábado, 22 de octubre de 2011

En el día del Domund: "Desierto de masas, desierto de amor"

"En lo alto de una larga escalera del metro, misioneros en traje común o con impermeable, vemos de tramo en tramo, en esta hora de aglomeración, una llanura de cabezas, llanura temblorosa que espera la apertura de los portones.

Viseras, boinas, sombreros, cabellos de todos los colores. Centenares de cabezas, cientos de personas. Nosotros en lo alto y, más alto y sobre todo, Dios.

Enseguida, cuando los portones de abren, subimos al vagón. Veremos rostros,  frentes, ojos, bocas. Bocas de gentes solas, al natural: avaras las unas, serias las otras, algunas poco agradables; bocas ávidas, saciadas de todos los alimentos terrestres, tan pocas que tengan la forma del Evangelio...

Rápido, una vez llegados, en la noche, abocaremos al aire libre, saldremos a la calle que nos lleva a casa. A través de la niebla, la lluvia o el claro de luna, nos cruzaremos con gentes, las oiremos hablar de encargos, de comida, de dinero, de préstamos, de miedos. 

Nunca o casi nunca de lo que es para nosotros lo más amado.

viernes, 21 de octubre de 2011

El Rosario y el momento presente


El Rosario evoca también otro momento, no solamente del nacimiento, sino el momento presente. "Ruega por nosotros pecadores, ahora". Ahora es el instante presente en la peregrinación de nuestra vida, cuando debemos mantenernos, sobrevivir, proseguir nuestro camino hacia el Reino.

Es interesante recalcar ese instante presente, considerado como un momento en el que nosotros, pobres pecadores, necesitamos de compasión. Una compasión profundamente dominicana. Recordaréis cómo Domingo rezaba siempre así a Dios: "Señor, ten piedad de tu pueblo. ¿Qué será de los pobres pecadores?" El presente es un momento en el que necesitamos de compasión, de misericordia. En la Capilla Sixtina hay un fresco del Juicio Final y en él un hombre es izado fuera del purgatorio por un ángel del Rosario.

El presente es el tiempo en el cual debemos sobrevivir, ignorando cuánto tendremos que esperar el Reino. Un dominico americano volvió a China hace algunos años. Al llegar encontró allí diversos grupos de laicos dominicos que habían resistido los años de persecución y de aislamiento. La única cosa que habían guardado durante todos estos años fue la recitación del Rosario juntos. Era el pan cotidiano de la supervivencia.

jueves, 20 de octubre de 2011

El silencio


Me parece imposible pensar en una vida evangélica sin querer que sea una vida de silencio y sin saber que ha de serlo.

Si señalamos de un extremo al otro del Evangelio todo lo que Jesús dijo sobre la «Palabra» de Dios, todo lo que dijo para que sea «recibida» y «escuchada», para que sea «guardada», para que «se cumpla» y para que sea «anunciada», enseguida tendremos la certeza de que la «buena nueva», para que sea conocida, vivida y comunicada, ha de ser acogida, recogida, llevada a lo más profundo de nosotros.

Y si es toda nuestra vida la que debe someterse al Evangelio de Jesucristo, si son todas sus palabras las que queremos tomar como guías en función de las circunstancias de la vida, será imposible si toda nuestra vida no hace silencio.