domingo, 21 de marzo de 2010

Tú eres mi milagro


Tú que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos. Entusiásmate con ellos, reconócete. Acéptate, anímate y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien si te lo propones y te llenas de entusiasmo.

Y sobre todo, si te das cuenta de toda la felicidad que puedes conseguir con solo desearlo. Eres mi creación más grande, eres mi milagro . No temas comenzar una nueva vida, no te lamentes nunca, no te quejes, no te atormentes.

¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del universo. Eres único, nadie es igual a ti. Te hice perfecto, sólo en ti está el aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo y seguir siempre adelante . Hasta el fin. Simplemente porque eres libre. Te hice libre. En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyas con las tonterías.

Te di el poder de pensar. Te di el poder de imaginar. Te di el poder de amar. Te di el poder de crear. Te di el poder de determinar. Te di el poder de planear. Te di el poder de sonreír. Te di el poder de hablar. Te di el poder de rezar... Y te seguí por encima de los ángeles... cuando te di el poder de elección. Te di el dominio de elegir tu propio destino usando tu voluntad.

¿Qué has hecho de estas tremendas fuerzas que te di? No importa. A partir de hoy olvida tu pasado usando sabiamente ese poder de elección.

Elige amar en lugar de odiar. Elige dar en lugar de robar. Elige reír en lugar de llorar. Elige actuar en lugar de aplazar. Elige alabar en lugar de criticar. Elige crecer en lugar de consumirte. Elige crear en lugar de destruir. Elige bendecir en lugar de blasfemar. Elige perseverar en lugar de renunciar. Elige vivir en lugar de morir. Elige curar en lugar de herir.

Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida. Crece cada día un poco más en el optimismo y en la esperanza. Deja atrás los miedos y los sentimientos de derrota. Yo estoy a tu lado siempre. Llámame, búscame, acuérdate de mí. Vivo en ti desde siempre, te estoy esperando para amarte. Si has de venir hacia mí un día... que sea HOY, en este momento. Cada instante que vivas sin mí es un instante infinito que pierdes de PAZ.

Trata de volverte niño, simple, inocente, generoso , dador, con capacidad para conmoverte ante la maravilla de sentirte humano... porque puedes conocer mi amor puedes sentir una lágrima, puedes comprender el dolor... No te olvides que eres mi milagro. Que te quiero feliz, con misericordia, con piedad, para que este mundo que transites pueda acostumbrarte a reír, siempre que tú... también aprendas a reír... Y si eres mi milagro, entonces, usa tus dones y cambia tu medio ambiente contagiando esperanza y optimismo sin temer, porque Yo estoy a tu lado... Te besa, Dios.


 

sábado, 20 de marzo de 2010

Primavera

Hoy que comienza la primavera nos regalamos estas flores, que crecen dentro y fuera del Convento. Y le damos las gracias a Félix por ser buen amigo y fotógrafo.
(http://fms-enlared.blogspot.com/)

viernes, 19 de marzo de 2010

Via Crucis V: Buscando la verdad

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús en Getsemaní (Mc 14,32-42)
La situación del Hombre difícil y extrema: profundo desconcierto, angustia, «me muero de tristeza», una previsión no deseada «aparta de mí este cáliz». Los que han visto su gloria, dormidos. El conocimiento del hombre clarividente: «El espíritu es fuerte, pero la carne es débil». ¿En quién confiar ciegamente? Es la situación en la que todos los seres humanos nos encontramos alguna vez. La soledad. La noche. La oscuridad.
La acción de Jesús: la oración de Jesús: llamar-reconocer, “abba”, «todo es posible para ti»; pedir «aparta de mi este cáliz»; confianza incondicionada «no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». ¿Dónde encontrar fuerzas para pasar el trago? (¡Y cuántos tragos tenemos que pasar!) ¿En los míos?: dormidos, «no conseguían tener los ojos abiertos». Se apartó de nuevo y oró... Y otra vez. ¡Qué profunda soledad! ¡Qué situación de angustia! Pero la acción tiene su fruto. La decisión está tomada. Afrontar la voluntad del Padre. Lo que hay que hacer, ¡hacedlo! Y el Espíritu empuja a Jesús: «¡Levantaos, vamos!».
Padre, necesitamos ser sensibles a los momentos de angustia y tristeza, danos sabiduría para descubrir tu voluntad, haznos insistentes en la oración, ayúdanos a aceptar tu voluntad, y que tu Espíritu nos inunde de fortaleza para afrontarla.

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús es entregado por Judas y arrestado (Mc 14,43-50)
La mayoría ante la minoría. La multitud ante los once. Algo bonito de la amistad (beso) es el cauce para la traición. ¡Cuántas veces algo bueno oculta la maldad! (el mal bajo capa de bien). Un reconocimiento de Judas «¡Rabbí!». Una reacción violenta ante algo que no se acepta, que no se quiere. Y de nuevo, un paso más si cabe en la soledad de Jesús. «Todos lo abandonaron y huyeron».
Y Jesús, sereno, viendo venir, con la paz del Espíritu. Desenmascarando la mentira, razonando, desnudando la incoherencia. «A diario me teníais en el templo enseñando y no me prendisteis.» Y dando testimonio de aceptar la voluntad de Dios «que se cumpla la Escritura». No aceptar por resignación, sino aceptar por ser voluntad del Padre. Quizás la traición sea el acto por el que el hombre desconfiará de todos los hombres. Pero Dios sigue confiando en el Hombre.
Padre, Tú que conoces nuestra debilidad, no permitas que nuestra conducta haga que los hombres desconfíen de ti. Haznos permanecer fieles en cumplir tu voluntad. Ayúdanos a soportar las traiciones y engaños. Danos capacidad para descubrir el mal oculto tras una falsa máscara bonita y fuerza para denunciarla.

jueves, 18 de marzo de 2010

¿De verdad creemos en Él? (21 de marzo)

La cuaresma se termina y nos toca revisar qué huella nos ha dejado, si apuntan en nosotros signos de conversión. También si la hemos vivido como protagonistas o espectadores (una buena manera de revisarse también de cara a la pasión). Porque a veces nos pasa que miramos demasiado la conversión ajena y no vemos la nuestra. Y la fe es una experiencia ante todo personal y única.

¿Creemos que es posible que nazca algo nuevo? En estas semanas de rutinas a tantos niveles: las que nos presentan los medios de comunicación (lo de siempre), la de la política, las de la Iglesia, las de nuestra propia mediocridad (lo de siempre)… ¿Será que nos hemos habituado a que todo sea igual? ¿No diremos como el escéptico aquello de “no hay nada nuevo bajo el sol”? La Palabra de Dios tiene fuerza para cumplirse, por encima de las desolaciones más extremas… Como la primavera recién estrenada echa sus brotes tras el duro invierno… Misteriosamente, por encima de toda desesperanza…

¿Creemos que es posible considerar basura todo lo que nos rodea comparándolo con el conocimiento de Dios? En estos tiempos en que todo se vende como necesario, en que la “crisis” nos lleva a desear lo que no tenemos, y valorar como absoluto lo que es relativo… ¿Es Dios el principal motor, el principal valor, el principal anhelo de nuestra vida? Nunca lo será por completo, es cierto… pero ojalá vaya siéndolo en pequeñas opciones, en pequeños detalles….

¿Creemos que Dios ama entrañablemente a los más débiles? ¿Que para él todos somos hijos preferidos? ¿Que el perdón redime, libera y dignifica al ser humano? Es fácil hacer de juez, imaginarse apedreando a tantos enemigos que tenemos… Y disculpar, después, generosamente, porque somos buenos. Pero cuesta más imaginarse siendo perdonado, en medio de ese círculo en el que muchas veces merecemos estar. Porque no lo somos, aunque queramos aparentarlo… Nuestra mediocridad, vulnerabilidad y pobreza no son un obstáculo, sino un trampolín para encontrarnos más y mejor con Dios y convertir a Él nuestra vida.

Quinto domingo de Cuaresma (C)
Isaías 43, 16-21
Sal 125
Filipenses 3, 8-14
Juan 8, 1-11

martes, 16 de marzo de 2010

En deuda contigo

Estoy en deuda contigo,
cruz de los brazos abiertos,
merodeante de mis viñas
sembradas de sueños tiernos.
Y de tanto agradecerte,
se encuentra mi ser poseso
de unas ansias de morir
a pesar de estar ya muerto.

Muerto a golpes de cariño,
de caricias y de besos,
de misericordia y gracia,
de bálsamos y consuelo.

¡Cuánto has hecho por mi vida!
¡Cuán obligado me siento
a estar por siempre de hinojos
ante tus brazos abiertos!

Cruz de las siete palabras:
eres más que una señal
o algo que cuelga en el pecho.
Eres el gran compromiso
con la vida, que hace un muerto.

Estoy en deuda contigo,
cruz que recibes mi cuerpo.
Eres campo de batalla
Y eres a la vez el lecho
donde sueñan mis antojos
sus ansias de sueño eterno.

¡Clávame en ti con tus clavos!
¡Traspásame con el hierro
de adhesiones eternales,
cruz de los brazos abiertos!!

J. Alfonso Lockward

viernes, 12 de marzo de 2010

Via Crucis IV: Yo soy el camino verdadero

El que no tome su cruz y me siga no es digno de Mí. El que quiera guardarse su vida, la perderá, y el que pierda su vida por Mí, la encontrará, y entonces... ¿de qué te servirá ganar el mundo entero si te pierdes tú? Yo soy el camino verdadero y viviente.
La pasión no ha terminado. Dios se hizo hombre. Jesús se identificó con los necesitados, y éstos, de muy variadas maneras, siguen siendo crucificados también hoy. Hay que elegir. Del lado de las víctimas o del de los verdugos. Sólo si se salva el otro te salvas tú. Es la prueba de tu fe, porque... ¿cómo puedes decir que le sigues si le crucificas?

PRIMERA ESTACIÓN: Condenado a muerte por todos
Pilato les dijo otra vez: y, ¿qué hago con el que llamáis Rey de los judíos? La gente volvió a gritar: ¡Crucifícale! Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y les entregó a Jesús, después le azotarlo, para que lo crucificaran.
Un inocente condenado por todos... y por nadie. Como tantos otros que sin gritos ni procesos conseguimos que sean condenados. Y nuestra responsabilidad se diluye en la masa: «La culpa es de la sociedad», de las estructuras, del sistema... Esto debería cambiar. Pero yo, no sólo no trabajo porque cambie sino que me beneficio a río revuelto. Y la pregunta que nos condena sale espontánea: ¿Señor, cuándo te vimos necesitado y no te socorrimos?

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz
Después que se hubieron mofado de Él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron sus vestidos y se lo llevaron a crucificar.
Él, con nuestro peso encima, y nosotros, colocando cruces en los hombros ajenos. El poder, el dinero y la ilustración de los de arriba descansan sobre los hombros impotentes, pobres y analfabetos de los de abajo. El que no ama con hechos a sus hermanos no es de Dios. Y la pregunta salta otra vez: ¿Soy cristiano o ateo?

jueves, 11 de marzo de 2010

Regresar a casa (14 de marzo)

Cuando Israel acampó en Guilgal y tomó posesión de la tierra prometida, Canaán, celebró la Pascua. Regresaba a la tierra de Abraham, de la que hubieron de salir por puro hambre, para sobrevivir. Volvieron, pero no eran los mismos. El dolor, las lágrimas, el camino por el desierto les había curtido el alma; y les había hecho conquistar la fe. Se fueron hambrientos y en el camino de regreso encontraron a Dios, la Ley, la identidad como pueblo peregrino elegido. Pablo exhorta a los de Corinto a volver, a regresar al corazón del Evangelio, que es la reconciliación. No el vivir separados, individualistas, jueces o aislados. Tampoco en conflicto o en división. Reconciliarse es volver con los hermanos, para verlos mejores y encontrar a Dios por el camino. Ese fue el ministerio del Apóstol, y debe ser bandera de la Iglesia: unir, facilitar los caminos de regreso a Dios y a los hermanos.

El hijo rebelde también regresó a casa. Y en su camino, tras dar muchas y duras vueltas, encontró a su padre. Entre recuerdos, lágrimas y deseos egoístas de comer dignamente. Pero lo encontró. El hijo fiel nunca se enteró que tenía padre, sino patrón o empresario.

Son muchos los que se van de casa. Tal vez nosotros de vez en cuando cargamos con la parte de la herencia y marchamos enfadados o heridos. Dios espera en el camino. El padre se fiaba de su hijo; el hijo, juez inmisericorde, lo contaba como perdido. El padre lo recuperó; el hermano, de nuevo, nunca lo tuvo.

Así es Dios. Y no hay mejor definición en más de veinte siglos de Historia. El que deja marchar, el que espera y confía, el que abraza, el que no juzga ni recrimina, el que no guarda rencor, el que se alegra de la vida de los malos. Y así es el hijo: el que aprende la lección perdido, por sí solo, a base de lágrimas y privaciones. Los hijos malos juzgan y etiquetan, tienen la ley en la mano y el ceño fruncido, son incapaces de alegrarse con la alegría ilegal. ¿Dónde estamos nosotros?

Cuarto Domingo de Cuaresma (C)
Josué 5, 9a. 10-12
Sal 33
1 Corintios 5, 17-21
Lucas 15, 1-3. 11-32

martes, 9 de marzo de 2010

Carta abierta a los que no van a la iglesia

Ronald Rolheiser es sacerdote, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Estados Unidos. Escribe esta interesante reflexión, que puede venir bien a muchos.

Querido compañero peregrino:

Te saludo como a quien está buscando sentido y felicidad, como todos nosotros. Sé que eres sincero; si no, no estarías leyendo esta carta abierta. Quiero que sepas, lo primero de todo: te echamos de menos en la Iglesia. No pasa un solo domingo sin que sintamos tu ausencia. Únete a nosotros.

Sí, ya sé que esto no es ni sencillo ni fácil. El corazón tiene sus razones, dijo el filósofo francés Pascal. Bueno, la Iglesia tiene también sus complejidades. Quizás es precisamente una de esas complejidades la que te hace difícil franquear regularmente la puerta de una iglesia. Así pues, no intentaré almibarar a la Iglesia. La Iglesia es una expresión del amor y misericordia de Dios, que está lejos de ser perfecta, y es una expresión imperfecta de la voluntad salvífica universal de Dios para todos los seres humanos. Algunas veces la Iglesia bloquea el amor de Dios tanto como lo revela. Ella ha sido siempre, y permanece todavía, un vehículo tanto de la gracia como del pecado. ¿Cómo logramos superar su lado oscuro?

Carlo Caretto, el famoso escritor espiritual italiano, anciano ya, escribió esta Oda a la Iglesia:

¡Cuánto te tengo que criticar, Iglesia mía,
y sin embargo, cuánto te amo!
Me has hecho sufrir más que nadie,
y, sin embargo, a ti te debo más que a ningún otro.
Me gustaría verte destruida,
y, sin embargo, necesito tu presencia.
Me has escandalizado mucho,
y, sin embargo, solamente tú me has hecho comprender la santidad.
Nunca he visto nada en este mundo
más condescendiente y más falso que tú,
y, sin embargo, nunca he tocado nada más puro,
más generoso y más bello.
Incalculables veces he tenido ganas
de darle con la puerta de mi alma en las narices,
y, sin embargo, cada noche, he rogado
para que pueda morir seguro en tus brazos.
No, no puedo librarme de ti,
pues soy uno contigo, aunque no soy completamente tú.
Y además, ¿adónde iría yo? ¿A construir otra Iglesia?
Pero no podría construirla sin los mismos defectos,
porque son mis defectos.
Y de nuevo, si hubiera yo de construir otra Iglesia,
sería MI Iglesia, no la Iglesia de Cristo.
No, soy bastante mayor ya. Sé comportarme.

                                                          (Continuar leyendo)

lunes, 8 de marzo de 2010

No tengas miedo

No tengas miedo de fallar una y otra vez. Dios te entiende.
Comprende tu debilidad y te anima a seguir caminando.
Puedes presentarte ante Él tal como estás.
De él sólo escucharás una palabra de perdón y de aliento.



Nunca es tarde para cambiar
porque nunca es tarde para ser más feliz;
nunca es demasiado tarde para dejarse perdonar y renovar por Dios.
Seguramente no te lo creas, pero tú puedes ser mejor.

(Gracias, Inmaculada)