domingo, 24 de enero de 2010

Compañeros de oración

Compañeros de oración: el "amigo invisible" mejorado


El principio de algo o de todo –de la creación de una cosa, de una actividad- tiene siempre una forma concreta, que por el paso del tiempo y la acción de otros se suele ir transformando y, normalmente, mejorando.

Viene esto al caso de lo que en los últimos tiempos se está poniendo de moda y ha llegado –en algunos momentos concretos- a convertirse en una costumbre entre grupos de amigos, de familiares e, incluso, de compañeros de estudios o trabajo. Es el llamado “amigo invisible”. Sí, esa modalidad de regalar a alguien que sabe que va a recibir un detalle o regalo, pero no sabe el qué ni de quién concretamente. Y a todos nos hace ilusión, porque a pocas personas podemos encontrar que no les ilusione recibir regalos, y más si es de alguien –aunque no lo sepamos hasta el momento de recibirlos- que es cercano a nosotros.

Pero esta acción –verdaderamente agradable por lo que supone de participar en un acto que siempre es de alegría y diversión- también puede mejorarse.

Y, ¿cómo? Pues pasando de ser una botella de sifón o gaseosa, es decir un acto corto en el tiempo con un punto álgido de duración aún más corta (reunión, descubrimiento del amigo invisible, entrega del regalo, manifestación de alegría y fin del acto) para convertirlo en una bota o tonel de vino, que con el paso del tiempo hace que el fruto de la uva se vaya convirtiendo en un buen o excelente vino. Y, en la práctica, ¿cómo es ello? Para los cristianos más activos y para todos los creyentes me permito presentarla como una propuesta llena de vida espiritual.


En la Fraternidad seglar de Santo Domingo y P. Posadas, con sede en el convento de Scala Coeli, de Córdoba, se viene realizando desde hace años, el denominado “compañero de oración”. Un “amigo invisible” mejorado. Lo explico. A cada miembro participante se le asigna por sorteo “un compañero” al que debe hacer “un regalo muy especial”. Y el regalo especial es nuestra oración por ese amigo –¡qué mejor regalo!- durante todo el año. El regalo material se convierte –y mejora- en regalo espiritual. El instante de recibir el regalo material se convierte en una sucesión de momentos al menos por un año. Y, aún más, también se asigna por sorteo un santo dominicano –con el fin de conocerlo mejor a lo largo de ese año- y un fallecido allegado a los miembros de la fraternidad para pedir por él. ¿Qué os parece?

Oramos y pedimos al Señor por alguien (por su persona, por sus intenciones, por sus circunstancias,….), teniendo la certeza de que alguien también está pidiendo por uno mismo.

Si lo habéis encontrado interesante sólo falta ponerlo en práctica. Os aseguro que os sorprenderá la alegría externa e interior que vais a tener a lo largo de todo el año.

Antonio-Jesús Rodríguez