sábado, 23 de septiembre de 2017

"ESCONDIDO EN DIOS": A propósito de la festividad del Beato Padre Francisco de Posadas


“ESCONDIDO EN DIOS”
 
P. Posadas
 
El día 22 la Iglesia, junto a la Orden de Predicadores celebraba el día de nuestro querido P. Posadas, nombre que también lleva nuestra Fraternidad Laical.

Grande fue el legado que nos dejó, su vocación por encima de tantos obstáculos, su constancia, su “querer hablar de Dios a los hombres, y… a los hombres hablarles De Dios”.
 
Hoy, me gustaría compartir lo que ayer, en una oración supuso solo tres palabras de él “escondido en Dios”
 
A veces tengo mis altibajos, los miedos me superan, mi debilidad se hace fuerte, culpó a Dios de mis torpezas y… me invaden las dudas… “escondido en Dios” tres palabras que me zarandearon, que me hicieron visualizarme en mi niñez, cuando jugaba al “escondite”, cuando mi madre me iba a regañar y me escondía, cuando tenía miedo y buscaba un sitio oculto…. El esconderme, me daba seguridad, me quitaba los miedos me hacía sentir fuerte y protegida…
 
Ayer pensaba… -“ quiero estar al lado De Dios, caminar con El, sentir que me acompaña, pero…. Sería perfecto ESCONDERME EN ÉL, como ese escondite que buscaba de pequeña lleno de seguridad, donde no tenía miedo… 

Gracias Padre Bueno por permitir "ser mi escondite". 

Toñi Zamorano, o.p. 
-Fraternidad laical Santo Domingo de Scala Coeli
 y Padre Posadas - Córdoba.

sábado, 9 de septiembre de 2017

La mesa de la Palabra: El futuro llega




El futuro llega

Los analistas sociales agotan los calificativos para denominar los días que vivimos ahora en nuestro mundo: que si apresurados unos, que si por la inevitable globalización perfilamos una sociedad líquida que, por tal, mantiene su perfil apenas veinticuatro horas, que tiempos inciertos, que días increyentes, que momentos apresurados en los que no es fácil mantener el tipo con un mínimo de dignidad.

Como es evidente, y no cesa de recordárnoslo el proyecto del Reino de Dios, en todo tiempo nos necesitamos unos a otros porque el boceto del mañana no lo sabemos hacer a título individual. El diagnóstico creyente avala este aserto: sin la Palabra no acertamos a leer la pauta de nuestras vidas. Parece, no obstante, que a los gurús de nuestra cultura no les interesa análisis tan quieto porque rompe su discurso consistente, en pocas palabras, en que el futuro no llega nunca, que el momento presente se eterniza. Pero no, el futuro llega a su pesar.

En este horizonte, el que cree en el Dios Padre de Jesús de Nazaret, debe poner sus pies en el suelo, sus ojos en los iguales y su corazón en la Palabra viva. Y ¿para qué? Para grandes discursos, para diseñar bellas teorías, no por supuesto. Sino para saber sentarse sin prisa al lado del hermano, escucharlo con empatía, mirarlo con respeto y ofrecerse en todo lo que uno sepa y pueda hacer. Pero, sobre todo, en ofrecerse. Por el misterio de la vida que compartimos, por el mero hecho de ofrecernos unos a otros estamos consolidando nuestros cimientos en la esperanza. No lo olvidemos, vivimos por lo que esperamos. Y nuestra esperanza cuenta con el diseño del Evangelio.


Fr. Jesús Duque OP.


sábado, 2 de septiembre de 2017

La mesa de la Palabra: Bajo sospecha




Bajo sospecha

El lamentable atentado en las Ramblas barcelonesas ha vuelto a abrir en algunos medios el debate acerca del protagonismo de la religión en eventos que nada bueno dicen de los fines pacifistas y conciliadores que defienden. No han faltado quienes, por triste constatación, señalan con el dedo acusador a las religiones que, dicen, son cuna inevitable de comportamientos radicales y fundamentalistas por sí mismas.

El fundamentalismo ¿no es acaso un fruto de la modernidad? Desde el siglo XIX no cesan de surgir formas de pensamiento muy reduccionistas sobre la economía, la política, la evolución… que ofrecen claves simplistas para leer la realidad, como cuando nos dicen que para comprender la complejidad de la conciencia humana basta con identificar la conexión de una neurita y las dendritas. Es aquí donde, creo, debe ubicarse el fundamentalismo religioso que surge sobre todo en Estados Unidos de Norteamérica como reacción al fundamentalismo científico y a la teología liberal.

Las religiones tienen mejores momentos, en especial cuando resisten a las verdades simplistas y nos vuelven a llevar a los grandes interrogantes de la vida humana: ¿Qué es ser hombre? ¿Cuál es nuestro destino? ¿Para qué la muerte? ¿Se puede alimentar la esperanza? Las grandes culturas se han perfilado en torno a estas preguntas. Sin embargo, nuestra apresurada cultura se arriesga a olvidarlas. No globalicemos la banalidad. Cuando la religión vive su mejor momento es cuando nos devuelve a las preguntas fundamentales, si bien nuestras pobres respuestas apenas rocen el misterio de vivir.

Fr. Jesús Duque OP. 

domingo, 27 de agosto de 2017

"¿Quién decís que soy yo?. Las preguntas y su repercusión en la vida y en la fe

 

https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/ 

 

 XXI Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2016 - 2017 - (Ciclo A)

¿Quien decís que soy yo?

Introducción

Las preguntas y su repercusión en la vida y en la fe. El Evangelio de hoy nos sitúa ante la fe cristiana, “dejándonos interpelar” por Jesucristo, y recibiendo la “revelación de Dios”, como fuente de bienaventuranza. En la Biblia Dios pregunta a las personas; las personas preguntan a Dios; y el hombre se pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Quién es Cristo para mí? Las preguntas son más necesarias aún que las respuestas. Las preguntas nos mueven, nos despiertan, pero sobre todo nos comprometen, porque crean una relación personal. Por eso, las preguntas de Dios y a Dios, nos ayudan a entrar en conversación con El y a dar a la escucha de su Palabra el valor de sentido para la vida. Como seres humanos, como creyentes, como pobres y buscadores, necesitamos preguntarnos y dejarnos preguntar, porque lo que ignoramos es siempre más que lo que sabemos. La formulación de preguntas es el mejor camino para el encuentro con la verdad... La pregunta del otro sobre mí, y mi relación con él, es necesaria para la madurez humana y espiritual. Así ocurre con la pregunta de Jesús hoy: “¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre? Y vosotros ¿quien decís que soy yo?, centra hoy nuestra oración y nuestra reflexión, encontrando en la relación que supone esa pregunta, infinidad de respuestas a toda nuestra vida.


Fray José Antonio Segovia O.P.
Real Convento de Santo Domingo de Scala Coeli

sábado, 26 de agosto de 2017

Agosto, mes dominicano: Santo Domingo y los Papas de su tiempo

ALEJANDRO III. En 1179, teniendo Domingo 5 años, el Papa Alejandro III convocó el Concilio ecuménico denominado III de Letrán. Se legisló sobre la elección papal; se preocupó sobre la pastoral dirigida al mundo de los pobres y se aprobaron disposiciones muy concretas sobre la enseñanza, manifestándose que la enseñanza en la escuela catedralicia debía ser completamente gratis para los clérigos y para los pobres, proveniendo el sustento del maestro, no de las cuotas de los escolares, sino del respaldo económico que le adjudique la catedral. La enseñanza no podía convertirse en una empresa lucrativa.

  INOCENCIO III. Es considerado como un pastor decisivo para el devenir de Santo Domingo. Tuvo ocasión de tratar con él en dos ocasiones: finales de 1205 y principios de 1206; y en 1215 con ocasión del IV Concilio de Letrán. 
Inocencio III sentía gran preocupación por la renovación eclesial, que pasaba por una dignificación del sacerdocio y de la vida religiosa. En concreto, la resolución  del problema de la provincia narbonense y el Languedoc fue uno de sus principales desafíos. Le interesaba una renovación a fondo de la vida cristiana en conformidad con el Evangelio y una corrección de los desvíos de la fe que a tantos hacía caer en la herejía.
En 1215, Domingo acompañando al Obispo Fulco al Concilio IV de Letrán, pudo exponer al Papa problemas y proyectos relacionados con la predicación tolosana. Deseaban que se confirmara a favor de Domingo y sus compañeros, una Orden que se llamase y fuese de Predicadores. El Papa recibió a Domingo, a sus frailes compañeros y a las hermanas de Santa María de Prulla bajo su protección, mediante el otorgamiento de una bula el 8 de octubre de dicho año. 
Asimismo, Inocencio III pidió a Domingo que, de acuerdo con sus hermanos, eligiera una Regla aprobada sobre la que se apoyara su Orden, y una vez elegida, confirmaría todo lo que le había pedido Domingo: los bienes, la predicación evangélica y el nombre de Predicadores.

HONORIO III. Sucedió a Inocencio III, el cual murió en julio de 1216. A mediados de octubre de dicho año, Domingo salió hacia Roma. El 22 de diciembre Honorio III confirmó todo lo que Inocencio III había prometido a Domingo mediante la bula de confirmación de la Orden, otorgándole protección y amparo apostólico para ponerlo a salvo de cualquier traba que pudiera impedir su propósito religioso de vida.  El 21 de enero de 1217 firmaba una nueva bula dirigida al prior y hermanos Predicadores de San Román de Tolosa, a los que llamaba “atletas del Cristo”, para que se dedicaran con todas su fuerzas a evangelizar la Palabra del Señor.
Honorio III a lo largo de su mandato promulgó una serie de bulas en favor de la Orden.

 Gregorio IX.  Antes de su elección papal, el Cardenal Hugolino, obispo de Ostia, ayudó a Domingo en todos los asuntos concernientes a la firma por parte de Honorio III de la bula de confirmación de la Orden. También como cardenal celebró la Misa e hizo el oficio de exequias  y sepultura de Santo Domingo.
Como Papa Gregorio IX autorizó y alentó la traslación de forma solemne del cuerpo de Santo Domingo desde su primer lugar de sepultura en el suelo de la pequeña Iglesia de San Nicolás, a una nueva zona de la iglesia, que se construyó al efecto.
Asimismo, autorizó la apertura de la causa de canonización de Domingo, de cuya muerte se iban a cumplir doce años, mediante el nombramiento de comisarios encuestadores y notificó la introducción del proceso.
Después de la tramitación oportuna, decidió inscribirlo en el catálogo de los santos, en Rieti, el 3 de julio de 1234, “después de habernos consolado en la tierra con su gran amistad, nos otorgará desde el cielo la alegría de su poderoso patrocinio”.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Agosto, mes domicinicano: Santa Rosa de Lima




Isabel Flores de Oliva, nació en Lima el 20 de Abril de 1856. 

De pequeña tenía unas mejillas muy rosadas, por lo que la empezaron a llamar Rosa, añadiéndose ella posteriormente “de Santa María”. 

Ya desde pequeña pudo percibir la situación de explotación de los mineros, la mayoría nativos, lo que le dejó una huella y un profundo dolor por esos “sus hermanos”. 

Como toda mujer de su época, su vida debía transcurrir como esposa, a ser posible, se varón que tuviera un buen nivel social, o ingresando en un convento.

Pero ella, sintiendo un profundo deseo de entregar su corazón al Dios del amor, percibe la llamada de realizar esta vocación en el interior de su familia, trabajando por el Reino de Dios desde fuera del convento, encontrando su camino como Terciaria de la Orden de Santo Domingo, como laica dominica, imitando así a Santa Catalina de Siena, cuya vida conoció y estudió significando para ella una verdadera fuente de inspiración.


Se dedicaba a dar catecismo a los niños, enseñándoles también a tocar instrumentos musicales.

En sus constantes visitas a los frailes dominicos, pudo ver las acciones en favor de los pobres que llevaban a cabo Martín de Porres y Juan Macías. 

A los mendigos que se encontraba los llevaba a su casa para curarles las heridas, bañarlos y darles ropa y comida, llegando a instalar en la casa de sus padres una pequeña enfermería.

Sus confesores decían que era muy docta y muy especial, porque las mujeres de su tiempo no leían, no tenían formación especial, pero ella sabía escribir. 

Su vida giró alrededor de su deseo de entregar su vida a Dios. A través de sus textos demuestra que tenía mucho conocimiento de Dios y una especie de “iluminación divina”. Sus Mercedes o Escala Mística es una especie de descripción del proceso de su encuentro con Dios. Cada peldaño representa el grado del “amor divino perfecto” a Dios que profesaba Santa Rosa.

En Santa Rosa se unen la contemplación y el compromiso. Amante de la soledad, su profundo encuentro con Dios en la oración le conduce a una honda experiencia mística de alianza con Él, al que busca en el silencio y la soledad del corazón y, al mismo tiempo, esta experiencia nutre y se expresa en su generosidad y compasión hacia el prójimo, abriendo su alma a la obra misionera de la Iglesia con celo ardiente por la salvación de los pecadores y de los “indios”, por quienes desea dar su vida entregándose a duras penitencias para ganarlo a Cristo.

Frente a sus prójimos es un mujer comprensiva: disculpa los errores de los demás, perdona las injurias, se empeña en hacer retornar al buen camino a los pecadores, socorre a los enfermos. Se esfuerza en la misericordia y la compasión. También propaga el rezo del Rosario, manifestando que todo cristiano “debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón”.

Muere a los 31 años, siendo canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671.