jueves, 11 de febrero de 2010

Bienaventuranzas: ¿premio de consolación? (14 de febrero)

Cuando un deportista se prepara para una competición no piensa sino en ganarla. En llegar el primero. Sería vergonzoso y humillante recibir un premio de consolación por llegar el último. ¡No se apuntaría en ningún otro campeonato! En la vida nos preocupa mucho recibir el premio por llegar los primeros. Y ahí se sitúan las bienaventuranzas.

Dios no da el premio de consolación a los últimos, a los fracasados. A los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los odiados y maltratados. No es un “pobrecitos, nadie los quiere, pero yo sí”. Para comprender las bienaventuranzas hay que hacer un cambio total de valores. Porque los intereses comerciales y competitivos no cuentan aquí. Cuentan las personas. Los más rotos son los primeros para Dios. No porque sean dignos de lástima, sino porque su vida tiene un sentido que los otros perdieron de vista. No es difícil darse cuenta...

Pero… ¿lo son también para mí? ¿Están los primeros en mi escala de valores? ¿Los prefiero yo también en mis opciones sociales, políticas, afectivas, religiosas… en mis preocupaciones? Las bienaventuranzas no son un texto bonito que decora libros o paredes: son la opción de Dios y por ello la nuestra. Son una llamada exigente y radical de conversión, a darle un giro total a nuestro sistema de valores.

Y son una opción. Porque no nos duele llamar bienaventurados a los otros. Pero, ¿yo soy bienaventurado? ¿Yo ocupo esos lugares? ¿He decidido ponerme entre los últimos puestos? Sin duda, hay que elegir ser de los “bienaventurados”. Porque los hay “forzosos”, pero también existen los que eligieron esa posición en la vida, haciendo una violencia gigantesca contra ellos mismos primero, contra el sistema después.

Acoger a los pequeños. Desprenderse de tanto y ponerse en el último lugar. Poner el corazón en Dios y no en los sistemas humanos. Creer que porque Cristo ha resucitado, no somos los más desgraciados de la Tierra siendo los últimos. Confiar en que Dios ha hecho opción por ser encontrado en un determinado lugar, de una determinada manera. Tal vez, en nuestros problemas, en esos de los que huimos porque nos anulan y avergüenzan, está empezando Dios su nuevo Reino.

Domingo VI del Tiempo Ordinario (C)
Jeremías 17, 5-8
Sal 1
1 Corintios 15, 12. 16-20
Lucas 6, 17. 20-26