viernes, 1 de enero de 2010

Un nuevo año (1 de enero)


Nos hemos deseado feliz año. ¿Se quedará sólo en deseo? Muchos lo han empezado con supersticiones de diferente tipo. Los no supersticiosos con incertidumbre, ¿será mejor que el pasado? ¿Será un buen año? Los más inteligentes ya lo saben: será lo que uno quiera que sea. Somos sembradores, cultivadores de nuestro propio año, independientemente de cómo nos venga el tiempo. Por eso hoy es el día de la paz: ¿hay algo mejor que nos podamos desear? No la paz que es ausencia de guerras, sino ese estado natural del alma y de la vida entera… Que Dios te conceda la paz, la suya…


Y mientras nos deseamos feliz año, y vinculamos la paz como el mejor tesoro que sólo puede venir de Dios, hoy nos fijamos en las lecturas, regalos de comienzo de año que Dios nos hace. Moisés y Aarón buscan, y encuentran paz; Pablo expresa que Dios buscó tiempo y encontró el nuestro, el mejor, la plenitud; los pastores buscan y encuentran a un Niño. Dios nos regala para este año la capacidad, la oportunidad de buscarlo, y la seguridad de que vamos a encontrarlo. Quizás ya hemos recorrido ese camino, y hemos tenido buenas experiencias. Él nos da la oportunidad de seguir buscándolo, de volver a hacerlo como si fuera la primera vez… sencillamente porque está deseando ser encontrado. Buscar y encontrar, pero no cualquier cosa: a Dios, la plenitud de lo humano que se nos regala en este tiempo y en signos humanos.

El Dios que pide ser encontrado mientras Israel va por el desierto es el Señor de la paz, el que hace brillar su rostro sobre quienes le buscan, el que “se fija en ti” y “te concede su favor…” El Dios misericordioso, nuestra paz definitiva, el que bendice y protege… ¿Quién en este mundo lo puede hacer igual? ¿Qué anuncio hay en TV que nos de todo esto?

El Dios de Pablo es del ahora. “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”, ¿cuándo es? Hoy mismo. Hoy, en este tiempo crítico para muchos. En el hoy de mi vida (no en el mañana que quién sabe...). Hoy Dios está tocando a tu puerta, deseoso de ser encontrado. Y lo hace por signos humanos, frágiles, pequeños… nacido de mujer, por su ternura, humanidad, compasión, delicadeza, capacidad de alegría… hoy.

El Dios de los pastores, ese que se les había prometido, se deja encontrar en la debilidad de lo humano, envuelto en pañales, frágil, débil, necesitado… Dios suele salirnos al encuentro por esos caminos, los más destartalados y frágiles… pero los pastores, los más brutos, supieron reconocerlo, no cambiaron la mirada. Mientras María, la mujer que supo buscar y encontrar, iba guardando en el arca del alma, para darle vueltas a la obra de Dios en lo humano.

Un año nuevo. ¡Qué bien que vamos con él! ¡Qué bien que nos da la oportunidad de seguir buscándolo para encontrarlo nuevo, mejor, más real, más humano! ¡Qué bien que él es nuestra paz, y que no hay mejor paz que la suya, su palabra, su reino! ¡Qué bien que nos regala tiempo para invertirlo en su búsqueda! ¡Qué bien que volvemos a empezar!
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Números 6, 22-27
Sal 66
Gálatas 4, 4-7
Lucas 2, 16-21