miércoles, 10 de mayo de 2023

PASCUA 2023 (31)

 


Palabras para celebrar juntos la Pascua de Resurrección




-TESTIGOS-



        En todas las apariciones de Jesús resucitado hay un envío misionero: “id y anunciad”. Para cumplir su misión evangelizadora y ser testigos del resucitado, los apóstoles recibieron al Espíritu Santo, que les transformó el corazón y les cambió la vida.

        Y fue esta nueva vida en el Espíritu (Hech 5,32) la que les envió como testigos de Jesús resucitado a anunciar la Buena Noticia, el Evangelio. La fuerza del Espíritu en ellos les daba el ímpetu a sus palabras y el poder testimoniante a sus vidas.

        Ese mismo Espíritu de vida nueva en Jesús resucitado es el que hace posible que la Iglesia continúe viva, siendo testigo de Jesús en un mundo hostil, a pesar de las persecuciones y martirios.

        San Pablo nos dice: “El Espíritu de Dios vive en vosotros”. Jesús resucitado vive en cada cristiano, y su Espíritu nos envía a ser testigos (Gal 5,16-25).



Pablo Olmedo CMF.
Córdoba

SCALA COELI en MAYO: Orando a MARÍA (10)

 


   

Madre admirable




Madre Admirable,

que muestras a tus hijos el camino del progreso interior,

al mirarte, un deseo santo nos invade:

entrar en ese mundo de amor y de gracia en donde vives.

¿Quién como tú, puede enseñarnos esa vida interior?

¿Quién, como tú, puede abrirnos a la vida de Jesús

y formar en nosotros sus rasgos divinos?

¡Oh Madre! deja que te miremos.

Tú, Virgen silenciosa,

ayúdanos a vivir ese silencio capaz de recibir

y mantener adentro nuestro,

en medio del barullo de todos los días, la presencia de Cristo. 

Custodia, Madre, esa silenciosa serenidad

y llévanos a preservar nuestro corazón, cada minuto,

como morada de Jesús.

Tú, Virgen humilde,

enséñanos, en este ambiente donde todos

quieren ser más que el otro,

esa pequeñez que excluye toda pretensión,

que sabe ser dócil y que quiere servir y desaparecer.

Tu humildad subió hasta Dios y conquistó su Corazón;

que la nuestra lo incline hacia nosotros.

Tú, Virgen fiel,

respondiste siempre al menor deseo de Dios,

sin que hubiera una sombra de vacilación,

entre el llamado de la gracia y tu respuesta.

Danos el imitarte en esa prontitud del amor

y ese entusiasmo lleno de fe

que tuviste para cumplir con Su palabra.

Que jamás nos detengan las dificultades;

sino que, con esa alegría que centuplica el don,

respondamos a cualquier cosa que nos reclame Dios,

con tu misma frase: "Yo soy la servidora del Señor".

Madre Admirable, ruega por nosotros

y, después de este destierro,

muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Amén.

martes, 9 de mayo de 2023

PASCUA 2023 (30)


 



Palabras para celebrar juntos la Pascua de Resurrección



-PAZ-



        La paz que nos dona Jesús es «una paz real» porque está enraizada en la cruz, capaz de pasar a través de las muchas tribulaciones cotidianas de la vida, entre sufrimientos y enfermedades. Tal y como decía san Agustín: «La vida del cristiano es un camino entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (De Civitate Dei XVIII, 51).

        Jesús regala la paz. El Señor comienza a despedirse de los suyos precisamente con este regalo, con el don de la paz. En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles (14, 19-28), se cuenta el viaje que Pablo y Bernabé hicieron desde Antioquía y escuchamos las cosas que sufrieron. Pablo y Bernabé, de hecho, predicaban en Listra; pero –nos dicen los Hechos– «vinieron de Iconio algunos que persuadieron a la multitud que lo que predicada Pablo no era verdad». Y la multitud enseguida fue «por otro lado: lapidaron a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándole por muerto».

        Pero, ¿esta es la paz que da Jesús? ¿O Pablo no había recibido la paz?. Los Hechos cuentan después que Pablo “se levantó y, rodeado de los discípulos entró en la ciudad, porque no estaba muerto, y continuó anunciando el Evangelio”. Había hecho un número considerable de discípulos y antes de irse ordenó sacerdotes, presbíteros, para que cuidara de esa gente». Así Pablo seguía trabajando. Y frente a todo esto repetía: «Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios»

        Por tanto, es una paz en medio de las tribulaciones. Y por esta razón «cuando Jesús da este regalo y dice a sus discípulos: “os dejo la paz, mi paz os doy”, añade: “no os la doy como la da el mundo, yo os la doy a vosotros”». La paz que nos ofrece el mundo es una paz sin tribulaciones: nos ofrece una paz artificial, una paz que más que paz es tranquilidad. Sería como decir: «por favor, no molestar: yo quiero estar tranquilo».

        Se podría decir que el mundo nos ofrece una paz que mira solamente a las propias cosas, a las propias seguridades, que no falte nada. El mundo nos enseña el camino de la paz con anestesia. Y el mundo nos anestesia para no ver otra realidad de la vida: la cruz. Por este motivo Pablo dice que se debe entrar en el reino del cielo en el camino, con muchas tribulaciones. Pero, ¿se puede tener paz en la tribulación?. Por nuestra parte, no; porque nosotros no somos capaces de hacer una paz que sea tranquilidad, una paz psicológica, una paz hecha por nosotros, porque las tribulaciones existen: hay quien tiene un dolor, una enfermedad, una muerte.

        En cambio, la paz que da Jesús es un regalo: es un don del Espíritu Santo. Y esta paz va en medio de las tribulaciones y va hacia adelante: no es una especie de estoicismo, como el que hace el faquir. Es, exactamente, otra cosa, es un don que nos hace seguir adelante. Tanto que Jesús, después de haber dicho esto, se fue al Monte de los Olivos porque les dijo: “ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo». Y diciendo estas palabras, se fue a sufrir la tentación: él ofrece todo a la voluntad del Padre y sufre, pero no falta la consolación de Dios. Se lee efectivamente en el Evangelio: «Se le apareció del cielo un ángel para consolarle».

        He aquí, entonces, que la paz de Dios es una paz real, que va en la realidad de la vida, que no niega la vida. Porque la vida es así: hay sufrimiento, hay enfermos, hay muchas cosas feas, hay guerras, pero esa paz de dentro, que es un regalo, no se pierde, sino que se sigue adelante llevando la cruz y el sufrimiento. Con la conciencia de que una paz sin cruz no es la paz de Jesús: es una paz que se puede comprar. Quizás podemos fabricarla nosotros, pero no es duradera: termina.

        Cuando yo me enfado y pierdo la paz, cuando mi corazón se preocupa, es porque no estoy abierto a la paz de Jesús; porque no soy capaz de llevar la vida tal como viene, con las cruces y los dolores que llegan: porque no soy capaz de pedir: “Señor, dame tu paz”». Y esta, es una bonita gracia para pedir hoy, escuchando este pasaje de Jesús y esa palabra de Pablo: “debemos entrar en el reino de Dios a través de muchas tribulaciones”». Os invito a pedir la gracia de la paz, de no perder esa paz interior. Que el Señor nos haga entender bien cómo es esta paz que Él nos regala con el Espíritu Santo.

Francisco.
Homilía 16 Mayo 2017

 

SCALA COELI en MAYO: Orando a MARÍA (9)




Madre amable



¡Oh María, Madre nuestra!

¡Tu que eres la Madre Amable que tiene

un corazón repleto de amor y de ternura,

porque dominas con toda perfección las pasiones,

dame la fortaleza para sobreponerme a la adversidades,

para recordar y guardar siempre la caridad,

la generosidad, la entrega, el amor, la amabilidad, el afecto…

para convertirme ante los demás en imagen de tu dulzura!

¡Y como tu Señora, guárdame de la insignificancia,

dame amplitud de miras,

grandeza de pensamiento, palabras justas y actos honestos!

¡Ayúdame a eliminar la crítica de mi vida,

alejarme del egoísmo, evitar toda ostentación

y controlar mi carácter!

¡Ayúdame, Madre de la amabilidad,

a no juzgar apresuradamente

y ser siempre generoso con el que lo necesita!

¡Ayúdame a comprender, María,

que son las cosas insignificantes las que crean diferencias 

en la vida porque en las grandes todos somos uno!

¡Oh, Señora mía, que nunca me olvide de ser amable!

¡Mater amabilis, ora pro nobis!

lunes, 8 de mayo de 2023

PASCUA 2023 (29)


 


Palabras para celebrar juntos la Pascua de Resurrección



-MORADA-



        Gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa (cf. Jn 14, 26; 16, 13), los creyentes pueden conocer, por decirlo así, la intimidad de Dios mismo, descubriendo que él no es soledad infinita, sino comunión de luz y de amor, vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, como dice san Agustín, Amante, Amado y Amor.

        En este mundo nadie puede ver a Dios, pero él mismo se dio a conocer de modo que, con el apóstol san Juan, podemos afirmar: "Dios es amor" (1 Jn 4, 8. 16), "hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él" (Deus caritas est, 1; cf. 1 Jn 4, 16). Quien se encuentra con Cristo y entra en una relación de amistad con él, acoge en su alma la misma comunión trinitaria, según la promesa de Jesús a los discípulos: "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn 14, 23).

        Todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios uno y trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armonioso, que analógicamente podemos llamar "amor". Pero sólo en la persona humana, libre y racional, este dinamismo llega a ser espiritual, llega a ser amor responsable, como respuesta a Dios y al prójimo en una entrega sincera de sí. En este amor, el ser humano encuentra su verdad y su felicidad. Entre las diversas analogías del misterio inefable de Dios uno y trino que los creyentes pueden vislumbrar, quisiera citar la de la familia, la cual está llamada a ser una comunidad de amor y de vida, en la que la diversidad debe contribuir a formar una "parábola de comunión".

        Obra maestra de la santísima Trinidad, entre todas las criaturas, es la Virgen María: en su corazón humilde y lleno de fe Dios se preparó una morada digna para realizar el misterio de la salvación. El Amor divino encontró en ella una correspondencia perfecta, y en su seno el Hijo unigénito se hizo hombre. Con confianza filial dirijámonos a María, para que, con su ayuda, progresemos en el amor y hagamos de nuestra vida un canto de alabanza al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.



Benedicto XVI.
Angelus 11 Junio 2006

SCALA COELI en MAYO: Orando a MARÍA (8)


 



Madre inmaculada



Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo
y el amparo maternal de nuestra ciudad,
nos acogemos con confianza y amor.

Eres toda belleza, María.
En Ti no hay mancha de pecado.

Renueva en nosotros el deseo de ser santos:
que en nuestras palabras resplandezca la verdad,
que nuestras obras sean un canto a la caridad,
que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón

brillen la pureza y la castidad,
que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.

Eres toda belleza, María.
En Ti se hizo carne la Palabra de Dios.

Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor:
que no seamos sordos al grito de los pobres,
que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos

no nos encuentre distraídos,
que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños

no nos dejen indiferentes,
que amemos y respetemos siempre la vida humana.

Eres toda belleza, María.
En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios.

Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo:
que la luz de la fe ilumine nuestra vida,
que la fuerza consoladora de la esperanza

dirija nuestros pasos,
que el ardor entusiasta del amor

inflame nuestro corazón,
que nuestros ojos estén fijos en el Señor,

fuente de la verdadera alegría.

Eres toda belleza, María.
Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica:
que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca,
que la belleza divina nos salve,

a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero.

domingo, 7 de mayo de 2023

PASCUA 2023 (28)

 




Palabras para celebrar juntos la Pascua de Resurrección



-CAMINO-



        Resuena la palabra de Cristo que, hoy como ayer, sigue diciéndonos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Su voz es siempre actual, porque El vive resucitado y presente entre nosotros. Sus palabras nos infunden luz y esperanza para seguir el camino de la vida. En efecto, Dios nuestro Padre, por medio de su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo, “ movido de amor, habla a los hombres como a amigos ” (Dei Verbum, 2).

       La liturgia de este tiempo pascual nos introduce frecuentemente en el Cenáculo donde Jesús, la víspera de su pasión y muerte, tuvo su último coloquio con los Apóstoles. En el contexto de este coloquio encontramos una pregunta del Apóstol Felipe que es, al mismo tiempo, una oración: - “Señor, muéstranos al Padre y nos basta” (Jn 14,8.).

        Esta pregunta y plegaria del Apóstol nos sirven como de clave para conocer lo que en aquellos momentos estaban pensando los Apóstoles.

        La respuesta de Jesús elimina toda duda y les abre el camino para descubrir su misterio y su mensaje: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).

        Cristo es la revelación personal de Dios. No solamente nos habla de Dios, su Padre, sino que se nos presenta como la revelación plena del Padre. Jesús es Hijo de Dios, el Verbo o palabra viva y personal del Padre, hecha carne por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

        Jesucristo, como Hijo de Dios y Redentor nuestro, es el Camino que nos conduce al Padre, para introducirnos y hacernos partícipes del mismo misterio de Dios Amor, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sólo a partir de este misterio de Amor podremos comprender el misterio del hombre nuestro hermano.

        El camino por el cual Cristo nos conduce al Padre pasa a través de todo lo que El mismo hace y dice. Es decir, pasa por el evangelio, que es su palabra viva y siempre actual. Pasa principalmente a través de todo lo que Cristo es: nuestra Pascua, nuestro “paso ” de la Cruz a la Resurrección, nuestro paso a la Verdad y a la Vida, que es el mismo Dios. “ Nadie va al Padre sino por mí ”(Jn 14,6).

        Aquí y ahora, como hace veinte siglos, Jesucristo sigue diciendo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Queridos hermanos y hermanas, el Señor es el único camino que nos conduce a la verdadera vida, a la felicidad eterna, a la verdad inmutable. Nuestras aspiraciones a un mundo mejor, donde reine la justicia y la paz, sólo encontrarán su realización plena en Cristo resucitado, porque El es “la clave, el centro y el fin de toda la historia humana” (Gaudium et spes, 10). La construcción de un mundo donde reine el amor y la concordia comienza en cada corazón humano, cuando en él se hacen vida los criterios, la escala de valores y las actitudes evangélicas del Señor.

        Como nos enseña el Concilio Vaticano II, sólo “Cristo..., manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et spes, 22).

        Nuestros deseos de bienestar y felicidad sólo serán satisfechos de verdad cuando las personas, las familias y la sociedad entera vivan según el mandamiento del amor. La persona, la familia y la sociedad no serán plenamente humanas si limitan sus aspiraciones a sólo poseer, consumir y disfrutar, pues, “el hombre..., no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (Gaudium et spes, 24).

        Como afirma el Concilio Vaticano II, los cristianos queremos ser constructores de “un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia” (Gaudium et spes, 55).



s. Juan Pablo II.
Homilía 13 Mayo 1990

SCALA COELI en MAYO: Orando a MARÍA (7)


 


Madre de la esperanza



Madre de la esperanza y madre nuestra,

enséñanos a orar para que nunca

decaiga nuestra fe en tu Hijo, Salvador para todos los hombres.

Virgen bendita de la Esperanza,

protégenos del desánimo, el desaliento y la zozobra

cuando nos alcancen y nos desarmen;

que tu imagen nos reanime

y nos reafirme en la espera cuando nos sintamos

desfallecer, cuando las propias fuerzas no alcancen

y el horizonte se llene de nubarrones,

y que tu ejemplo inmarcesible al pie de la cruz

donde murió Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro,

nos muestre el camino para transformar el dolor en esperanza.

Señora de la Esperanza en quien descansamos,

concédenos vislumbrar con renovada confianza

la vida eterna que tenemos prometida

y alumbra nuestro peregrinaje

en la tierra para que sepamos llevar esperanza

a los que caminan a nuestro lado.


sábado, 6 de mayo de 2023

PASCUA 2023 (27)



Palabras para celebrar juntos la Pascua de Resurrección




-CONOCER-



        En el corazón de todo hombre y mujer, resuena continuamente la invitación del Señor: «Busquen mi rostro» (Sal 27,8). Al mismo tiempo, tenemos que confrontarnos siempre con nuestra pobre condición de pecadores. Es lo que leemos, por ejemplo, en el Libro de los Salmos: «¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón» (Sal 24,3-4). Pero no tengamos miedo ni nos desanimemos: en la Biblia y en la historia de cada uno de nosotros vemos que Dios siempre da el primer paso. Él es quien nos purifica para que seamos dignos de estar en su presencia.

        El profeta Isaías, cuando recibió la llamada del Señor para que hablase en su nombre, se asustó: «¡Ay de mí, estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6,5). Pero el Señor lo purificó por medio de un ángel que le tocó la boca y le dijo: «Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado» (v. 7). En el Nuevo Testamento, cuando Jesús llamó a sus primeros discípulos en el lago de Genesaret y realizó el prodigio de la pesca milagrosa, Simón Pedro se echó a sus pies diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8). La respuesta no se hizo esperar: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres» (v. 10). Y cuando uno de los discípulos de Jesús le preguntó: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta», el Maestro respondió: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,8-9).

        La invitación del Señor a encontrarse con Él se dirige a cada uno de ustedes, en cualquier lugar o situación en que se encuentre. Basta «tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él » (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 3). Todos somos pecadores, necesitados de ser purificados por el Señor. Pero basta dar un pequeño paso hacia Jesús para descubrir que Él nos espera siempre con los brazos abiertos, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación, ocasión privilegiada para encontrar la misericordia divina que purifica y recrea nuestros corazones.

        Sí, queridos jóvenes, el Señor quiere encontrarse con nosotros, quiere dejarnos “ver” su rostro. Me preguntarán: “Pero, ¿cómo?”. También Santa Teresa de Ávila, que nació hace ahora precisamente 500 años en España, desde pequeña decía a sus padres: «Quiero ver a Dios». Después descubrió el camino de la oración, que describió como «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Libro de la vida, 8, 5). Por eso, les pregunto: ¿rezan? ¿saben que pueden hablar con Jesús, con el Padre, con el Espíritu Santo, como se habla con un amigo? Y no un amigo cualquiera, sino el mejor amigo, el amigo de más confianza. Prueben a hacerlo, con sencillez. Descubrirán lo que un campesino de Ars decía a su santo Cura: Cuando estoy rezando ante el Sagrario, «yo le miro y Él me mira» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2715).

        También les invito a encontrarse con el Señor leyendo frecuentemente la Sagrada Escritura. Si no están acostumbrados todavía, comiencen por los Evangelios. Lean cada día un pasaje. Dejen que la Palabra de Dios hable a sus corazones, que sea luz para sus pasos (cf. Sal 119,105). Descubran que se puede “ver” a Dios también en el rostro de los hermanos, especialmente de los más olvidados: los pobres, los hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los encarcelados (cf. Mt 25,31-46). ¿Han tenido alguna experiencia? Queridos jóvenes, para entrar en la lógica del Reino de Dios es necesario reconocerse pobre con los pobres. Un corazón puro es necesariamente también un corazón despojado, que sabe abajarse y compartir la vida con los más necesitados.

        El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas.

Francisco.
XXX Jornada Mundial de la Juventud, 31 Enero 2015.

SCALA COELI en MAYO: Orando a MARÍA (6)


 


Madre de la divina gracia.




Salve María, elegida para ser Madre del Verbo Eterno,

Don del Padre a los hombres,

Gracia que se nos da para nuestra salvación.

Venimos a tus pies, Madre de la Divina Gracia,

con nuestra veneración y nuestro amor,

a entregarte lo que somos y tenemos.

Queremos ser totalmente tuyos

y vivir Contigo nuestra fidelidad

a Cristo Sacerdote y a su Iglesia.

Acógenos junto a Ti,

mira nuestras solicitudes y esperanzas.

Ayúdanos a vivir nuestra consagración en la gracia,

que es el bien más grande del hombre.

Acoge también nuestros problemas cotidianos

y quédate con nosotros. AMEN.