martes, 3 de noviembre de 2009

3 de noviembre, San Martín de Porres, op


San Martín de Porres nace en Lima el 9 de diciembre de 1579, hijo de Juan de Porres, caballero español de la Orden de Calatrava y de Ana Velázquez, negra libre panameña. Juan de Porres marcha a Guayaquil, Ecuador, comisionado por el Virrey Don García Hurtado de Mendoza. Allí reclama a sus dos hijos que salen para Ecuador. Años más tarde, Don Juan Porres es nombrado Gobernador de Panamá por lo que los niños, Martín y Juana, regresan con su madre a Lima; es el año 1590, Martín tiene once años. A los doce, Martín está de aprendiz de peluquero, y asistente dentista. La fama de su santidad corre de boca en boca por la ciudad de Lima.


Conoce a Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico como teólogo y hombre de virtudes. Le invita a entrar en el Convento de Nuestra Señora del Rosario.

La legislación de entonces impedía ser religioso por el color y por la raza, por lo que Martín de Porres ingresa como Donado, pero él se entrega a Dios y su vida está presidida por el servicio, la humildad, la obediencia y un amor sin medida.

Martín tiene un sueño que Dios le desbarata: “Pasar desapercibido y ser el último”. Su anhelo es seguir a Jesús de Nazaret. Se le confía la limpieza de la casa; su escoba será, con la cruz, la gran compañera de su vida. Sirve y atiende a todos, pero no es de todos comprendido. Un día cortaba el pelo y hacía el cerquillo a un estudiante: éste molesto ante la mejor sonrisa de Fray Martín, no duda en insultarle: ¡Perro mulato! ¡Hipócrita! La respuesta fue una generosa sonrisa.

San Martín lleva dos años en el convento, hace ya seis que no ve a su padre, éste le visita y… después de dialogar con el P. Provincial, éste y el Consejo Conventual deciden que Fray Martín sea hermano cooperador. El 2 de junio de 1603 se consagra a Dios por su profesión religiosa. El P. Fernando Aragonés testificará: “Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor”. La portería del convento es un reguero de soldados humildes, indios, mulatos, y negros; él solía repetir: “No hay gusto mayor que dar a los pobres”.

Martín de Porres es un amor desbordante y universal. Su hermana Juana disfruta de buena posición social, por lo que, en una finca de ésta, da cobijo a enfermos y pobres. Y en su patio acoge a perros, gatos y ratones.

Los religiosos de la Ciudad Virreinal van de sorpresa en sorpresa. El Superior le prohibe realizar nada extraordinario sin su consentimiento. Un día, cuando regresaba al Convento, un albañil le grita al caer del andamio; el Santo le hace señas y corre a pedir permiso al superior, éste y el interesado quedan cautivados pos su docilidad. Su vida termina en loor de multitudes el 3 de noviembre de 1639.


Juan XXIII sentía verdadera devoción por San Martín de Porres, una pequeña imagen de marfil preside la mesa de su despacho y él mismo lo canoniza el 6 de mayo de 1962.

San Martín ve confirmado en su persona el Evangelio: “El que se humilla será ensalzado”. Este hombre que sintonizaba con la oscuridad de su piel y que disfrutaba en Dios al verse humillado y postergado, pasados los siglos será un Santo que centre en su persona los dos continentes: Europa y América, San Martín es querido por todos, invocado por ricos y pobres, enfermos y menesterosos, por hombres de ciencia y por ignorantes. Su imagen o su estampa va en los viajes, está en las casas y en los hospitales, en los libros de rezo y en los de estudio. Todo porque fue humilde, obediente, y, como dijera Juan XXIII, “Es Martín de la Caridad”. A nadie extraña que sea Patrono de los Hermanos Cooperadores Dominicos, del Gremio de los Peluqueros, de la Limpieza Pública, Farmacéuticos y Enfermeros. Una Congregación sudafricana le tiene por abogado: Son las Hermanas Dominicas de San Martín de Porres y muchos más. Todos ellos se gozan de que “Fray Escoba” sea su patrono y su ejemplo.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Toma de hábito


El pasado uno de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, tomaron el hábito dominicano Andrés Flores Outerelo, Ángel-Luis Fariña Pérez (Provincia Bética), Raisel Matanzas Pomares (Vicariato de Cuba—Provincia de Bética) de la mano de su Prior Provincial fray Miguel de Burgos; Nicolás Moto Nze Obama y Jesús Molongua Bayi Ba-Tinda (Provincia de España) de la mano de su Prior Provincial fray Francisco Javier Carballo.


Los novicios, a través de una carta escrita antes de la celebración, expresaban sus sentimientos, su gratitud y sus peticiones con estas palabras:

"Sentimos una inmensa alegría, emoción y por supuesto nos percatamos de la responsabilidad que conlleva vestir el que sentimos ya nuestro hábito. De forma tal que podamos hacer nuestros algunos versos de fr José María Guervós Hoyos OP:

“…Yo tengo un hábito blanco
como una vida que empieza,
que por amor a la muerte
se cubre con capa negra…”

Gracias por acogernos y hacernos sentir que somos un regalo de Dios para la Orden, gracias por ofrecernos la mejor formación posible que es la que nos ayuda a crecer en la confianza y felicidad de Domingo, gracias por permitirnos el honor de vestir el hábito de la Orden de Predicadores. Queremos pediros una cosa, solo una: Que oréis. Orad para que seamos fieles al compromiso que adquiriremos ese día, es decir, vestir el hábito y lo que eso conlleva. Orad para que siempre trabajemos en la verdad, por la verdad y para la verdad. Orad para que nuestra vida, la que queremos trascurra en la Orden de Predicadores, sea una hermosa sinfonía en honor de la verdad, es decir de Jesucristo y su Evangelio, al estilo que Domingo de Guzmán fundó hace 800 años".

sábado, 31 de octubre de 2009

Nuestra Fraternidad de Dominicos Seglares

El pasado 31 de octubre tuvo lugar en el Convento Santuario de Santo Domingo de Scala Coeli, de Córdoba, una solemne Eucaristía dentro de la cual se procedió a la imposición de insignias y a la formulación de promesas por parte de once miembros de la Fraternidad seglar de Santo Domingo y P. Posadas, de Córdoba.


El solemne acto estuvo presidido por el nuevo Prior de la Provincia Bética de los Dominicos, como se le suele llamar a los miembros de la Orden de Predicadores, el P. Miguel de Burgos, acompañado por el Promotor de la Fraternidad , el P. José Antonio Segovia, y por los demás miembros de la Orden en dicho Convento.

Asimismo estuvieron presentes los participantes en la Asamblea de la Provincia de Andalucía de Dominicos seglares, que se celebró en dicho Convento de Santo Domingo durante los días 30 de octubre al 1 de noviembre, y al que acudieron representantes de diez de las once Fraternidades Seglares dominicanas que actualmente están constituidas en dicha provincia.

La Orden de Predicadores (dominicos) no sólo la forman frailes y monjas, sino que también pueden pertenecer a ella laicos. Por medio del acto de la promesa, los laicos pasan a ser miembros de la Orden y, en cuanto tales, participan de su carisma y misión apostólica, mediante la oración, el estudio y la predicación, según su condición de seglares.

Siguiendo los ejemplos de laicos dominicos como Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima, y junto a los más de 100.000 laicos dominicos repartidos por todo el mundo, los nuevos miembros de la Familia dominicana en Córdoba, empiezan un nueva andadura en sus vidas, participando del carisma y misión apostólica de la Orden, mediante la oración, el estudio y la predicación. En Córdoba se integran en la denominada Fraternidad seglar de Santo Domingo y P. Posadas, reuniéndose en el Convento de Santo Domingo de Scala Coeli.

lunes, 12 de octubre de 2009

San Francisco Coll, op



Francisco Coll y Guitart, fundador de las Dominicas de la Anunciata, nace en Gombrèn (Gerona) el 18 de mayo de 1812, siendo el décimo y último hijo de un cardador de lana.

Ya en un primer momento de su vida se dedicó a la formación de los niños, simultaneándola con su formación hacia el sacerdocio en el seminario de Vic, donde había ingresado en 1823.

Por una clara inspiración de Dios entra en la Orden de Predicadores en el convento de Gerona en 1830 y allí vive y hace la profesión solemne y recibe el diaconado, hasta que en 1835 la exclaustración de los religiosos le obliga a vivir fuera del convento, si bien nunca renunció a su profesión dominicana, sino que la vivió con aún mayor intensidad.

Con el consentimiento de sus superiores recibe el presbiterado con el «título de pobreza» en 1836 y fue destinado al ministerio parroquial y enseguida a la predicación itinerante, como le pedía su carisma dominicano. Pasó cuarenta años de intensa predicación en toda Cataluña, bien en misiones populares, bien en grupos, bien solo y fue instrumento importante de la renovación religiosa de aquella sociedad. Su predicación fue de gran fidelidad al Evangelio y de una fácil superación de las circunstancias adversas con gran fe en la vida eterna.


Nombrado director de la Orden seglar dominicana en 1850 tuvo en sus manos el instrumento jurídico para poner remedio a una necesidad urgente de su época y de su región; la formación cristiana de las jóvenes en los lugares más pobres y desatendidos y así puso el fundamento de la congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata en 1856.

Enfermo desde 1869 de achaques diversos, como la ceguera y pérdida de las facultades mentales, muere en Vic (Barcelona) el 2 de abril de 1875 y allí se venera su cuerpo en la casa madre de la congregación. Atrás dejaba una prolongación de su vida y de su misión: más de trescientas Hermanas, animadas de su mismo espíritu. Hoy más de mil Dominicas de la Anunciata, sirven a Cristo en los hermanos: colegios, misiones, hospitales, asilos, residencias, obras sociales, colaboración con parroquias y Obras de Iglesia... todo un amplio abanico del servicio cristiano en Europa, América, África y Asia.

Es beatificado solemnemente por Juan Pablo II el 29 de abril de 1979, y posteriormente canonizado por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009. Hace más de ciento treinta años que falleció el Padre Coll. Pero el Padre Coll, ¡no ha muerto!

En la Homilía de su canonización, Benedicto XVI nos dirigía las siguientes palabras: San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que «la Palabra de Dios es viva y eficaz» (Hb 4,12). En ella, el Padre, que está en el cielo, conversa amorosamente con sus hijos de todos los tiempos (cf. Dei Verbum, 21), dándoles a conocer su infinito amor y, de este modo, alentarlos, consolarlos y ofrecerles su designio de salvación para la humanidad y para cada persona. Consciente de ello, San Francisco Coll se dedicó con ahínco a propagarla, cumpliendo así fielmente su vocación en la Orden de Predicadores, en la que profesó. Su pasión fue predicar, en gran parte de manera itinerante y siguiendo la forma de «misiones populares», con el fin de anunciar y reavivar por pueblos y ciudades de Cataluña la Palabra de Dios, ayudando así a las gentes al encuentro profundo con Él. Un encuentro que lleva a la conversión del corazón, a recibir con gozo la gracia divina y a mantener un diálogo constante con Nuestro Señor mediante la oración. Por eso, su actividad evangelizadora incluía una gran entrega al sacramento de la Reconciliación, un énfasis destacado en la Eucaristía y una insistencia constante en la oración. Francisco Coll llegaba al corazón de los demás porque trasmitía lo que él mismo vivía con pasión en su inte rior, lo que ardía en su corazón: el amor de Cristo, su entrega a Él. Para que la semilla de la Palabra de Dios encontrara buena tierra, Francisco fundó la congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, con el fin de dar una educación integral a niños y jóvenes, de modo que pudieran ir descubriendo la riqueza insondable que es Cristo, ese amigo fiel que nunca nos abandona ni se cansa de estar a nuestro lado, animando nuestra esperanza con su Palabra de vida.

Más información: Dominicas de la Anunciata.
Vídeo en Youtube

miércoles, 7 de octubre de 2009

Soneto al Rosario


El altar de la Virgen se ilumina
y ante él, de hinojos, la devota gente
su plegaria deshoja lentamente
en la inefable calma vespertina.


Rítmica, mansa, la oración camina
con la dulce cadencia persistente
con que deshace el surtidor la fuente,
con que la brisa la hojarasca inclina.


Tú que esta amable devoción supones
monótona y cansada y no la rezas
porque siempre repite iguales sones,


tú no entiendes de amores y tristezas:
¿qué pobre se cansó de pedir limosna,
qué enamorado, de decir ternezas?

martes, 6 de octubre de 2009

Los dominicos y el Rosario en Córdoba

Una de las advocaciones marianas más extendidas en tierras cordobesas es la de Nuestra Señora del Rosario. Numerosos actos religiosos y lúdicos tienen lugar en numerosos puntos de la geografía provincial, destacando los de Montoro, Almodóvar del Río, Luque, Moriles, Jauja, Nueva Carteya y Pedro Abad. En la relación cabe incluir también a La Carlota, Alcaracejos, Fuente Tójar, Peñarroya y otros pequeños núcleos de población como La Guijarrosa (Santaella), Castil de Campos y Las Lagunillas (Priego).

La devoción a Nuestra Señora del Rosario cobra una indudable importancia en el conjunto de la diócesis a lo largo de los siglos XVI y XVII. La Orden de Predicadores desarrolla una incansable actividad en su difusión que viene facilitada y respaldada por la Santa Sede a través de las indulgencias concedidas por los pontífices. Entre ellos cabe destacar las otorgadas por Gregorio XIII, Sixto V y Alejandro VII.  Asimismo resulta decisiva la instauración de una fiesta el 7 de octubre, aniversario de la batalla naval de Lepanto, por el papa Pío V bajo el nombre de Nuestra Señora de las Victorias que Gregorio XIII traslada en 1573 al primer domingo de octubre con el título de Nuestra Señora del Rosario.


Los primeros focos devocionales a la advocación mariana del Rosario en tierras cordobesas aparecen en los núcleos que cuentan con la presencia de los hijos espirituales de Santo Domingo de Guzmán. En la capital poseen los conventos de San Pablo y Santos Mártires, mientras que en el retiro de la sierra se levanta el de Scala Coeli, cuna de la reforma dominicana. A comienzos del siglo XVI residen comunidades en Doña Mencía y Palma del Río, mientras que a lo largo de la centuria se establecen en tres nuevas localidades del ámbito diocesano: Baena en 1529, Cabra en 1550 y Lucena en 1563.


La hermandad de Nuestra Señora del Rosario más antigua en la demarcación territorial del obispado es la fundada en el convento dominicano de San Pablo de la capital que atraviesa por una de sus etapas de mayor auge en las últimas décadas del siglo XVI y primeros lustros de la centuria del seiscientos.  La fiesta de Nuestra Señora del Rosario se celebra con toda solemnidad y boato. El grandioso templo de San Pablo se engalana con colgaduras y otros elementos ornamentales. La procesión recorre las calles próximas al convento y cuenta con la vistosidad de las danzas y el regocijo de la música.

La activa labor de los dominicos en la propagación de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en la geografía diocesana se desarrolla durante el último cuarto del siglo XVI y el primer tercio de la centuria siguiente. A lo largo de este dilatado período de tiempo cabe señalar varias etapas bien definidas.

La primera abarca un reducido número de años y se extiende hasta 1578. La devoción a la Virgen del Rosario logra arraigar solamente en algunas localidades del obispado, entre las que se encuentran Bujalance, Luque y Montoro. La segunda etapa de difusión de la advocación mariana del Rosario se caracteriza por la proliferación de fundaciones de cofradías.

El fenómeno alcanza bastante notoriedad durante la etapa de gobierno del obispo fray Martín de Córdoba y Mendoza (1578-1581), quien como religioso de la Orden de Predicadores favorece la propagación de las hermandades de ese título.  Uno de los instrumentos más eficaces va a ser la autorización concedida el 13 de agosto de 1580 al dominico fray Diego Núñez del Rosario, conventual en San Pedro Mártir de la villa de Marchena, para que erija cofradías dedicadas a Nuestra Señora del Rosario en las localidades del obispado de Córdoba.  La labor desarrollada por este fraile se completa con la que llevan a cabo en 1589 y 1590 fray Juan Criado y fray Pedro Messía respectivamente, ambos integrantes de la comunidad de San Pablo de Córdoba.  Las visitas generales del obispado permiten documentar la existencia de la cofradía del Rosario en un buen número de poblaciones de la diócesis durante el período 1578-1590 que corresponde al de la máxima difusión de esta advocación impulsada por la orden de predicadores.

Los frailes dominicos mantienen, aunque con menor intensidad, la propagación de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en la diócesis cordobesa a lo largo del siglo XVII. De un lado, erigen hermandades en nuevas localidades y, de otro, vuelven a fundar la cofradía en aquellas poblaciones donde ha quedado disuelta por razones diversas. En este último caso se encuentran El Carpio y Montoro, cuyas refundaciones se llevan a cabo por religiosos del convento de San Pablo de Córdoba en 1667 y 1681 respectivamente.

El estudio de las cofradías de Nuestra Señora del Rosario nos pone de manifiesto la gran difusión y arraigo de esta devoción en el conjunto de la geografía diocesana. Esta profunda huella mariana en nuestros días tiene un fiel reflejo en las innumerables localidades de la provincia que celebran sus fiestas en honor de una advocación auspiciada originariamente por los dominicos.

Juan Aranda Doncel

viernes, 2 de octubre de 2009

San Agustín, barroco recuperado


La primera vez, y hasta anteayer última, que entré en el convento de San Agustín fue en 1982. Luis Marín, dominico y prior del convento, nos enseñó la iglesia a un grupo de alumnos suyos de la Escuela de Magisterio. Apenas iluminada, impidiendo ver su pretérita belleza, ya tenía un aspecto de ruina que se confirmó con su cierre muy poco después. Este lunes volvía a encontrarme a mi antiguo profesor en la reapertura de San Agustín, tras cerca de treinta años de sucesivas obras y restauraciones. Se le notaba feliz.

No era el único feliz aquel día. Las gentes del popular barrio de San Agustín, que no distinguen entre si es iglesia parroquial o conventual (de hecho pertenece a la feligresía de la parroquia de Santa Marina), inundaron sus naves, porque lo consideran «su» templo. Los arquitectos y restauradores veían culminada su obra. Junta de Andalucía, principalmente, Obispado, Ministerio de Cultura y Cajasur, que han contribuido a lo largo de ese a tiempo a su recuperación, estaban satisfechos. Y cualquier cordobés sensible a su historia y patrimonio, también.


El convento de San Agustín tiene una larguísima historia que podemos dividir en dos etapas: la de los agustinos y la de los dominicos. La primera arranca con su fundación en 1328. Ya los agustinos estaban presentes en Córdoba desde la Reconquista y su convento había pasado del Campo de la Verdad al solar del actual Alcázar, antes de llegar a ese emplazamiento: «Estuvimos vagando de otero en otero hasta parar en la calle de Martín Quero», fue un adagio popular entre los frailes, haciendo alusión al nombre primitivo de la calle donde se alzaba su definitivo convento.

Se iniciaron siglos de esplendor. Cárdenas, Venegas, Carrillo y los marqueses de la Guardia y señores de Santa Eufemia escogían sus capillas como sepultura y aportaban dinero. La hermandad de las Angustias nacía allí en el siglo XVI y, con el patronazgo del señor de Villaseca, propietario del vecino Palacio de las Rejas de Don Gome, y el impulso de fray Pedro de Góngora, Juan de Mesa dejaba allí su talla inmortal. En el siglo XVII cambió su faz gótica por una radicalmente barroca, cubriéndose de frescos, yeserías y canes alados. Y allí existió una Virgen del Tránsito, por la cual el barrio de San Basilio denominó a suya «de Acá».


Tiempos difíciles llegaron con la ocupación francesa de 1808 que la convirtió en pajar, destruyendo numerosos frescos. La desamortización de 1836 expulsó a los frailes y sacó en almoneda lienzos y esculturas. El convento se transformó en solar, la iglesia quedó vacía y los vecinos aprovecharon para escarbar en sus muros y verter allí sus aguas. Seriamente dañada la iglesia, el obispo José Pozuelo ofreció en 1900 su gestión a los dominicos, que habían sufrido con su convento de San Pablo un proceso similar al de los agustinos.


Con la Orden de Predicadores, recuperó durante un tiempo su vitalidad, tal y como describió el lunes Pablo García Baena, nacido en la cercana calle de las Parras, que en sus recuerdos de niñez describió un barrio lleno de bullicio y una iglesia plena de altares e imágenes, belleza y armonía, al irlos descubriendo en su penumbra característica. Terminó el poeta citando para San Agustín unas palabras de su titular: «¡Oh hermosura, siempre antigua y siempre nueva!».



Restaurado materialmente el templo, corresponde ahora a los dominicos mantenerlo vivo y abierto a la sociedad y a diversas celebraciones. Para ello la vida pastoral debe ser allí tan atractiva como la joya patrimonial barroca.

Juan José Primo Jurado, en ABC-Córdoba, 30-09-09
 También Diario Cordoba y El Día de Córdoba

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Fr. Luis de Granada, op (y III)

El libro

El Libro de la oración y meditación ofrece todo un tratado completo de la oración cuya enorme influencia no es posible medir. La riqueza literaria del tratado no afecta en ningún momento la claridad y precisión de los conceptos. A la fundamentación y exposición de la virtud de la oración mental, su método, y sus hermosas meditaciones, añade un estudio sobre la devoción y consejos sobre la necesidad, utilidad y perseverancia.

Fray Luis presenta un método de hacer oración sumamente claro y preciso. Obviamente, no por ello se le puede considerar un mecanicista que ignora el don de la vida de oración, por cuanto él mismo, aludiendo a la excesiva metodización, dirá: "hay algunas personas que hacen una como arte de todas estas reglas y documentos, pareciéndoles que así como el que aprende un oficio, guardadas bien las reglas de él, por virtud de ellas saldrá luego buen oficial, así también el que estas reglas guardare, por virtud de ellas alcanzará luego lo que desea, sin mirar que esto es hacer arte de la gracia y atribuir a reglas y artificios humanos lo que es pura dádiva y misericordia de Dios. Y a este yerro ha dado ocasión la mala manera de enseñar de algunos libros espirituales que andan en romance, los cuales de tal manera encarecen sus reglas, y las enseñan, como si solas ellas sin más gracia bastasen para alcanzar lo que desean".

En la obra de Granada se dejan percibir influencias claras de los dominicos Jerónimo Savonarola (1452-1498) y Bautista de Crema (m. 1534), y mayores del agustino Serafín de Fermo (m. 1540) al igual que del franciscano flamenco Enrique Herp (m. 1477), recomendando inclusive la lectura de estos dos últimos en su Manual de diversas oraciones y espirituales ejercicios. Particularmente se descubren algunas huellas de Herp en el Libro de oración y meditación. En la materia misma de oración habrían también influencias de su amigo y maestro San Juan de Ávila. Del ‘Audi, filia’, obra principal de San Juan, donde trata extensamente de la oración, dice: "también podré yo decir que lo tengo en la cabeza por haberlo leído muchas veces; y, cuando lo leo, paréceme que veo vivo al Padre (Ávila) en aquellas letras muertas, mayormente acordándome cuantas veces platicó conmigo muchas de estas".

Aunque no ha sido canonizado, la influencia de fray Luis entre numerosos santos y cristianos ejemplares hace de él un auténtico maestro espiritual. San Juan de Ribera, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, San Carlos Borromeo, San Juan de Ávila, San Francisco de Sales, San Vicente de Paúl, el Cardenal Pedro de Berulle, son, entre otros muchos, beneficiarios de los escritos del espiritual granadino.

Incluimos una presentación esquemática del método de oración mental que enseñaba fray Luis, principalmente tomado de su Libro de la oración y meditación.


Método de oración

A. Preparación inmediata
(antes de entrar en la meditación)

1.- Aparejar el corazón para este santo ejercicio:

a. "Puestos en el lugar de oración de rodillas o en pie, o en cruz, o postrado, o sentado, o de otra manera hecha primero la señal de la cruz".

b. Recogimiento. Recoger la imaginación y apartarla de las cosas temporales.

c. Presencia de Dios. Levantar el entendimiento a la presencia de Dios, "con atención y reverencia como si realmente estuviera delante".

d. Arrepentimiento de los pecados. Si en la mañana: confesión general, si en la noche: examen del día y arrepentimiento.

e. Acto de humillación, por el "abismo de infinitos pecados y miserias".

f. Súplica de gracia, para la atención, devoción, recogimiento, reverencia.

2. Lección del paso que se ha de meditar aplicando el entendimiento y la voluntad, para entender y gustar lo que se lee, deteniéndose en algún paso devoto "para mejor sentirle".

B. Cuerpo

3. Meditación -ya imaginaria o intelectual- de lo que se ha leído:

a. "Donde debemos recogernos a considerar, rumiar y pensar, con toda la atención que pudiéramos, lo que hemos leído". "Y porque la principal materia de la meditación es la sagrada Pasión, advertimos aquí que en este misterio se pueden considerar como principales puntos o circunstancias que en él intervienen; conviene a saber: Quién es el que padece; qué es lo que padece; por quién padece; de qué manera padece; y por qué causa padece".

b. "Con intención de sacar afectos y deseos de lo que necesita el alma para apartarse del vicio y seguir la virtud", "procure tratar este negocio más con afectos y sentimientos de la voluntad que con discursos y especulaciones del entendimiento", pues no se trata de un estudio para saber ni predicar.

C. Conclusión

4. Hacimiento de gracias por los beneficios recibidos.

5. Ofrecimiento al Padre de toda nuestra vida, y de los trabajos de Jesús que nos ha legado en herencia.

6. Petición (propiamente llamada oración) en la que pedimos todo aquello que nos conviene: para los pueblos: "Confiésente los pueblos, Señor"; así para nuestra salud, como para la de nuestros prójimos y de toda la Iglesia. Particularmente detenerse en pedir el amor de Dios, "pidiendo al Señor esta virtud con entrañables afectos y deseos pues en esto consiste todo nuestro bien".

NOTA: Estas partes y su orden no son rígidos, ya que el ejercicio de oración y meditación está abierto al "uso, la experiencia -personal- y mucho más al Espíritu Santo".


El maestro Fray Luis de Granada (1504-1588) por Luis Fernando Figari http://www.oracioncatolica.info/frayluisdegranada

martes, 29 de septiembre de 2009

Fr. Luis de Granada, op (II)


Escritor y traductor


Fray Luis es un prolífico escritor, e incluso traductor, cuyo valor ascético y espiritual no opaca su calidad literaria, sino todo lo contrario. De él dice Azorín: "Su sensibilidad va directa de los nervios a las cuartillas. Por eso no hay en nuestra literatura estilo más vivo, más espontáneo, más varío y más moderno. Fray Luis es de ahora como de hace cuatro siglos". Luego de encumbrarlo, con justicia, como un auténtico clásico, el autor y crítico alicantino no encuentra mejor manera de expresar su admiración sobre el tratado de la oración que afirmar: "Si tuviéramos que definir el Libro de la oración y meditación diríamos que es un libro shakespeariano". Para Azorín, en un realismo conmovedor se entremezcla la mayor "terribilidad" y "sutileza angélica" que ha conocido la lengua castellana. "¿Habrá en otra lengua -en España, no- tal cantidad de emoción en tan pocas páginas?" se pregunta finalmente.

Junto a su traducción romanzada del Contemptus mundi, hoy mejor conocido como la Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, en 1536, al que consideraba portador de "la ciencia de la salvación que nos induce a vivir y morir como verdaderos cristianos", traduce también y anota, en 1562, el libro llamado Escala espiritual, de San Juan Clímaco. Entre su rica producción está su Manual de diversas oraciones y espirituales ejercicios y su Suma cayetana, obra de casos de conciencia, ambas de 1557; la antología Compendio de vida cristiana, impreso en 1559; el Tratado de la oración, también en 1559, atribuido a San Pedro de Alcántara, quien en realidad habría compendiado el Libro de la oración y meditación del Granadino, cuya edición fue revisada y enmendada por fray Luis a pedido del editor Juan Blavio, quien sin embargo la publicó a nombre del santo franciscano, aumentando la confusión; en 1565 publica los dos volúmenes del Memorial de la vida cristiana, en el que expone el camino para responder a la llamada a la santidad; en 1566 reedita -con correcciones y algunas supresiones- el Libro de la oración y meditación, que queda fundamentalmente igual, y al año siguiente hace los propio con la Guía de pecadores, pero esta vez sí totalmente rehecha. Así siguen sus trabajos, en los que pasando, entre otros, por la Introducción al Símbolo de la Fe, en 1583, llegamos hasta el Sermón en el que se da aviso que en las caídas públicas..., que vio la luz el mismo año de su tránsito. Póstumamente fueron editadas algunas obras que fray Luis no alcanzó a publicar en vida. El autor granadino es también responsable de un rico epistolario.

Las reediciones de sus obras se cuentan por millares, particularmente de las más conocidas, situando al fraile granadino como uno de los más influyentes maestros de oración y de vida cristiana de todos los tiempos. Ya en su tiempo San Francisco de Sales (1567-1622) le escribía a un neo obispo: "Os aliento a que tengáis a mano las obras completas de Fray Luis de Granada y a usarlas como un segundo breviario".


Un español en Portugal

En 1557, el de Granada fue elegido Provincial de Portugal. Al finalizar su período se entregó aún más que hasta entonces a la vida de austeridad y de oración. En 1562 fue reconocido como Maestro de Sagrada Teología de la Orden de Santo Domingo, por su labor en la ‘cátedra’ de los libros, y ratificado como tal, en explicitación de su ortodoxia, en el Capítulo General de Bolonia, en 1564.


Considerado casi como un santo, murió el 31 de diciembre de 1588, después de algunos años de duros y crueles sufrimientos. Al ser enterrado, una multitud ávida de conservar alguna reliquia se lanzó sobre el cadáver despojándolo de prendas, cabellos y de lo que quedaba de dentadura. No eran pocos los que creían en su pronta canonización, sin embargo el proceso parece haber sido obstaculizado por la excesiva severidad al juzgar un incidente menor, el error cometido por fray Luis a los 84 años de edad y casi ciego, al discernir favorablemente el espíritu de una monja falaz que fingía llagas. Antes de morir escribió el bello sermón: “En las caídas públicas”, sobre las cautelas con que se deben tratar a los visionarios y sobre el pecado de escándalo. Fray Luis "quien no usa ni sabe engañar", fue engañado por otros al final mismo de una prístina vida. La ejemplaridad de su enseñanza y su conducta encuentran en el sermón “En las caídas públicas” valiosa ocasión de ofrecer una reparación al involuntario error cometido.

El maestro Fray Luis de Granada (1504-1588) por Luis Fernando Figari  http://www.oracioncatolica.info/frayluisdegranada

lunes, 28 de septiembre de 2009

Fr. Luis de Granada, op (I)


En el año en que murió Isabel la Católica, 1504, y en la ciudad donde fue enterrada, del Darro y del Genil, Granada, nació, hijo de humildes y pobres panaderos gallegos, quien sería uno de los más brillantes e influyentes maestros espirituales de la Reforma Española, Luis de Sarria, cuyo influjo, extendido por la asombrosa multiplicación de ediciones de sus obras, traspasaría las fronteras de España y los límites de su tiempo.

Muy pequeño, quedó huérfano de padre, teniendo la viuda que recurrir a la mendicidad para sobrevivir. Esta situación selló su perspectiva de la vida. Un biógrafo moderno encuentra en esas experiencias de pobreza, humildad, desamparo y confianza en Dios dos rasgos de su personalidad: «su firme opción por los pobres» y su «delicada devoción al Niño Jesús». Más adelante sería tomado bajo la protección de los Mendoza, condes de Tendilla. Luis creció en la fabulosa Alhambra, hogar de los Mendoza, donde habría tenido acceso a los estudios de humanidades.

Sintiendo la vocación "para que ordene totalmente su vida a lo que Dios ha dispuesto en su Plan", considera ante todo la estima que le merece la empresa de consagrarse a Él, la que califica como la mayor de cuantas hay en el mundo. En segundo lugar, conocedor de la realidad de la vida, y los obstáculos que se levantan ante muchísimos de los llamados, escribe: «entendida la dignidad e importancia de este negocio, y conociendo que ninguna cosa hay en el mundo grande que no tenga un pedazo de dificultad aneja, te aparejes con esforzado corazón a todas las dificultades, contradicciones, persecuciones, murmuraciones y encuentros que sobre este caso se te ofrecieren, considerando que la joya por la que militas es de tan gran valor, y la margarita de grande precio, que de todo esto y de mucho más es merecedora, aprovechándote para esto del ejemplo de Cristo y de todos los santos mártires, que por muy más caro precio la compraron». Y añade: «Y para que no te haga desmayar este presupuesto, acuérdate que donde hay trabajos de mundo, hay favores del cielo; y donde hay contradicciones de naturaleza, hay socorros de gracia...».


Vocación dominicana

Cumplidos los diecinueve años decide aceptar su vocación y hacerse predicador, solicitando ser recibido en el convento dominicano de Santa Cruz la Real, de Granada. Después del período de probación, profesó en 1525. Finalizados sus estudios iniciales, en 1529, pasa al convento de San Gregorio, de Valladolid, asumiendo el nombre de fray Luis de Granada, quien logrará ampliamente su cometido de predicar a todos -reyes, aristócratas, miembros de la alta jerarquía, pueblo fiel en general- el camino de seguimiento de Cristo Jesús. Resaltando el carácter universal del magisterio escrito del autor granadino, Jordan Aumann, O.P., ha escrito: «Tanto como predicador como escritor fray Luis se dedicó asiduamente a impartir doctrina y formación espiritual a la gente común. Un escritor contemporáneo sostenía: Las jóvenes portadoras de agua cargaban sus libros bajo los brazos y las plazeras os leían mientras esperaban vender sus mercancías. Pero otro contemporáneo decía de él con despecho que escribía para esposas de carpinteros, olvidando, posiblemente, que esposa de carpintero fue la Madre de Dios y la Reina de los ángeles y santos».


Maestro de oración

Tras diversos avatares, como el frustrado viaje a tierras latinoamericanas como misionero, según era su deseo, le tenemos para mediados de los treinta en la tranquilidad de la sierra de Córdoba, en la casa de Scala Coeli, fundada por el venerado fray Álvaro de Córdoba, a la que había concurrido como restaurador y aplicador de la reforma. Es precisamente en ese santuario y casa de espiritualidad donde escribe su famosísimo Libro de la oración y meditación, revisado finalmente en Evora (Portugal), donde habita desde principios de 1551. A dichas tierras es invitado por el Arzobispo de Evora, en palabras de Aumann, «para explicar al clero y al pueblo en general la vocación y la misión de los jesuitas. Siendo una reciente fundación, la Sociedad de Jesús encontraba numerosos obstáculos en España y Portugal, tanto de parte del clero como de los laicos. Ellos necesitaban amigos que los defendieran, y fray Luis lo hizo tan bien que un jesuita de Coimbra escribió una carta a San Ignacio describiendo el éxito de fray Luis al explicar la naturaleza y propósito de la Sociedad». Buena parte del resto de su vida permanecerá en Portugal.

El Libro de la oración y meditación aparece impreso en 1554, en Salamanca. La obra, cuyo valor ascético rivaliza con sus virtudes literarias, motiva la atención del Inquisidor General Fernando de Valdéz (1483-1568), alentado por fray Melchor Cano (1509-1560), teólogo dominico y consultor inquisitorial, decidido a poner fin a los espirituales. Lo que más molestaba a Cano era que fray Luis, convencido de la vocación universal a la santidad, aunque por caminos muy diversos según la propia vocación, pretendía "hacer contemplativos e perfectos a todos, e enseñar al pueblo en castellano", así como "en aber prometido camino de perfección común e general a todos los estados, sin voto de castidad, pobreza e obediencia". El tratado es puesto en el Índice español de 1559, aunque se sigue editando en el extranjero. Sin embargo, esta obra y su no menos valiosa y hermosa Guía de Pecadores (1556), también incluida en el Índice español, son revisadas y aprobadas nada menos que por el Concilio de Trento, y el Papa Pío IV, probablemente a instancias de San Carlos Borromeo (1538-1584), Cardenal Arzobispo de Milán, gran entusiasta de la obras de fray Luis y defensor de su enseñanza.

El incidente con la Inquisición española explica en parte el por qué las ediciones que aparecen en España a partir de 1566 del Libro de la oración y meditación muestren no pocas modificaciones. En este proceder coincide con San Juan de Ávila, su gran amigo y director espiritual, quien hace lo propio con su Audi, filia, para tranquilizar a quienes, según decir de Juan de la Peña, "se les antoja en estos tiempos que la fe es el coco y el espantajo".


El maestro Fray Luis de Granada (1504-1588) por Luis Fernando Figari.
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