La Cuaresma nos invita también, con toda su fuerza, a ponernos en camino: a levantarnos de la tierra simbólica en la que estamos establecidos, tal vez anclados, y a marchar hacia un lugar nuevo. La meta de este tiempo ya la conocemos: la Pascua, la identificación con Jesús muerto, anulado, y la asimilación de su Resurrección como la nuestra. Un camino, una meta demasiado habituales, que pueden tornarse rutinarios y sin sentido. Un mero cumplimiento. Espectadores pasivos de la representación de siempre.
El ser humano es caminante por naturaleza. Peregrino de todas las tierras, sabiendo que en ninguna de ellas encuentra su patria. Siempre en marcha. ¡Ay de aquel establecido, cansado de caminar, satisfecho al borde del camino! ¡Ay del que cree haber alcanzado su meta! ¡Ay del temeroso que por miedo no se atreve a iniciar su ruta! Ninguno de ellos tendrá la satisfacción de encontrar su recompensa, la paga de su búsqueda, escondida en el camino. Porque es ese camino el que va pasando por nosotros, nos va transformando, nos va modelando los pies, el corazón y las entrañas. Nos va curtiendo la intemperie y el sol; nos va despojando de pesos y falsas riquezas; nos va demostrando cuán frágiles y vulnerables somos, cómo son nuestras pequeñas perlas y tesoros. Nos va guiando hacia pozos y cavernas, hacia prados y desiertos, hacia horizontes cada vez más próximos. El camino cuaresmal, para el cristiano, supone además el encuentro con otros, otras, también peregrinos, que andan buscando al Señor Jesús porque han encontrado ya sus huellas. Encuentros que, al mismo tiempo, os abren a nuevas realidades de nosotros mismos, nos amplían y purifican la visión de los demás y de Dios.
Todo peregrino necesita un bastón para apoyarse. Éste le sostiene cuando el camino se torna difícil. Le pone en contacto con la tierra fecunda, el suelo reseco o la roca firme. La limosna es el instrumento que nos recuerda a nosotros nuestra vinculación a la tierra, a lo más bajo, a los más bajos. Ella nos sostiene en equilibrio y permite acompasar el ritmo de los otros. Permite allanar el camino, para que, los que vengan detrás, no encuentren obstáculos o dificultades. La limosna, en nuestro mundo, no es mera caridad, dar las sobras: significa darse a los otros por completo, implicarse en las causas de los pobres, compartir con ellos siquiera su hambre: la de estómago, y sobre todo el hambre que permite gritar, denunciar, alzar la voz por quienes la han perdido.
El caminante de grandes distancias no puede prescindir de su mochila, la bolsa donde guarda las provisiones o el agua, donde va recogiendo aquello que encuentra interesante en su ruta, todo cuanto le pueda servir en algún momento. Pero esa mochila ha de ser pequeña y ligera. Ha de contener lo necesario, lo imprescindible. Si va cargada, en lugar de instrumento que facilite el camino, puede convertirse en freno que lo dificulte. El camino hacia la Pascua ha de hacerse también sin nada, con lo mínimo: se trata de subordinar las propias necesidades, deseos, gustos y proyectos a ese proyecto del camino hacia el Reino que nos convoca y nos urge. Un camino en hambre y sed, sabiendo que sólo Dios, sólo los hermanos y hermanas, pueden darnos aquello que vamos a precisar. Un camino vivido en solidaridad y justicia, para que todos tengan lo suficiente.
Señor Jesús: me pongo en camino. Quiero buscarte. Dame un corazón sencillo, unos pies ligeros, unos ojos abiertos para que mi marcha sólo se dirija a Ti. Oriéntame cuando me pierda, acógeme cuando me canse, llévame a los otros cuando me sienta solo. Dame valentía, fortaleza y audacia para no decaer en mi búsqueda, para permanecer siempre firme. Haz que mis pies pisen la tierra pobre que pisaron los tuyos, que mis hombros sólo carguen la libertad y el desprendimiento que llevaron los tuyos, que mis entrañas anhelen sólo tu Palabra. Y cuando al fin pueda encontrarme contigo cara a cara, Cristo Luminoso, Eterna Pascua, concédeme descansar mi cabeza sobre tu hombro y pronunciar tu nombre, Señor, siempre hermano, siempre nuevo.
(Fr. Javier Garzón op)
Miércoles de Ceniza
Joel 2, 12-18
Sal 50
2 Corintios 5, 20-6,2
Mateo 6, 1-6.16-18
Gracias Javier,para mí El Bastón es EL Señor,amigo fiel en cada instante de mi vida,de mi camino.
ResponderEliminarMe siento muy querida por EL Padre,pues una vez más me regala vivir Su Pasión cogida de su mano.
Saber que ÉL está conmigo,allana las dificultades que sufren personas muy cercanas de mi entorno.Ojalá que la paz que me da El Señor,sepa regalarla a todos los que tanto la necesitan.
Hoy empieza un tiempo nuevo para nosotros los que queremos formar parte de esta Historia de Salvación, es nuestro aquí y ahora.
ResponderEliminarEs un tiempo para no mirar al pasado sino un tiempo de alegría para esa reconciliación en el Amor de Dios.
Que nuestras acciones en estos días sean con más motivo para esa comunión con Él.
Que todos nos pongamos en camino.
NUNCA ES TARDE