jueves, 15 de abril de 2010

Pescar en la noche (18 de abril)

A veces vivimos así nuestra experiencia de fe. Como Pedro acompañado por los otros discípulos. Nuestra vida como cristianos se parece a una pequeña barca que pasea en una noche demasiado larga y oscura sin posibilidades de pesca, en medio de una frustración que contagia. Sin vocaciones, con iglesias cada vez más vacías, con escándalos que duelen, en medio de divisiones internas y amenazados por burlas y (casi) persecuciones externas. Es una proeza permanecer en pie. Pocos se plantean siquiera pescar algo. Reconozcamos que muchas veces vivimos así: una auténtica religión que ha secuestrado la fe, la esencia, el espíritu; que zozobra entre el miedo y el fracaso. Como los discípulos pescadores, nosotros nos embarcamos en esta aventura porque Alguien nos sedujo, aunque se nos olvide con frecuencia su Nombre. Nos sedujo y nos llamó a echar las redes y “pescar hombres”, es cierto. Pero no lo es menos que la tarea es suya, que nos aseguró su presencia. Y que lo único importante es contar con Él. Amarlo, no como funcionarios, sino como enamorados. Porque sólo el amor sostiene nuestra barca, nuestra vida, nuestra Pascua.

Sólo reconoció al Resucitado en la infecunda noche de pesca el discípulo que amaba. Sólo lo conoció Pedro cuando le confesó su amor. Sólo pudieron defenderlo en el tribunal cuando los discípulos se confesaron enamorados. Sólo sintieron la paz que viene del amor cuando se sentaron a su mesa, entre panes y peces…

Tal vez sea éste el mejor mensaje de la Pascua. No se trata de hacer mucho, sino de amar mucho, de dejarse amar mucho para repartir amor. Que no se nos olvide. Sólo aquí está el quicio de nuestra fe, la felicidad de nuestras vidas, la fecundidad de nuestras tareas. El amor nos cambia el corazón y nos abre los ojos a otras experiencias, otros lagos y otros colores. Ojalá el Resucitado, junto con la paz y la alegría, nos traiga una dosis alta de amor.

Tercer Domingo de Pascua (C)
Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41
Sal 29
Apocalipsis 5, 11-14
Juan 21, 1-14