sábado, 5 de octubre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (7): El dolor de María

Virgen del Rosario. Iglesia de Guadalupe (antiguo convento de los dominicos). Baena (Córdoba)


El dolor de María


    La piedad cristiana ha recogido los dolores de la Virgen y habla de los “siete dolores”. El primero, sólo 40 días después del nacimiento de Jesús, la profecía de Simeón que habla de una espada que traspasará su corazón. El segundo dolor se refiere a la huida a Egipto para salvar la vida de su hijo. El tercer dolor, esos tres días de angustia cuando el niño se quedó en el templo. El cuarto dolor, cuando Nuestra Señora se encuentra con Jesús en el camino al Calvario. El quinto dolor de Nuestra Señora es la muerte de Jesús, ver al Hijo allí, crucificado, desnudo, muriendo. El sexto dolor, el descenso de Jesús de la cruz, muerto, y lo toma en sus manos como lo había tomado en sus manos más de treinta años antes en Belén. El séptimo dolor es el entierro de Jesús.

    Nos hará bien detenernos un poco y pensar en el dolor y las penas de Nuestra Señora. Ella es nuestra Madre. Y cómo los ha llevado, cómo los ha llevado bien, con fuerza, con llanto: no era un llanto falso, era su corazón destrozado por el dolor. Nos hará bien detenernos un poco y decirle a Nuestra Señora: “Gracias por haber aceptado ser Madre cuando el Ángel te lo dijo, y gracias por haber aceptado ser Madre cuando Jesús te lo dijo”.

    María comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. Como afirma san Bernardo, la Madre de Cristo entró en la Pasión de su Hijo por su compasión. Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón de madre sería traspasado por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús lloró, también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreción nos impide medir el abismo y hondura de su dolor. Se puede decir, como de Jesús, que este sufrimiento la ha guiado también a Ella a la perfección, para hacerla capaz de asumir la nueva misión espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar: convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a través de la figura del discípulo a quien amaba, Jesús presenta a cada uno de sus discípulos a su Madre, diciéndole: “Ahí tienes a tu hijo”.

   Sabemos que, por desgracia, la enfermedad, el sufrimiento padecido, rompe los equilibrios mejor asentados de una vida, socava los cimientos fuertes de la confianza, llegando incluso a veces a desesperar del sentido y el valor de la vida. Es un combate que el hombre no puede afrontar por sí solo, sin la ayuda de la gracia divina. Cuando la palabra no sabe ya encontrar vocablos adecuados, es necesaria una presencia amorosa; buscamos entonces no sólo la cercanía de los parientes o de aquellos a quienes nos unen lazos de amistad, sino también la proximidad de los más íntimos por el vínculo de la fe. Y ¿quién más íntimo que Cristo y su Santísima Madre? Ellos son, más que nadie, capaces de entendernos y apreciar la dureza de la lucha contra el mal y el sufrimiento. La Carta a los Hebreos dice de Cristo, que Él no sólo “no es incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros” (Hb 4,15). Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y están tentados de dar la espalda a la vida: ¡Volveos a María!

    María con su fortaleza nos descubre el sentido cristiano del dolor y nos anima a continuar con fidelidad y esfuerzo nuestras responsabilidades de hombres y cristianos.


Benedicto XVI: Homilía Misa Basílica de Ntra. Sra. del Rosario, Lourdes (15 de septiembre de 2008)

Francisco: Homilía Misa Capilla Casa Santa Marta (3 de abril de 2020)


_______________________________________



Santísima Virgen del Rosario:


Te presentamos todas nuestras necesidades,

angustias, tristezas, miserias y sufrimientos.

Tú, que estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús;

y ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo;

permanece con nosotros y danos tu auxilio,

para que podamos convertir las luchas en victorias,

y los dolores en alegrías.

Ruega por nosotros, oh Madre,

porque no eres sólo la Madre de los dolores,

sino también la Señora de todas las gracias.

Madre, fortalécenos en los sufrimientos de la vida.


______________________



REZO DEL ROSARIO: Misterios Gozosos

viernes, 4 de octubre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (6): El silencio de María

 

Virgen del Rosario. Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad. MM. Dominicas Torredonjimeno (Jaén)


El silencio de María


    La grandeza de María no consiste en realizar algún hecho extraordinario, sino que, mientras los pastores se apresuran a Belén tras haber recibido el anuncio de los ángeles, ella permanece en silencio. El silencio de la Madre es un rasgo hermoso. No es una simple ausencia de palabras, sino un silencio lleno de asombro y de adoración por las maravillas que Dios realiza.

    San Lucas observa que “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (2,19). De este modo, hace un lugar en su interior para Aquel que ha nacido; en silencio y adoración pone a Jesús en el centro y da testimonio de Él como Salvador.

    María, la Madre del silencio; María, la Madre de la adoración. Así, es Madre no sólo porque llevó a Jesús en su seno y lo dio a luz, sino porque lo da a luz, sin ocupar su lugar. Ella permanecerá en silencio incluso bajo la cruz, en la hora más oscura, y seguirá haciéndole un lugar y engendrándolo para nosotros.

    Un religioso y poeta del siglo XX escribió: “Virgen, catedral del silencio / … tú llevas nuestra carne al paraíso / y a Dios en la carne “ (D.M. Turoldo, Laudario alla Vergine, Bolonia 1985). “Catedral del silencio” es una bella imagen. Con su silencio y humildad, María es la primera “catedral” de Dios, el lugar donde Él y el hombre pueden encontrarse.

    Miremos a María y, con corazón agradecido, pensemos y miremos también a las madres, para aprender ese amor que se cultiva sobre todo en el silencio, que sabe dar espacio a los demás, respetando su dignidad, dejándolos libres para expresarse, rechazando toda forma de posesión, opresión y violencia.

    Hoy tenemos tanta necesidad de esto, ¡tanta! ¡Tanta necesidad de silencio para escucharnos!.

Francisco: Alocución rezo del Angelus (1 de enero 2024)


_________________________



Santísima Virgen del Rosario:


Silencio de Nazaret,

enséñanos el recogimiento, la interioridad,

la aptitud de prestar oídos

a las buenas inspiraciones y palabras

de los verdaderos maestros;

enséñanos la necesidad y el valor de la preparación,

del estudio, de la meditación, de la vida personal e interior,

de la oración que Dios sólo ve secretamente.


____________________________


REZO DEL ROSARIO: Misterios Dolorosos


______________________


Lectura recomendada:

"EL SILENCIO DE MARIA" de Ignacio Larrañaga Orbegozo

Editorial San Pablo

jueves, 3 de octubre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (5): La luz de María

 

Virgen del Rosario. Monasterio Sta. María de Gracia. MM. Dominicas Córdoba


La luz de María


    «La Virgen Maria bajó del cielo para recordarnos verdades del evangelio». Ella aparece en la Biblia, en Lucas y en Juan, relativamente tarde, pero entonces con una gran luminosidad, y en tal sentido ha formado siempre parte de la vida cristiana. En las Iglesias orientales ha adquirido de manera muy temprana una importancia esencial. Si se piensa, por ejemplo, en el Concilio de Éfeso, del año 431. Y siempre de nuevo Dios la ha utilizado a través de la historia como la luz a través de la cual Él nos conduce hacia sí mismo. En América Latina, México, por ejemplo, se volvió cristiano en el momento en que se mostró la Virgen de Guadalupe. En ese momento los hombres comprendieron: sí, ésta es nuestra fe, con ella llegamos realmente a Dios; la Madre nos lo muestra; en ella está transformada y asumida toda la riqueza de nuestras religiones.

    Hay que destacar la entrada cada vez más fuerte de la Santísima Virgen en el mundo como orientación para el camino, como luz de Dios, como la Madre por la que después podemos conocer también al Hijo y al Padre. De ese modo, Dios nos ha dado signos, justamente en el siglo XX. En nuestro racionalismo y frente al poder de las dictaduras emergentes, se nos muestra la humildad de la Madre, que se aparece a niños pequeños y les dice lo esencial: fe, esperanza, amor, penitencia. De ese modo también los hombres encuentren, por así decirlo, ventanas. Una de ellas es Fátima: a través de lo que María comunicó a unos niños pequeños, muchas personas recuperan en cierto modo en este mundo, con todos sus obstáculos y cerrazones, la visión abierta hacia Dios.

    Asimismo, en virtud de su vínculo particular con María, la mujer, a lo largo de la historia, ha representado a menudo la cercanía de Dios a las expectativas de bondad y ternura de la humanidad herida por el odio y el pecado, sembrando en el mundo las semillas de una civilización que sabe responder a la violencia con el amor.

    La presencia de María estimula en las mujeres los sentimientos de misericordia y solidaridad con respecto a las situaciones humanas dolorosas, y suscita el deseo de aliviar las penas de quienes sufren: los pobres, los enfermos y cuantos necesitan ayuda.

    A cuantos en nuestra época proponen modelos egoístas para la afirmación de la personalidad femenina, la figura luminosa y santa de la Madre del Señor les muestra que sólo a través de la entrega y del olvido de sí por los demás se puede lograr la realización auténtica del proyecto divino sobre la propia vida.



S. Juan Pablo II. Audiencia General (6 de diciembre de 1995)
Benedicto XVI: Libro “Luz del Mundo” (Una conversación con Peter Seewald). Ed. Herder (2010)

__________________________



Santísima Virgen del Rosario:



Madre y señora, tú eres luz que disipas la sombra del engaño;

tú eres la dulzura que deleita al corazón

y eres la poderosa madre en quien esperamos y confiamos.

María, mujer de la decisión,

ilumina nuestra mente y nuestro corazón,

para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús,

sin titubeos;

dónanos el coraje de la decisión,

de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

Haz que en todas nuestras acciones

te llamemos madre de la luz;

alúmbranos, compadécete de nuestros errores.


Que tu "suave luz" nos libre de todo mal

y disipe la oscuridad de este mundo

atormentado por las guerras.


_________________________________


REZO DEL ROSARIO: Misterios Luminosos


miércoles, 2 de octubre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (4): María y la paz

 

Virgen del Rosario y Sto. Domingo - Convento Ntra. Sra. del Rosario (Montevideo)
 - PP. Dominicos Uruguay -


María y la paz


     Con palabras del S. Pablo VI, ¿acaso no hay relación entre la Maternidad divina de María y la paz, una relación que no es accidental, sino que extrae su realidad y fruto de todo el patrimonio dogmático, patrístico, teológico y místico de la Iglesia de Cristo?

     Las palabras de Cristo en la cruz, "Mujer, he ahí a tu hijo, Hijo, he ahí a vuestra madre", nos muestran una madre que nos ama, una madre a la que amar, una madre situada en el vértice de una sociedad del amor. Es decir, Madre de Dios y del Redentor (Lumen gentium, 53), del nuevo Adán en el que y por el que todos los hombres son hermanos (cf. Rom 8, 29), María, nueva Eva (cf. Lumen gentium, 63), se transforma de este modo en la madre de todos los vivientes (cf. ib., 56), nuestra madre amantísima (ib., 53). Se nos presenta una nueva visión que es el reflejo de la Virgen en la Iglesia, como dice San Agustín: “María refleja en sí la figura misma de la Iglesia".

     Madre de Cristo Rey, Príncipe de la Paz (Is 9, 6). María se transforma por esto mismo en Reina y Madre de la paz. El Concilio Vaticano II, al enumerar los títulos de María, jamás la separa de la Iglesia.

    Así la Iglesia, toda la Iglesia, a ejemplo de María debe vivir también ella cada vez con mayor intensidad la propia maternidad universal (cf. Lumen gentium, 64), respecto de toda la familia humana actualmente deshumanizada porque está desacralizada.

    Nadie piense que la paz, de la que María es portadora, se pueda confundir con la debilidad o la insensibilidad de los tímidos o de los viles; recordemos el himno más bello de la liturgia mariana, el Magnificat, en el que la voz sonora y valiente de María resuena para dar fortaleza y valor a los promotores de la paz: "Desplegó el poder de su brazo y dispersó a los que se engríen con los pensamientos de su corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes" (Lc 51-52).

    A la Madre de Cristo suelen los fieles entretejer con las oraciones del rosario místicas guirnaldas durante el mes de octubre. Al crecer los males es conveniente que crezca la piedad del pueblo de Dios; por eso es más conveniente durante el mes de octubre el rezo piadoso del rosario a María, clementísima Madre. Es muy acomodada esta forma de oración al sentido del pueblo de Dios, muy agradable a la Madre de Dios y muy eficaz para impetrar los dones celestiales. El Concilio Ecuménico Vaticano II, aun cuando no con expresas palabras, pero sí con suficiente claridad, inculcó esta oración del rosario en los ánimos de todos los hijos de la Iglesia en estos términos: «Estimen en mucho las prácticas y ejercicios piadosos dirigidos a Ella (María), recomendados en el curso de los siglos por el Magisterio» (Const.dogm. De Ecclesia, 67).

    Redóblense por tanto durante el mes de octubre, dedicado a Nuestra Señora del Rosario, las preces; auméntense las súplicas, a fin de que por su intercesión brille para los hombres la aurora de la verdadera paz, aun en lo que se refiere a la religión, que no pueden profesar hoy libremente todos.

    Pablo VI exhortó en su día –y también nos puede servir para estos nuestros días- que cada cual procure aportar su contribución práctica, generosa y auténtica a la paz del mundo, eliminando del corazón en primer lugar toda forma de violencia, todo sentimiento de avasallamiento del hermano. Actuando así os encontraréis ya en el sendero de la paz universal que se funda en la paz efectiva de cada uno.

    Si queréis conseguir que la paz reine en todo el mundo, hacedla reinar primero en vuestro corazón, en vuestra familia, en vuestra casa, en vuestro barrio, en vuestra ciudad, en vuestra región, en vuestra nación:

    De este modo los demás sentirán incluso el encanto y el gozo de poder vivir en serenidad y de esforzarse para que este inmenso bien sea aspiración, exigencia y patrimonio de todos.

    Reforzad vuestra convicción de paz en la oración personal y comunitaria: en el dialogo y la meditación en los que os esforzáis por conocer cada vez más profundamente a Cristo y por comprender su mensaje con todas sus exigencias: en los sacramentos, y sobre todo en el sacramento de la Eucaristía, en el que el mismo Cristo os da la fe, la esperanza y, ante todo, la caridad; en fin, reforzadla en la devoción filial a la Virgen María.


S. Pablo VI: Carta Encíclica “Chisti Matri” (15 de septiembre de 1966)
Homilía en la Misa de la Paz (1 de enero de 1978).



___________________________


Santísima Virgen del Rosario:



Mira con maternal clemencia,

Beatísima Virgen, a todos tus hijos.

Atiende a la ansiedad de los sagrados pastores

que temen que la grey a ellos confiada

se vea lanzada en la horrible tempestad de los males;

atiende a las angustias de tantos hombres y mujeres,

padres y madres de familia que se ven atormentados

por acerbos cuidados, solícitos por su suerte y la de los suyos. 

Mitiga las mentes de los que luchan

y dales «pensamientos de paz»;

haz que Dios, vengador de las injurias, movido a misericordia, 

restituya las gentes a la tranquilidad deseada

y los conduzca a una verdadera y perdurable prosperidad.


____________________________



REZO DEL ROSARIO: Misterios Gloriosos

martes, 1 de octubre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (3): La alegría de María

 

Virgen del Rosario - Iglesia Sto.Cristo del Olivar - PP. Dominicos Madrid


La alegría de María



    El papa Francisco señala que María entona las maravillas que el Señor realizó en su humilde esclava con el gran canto de esperanza para aquellos que ya no pueden cantar porque han perdido la voz. El Magnificat es un “canto de esperanza que también nos quiere despertar e invitarnos a entonar hoy por medio de tres maravillosos elementos que nacen de la contemplación de la primera discípula: María camina, María encuentra, María se alegra”. Camina, encuentra y se alegra porque llevó algo más grande que ella misma: fue portadora de una bendición. Es por ello por lo que el Papa nos anima a anunciar el Evangelio con alegría y sin miedo. “Como ella, tampoco nosotros tengamos miedo a ser los portadores de la bendición, de ser los promotores de una cultura del encuentro que desmienta la indiferencia y la división y permita cantar con fuerza las misericordias del Señor”.

    El secreto del cristiano y de la alegría de la Virgen María es que Dios está en medio de nosotros como un salvador poderoso. Esta certeza, como a María, nos permite cantar y exultar de alegría. María se alegra porque es la portadora del Emmanuel, del Dios con nosotros. Sin alegría permanecemos paralizados, esclavos de nuestras tristezas.

    Para Francisco, a menudo el problema de la fe no es tanto la falta de medios y de estructuras, de cantidad, tampoco la presencia de quien no nos acepta, sino que el problema de la fe es la falta de alegría. La fe vacila cuando se cae en la tristeza y el desánimo. Cuando vivimos en la desconfianza, cerrados en nosotros mismos, contradecimos la fe, porque, en vez de sentirnos hijos por los que Dios ha hecho cosas grandes, empequeñecemos todo a la medida de nuestros problemas y nos olvidamos que no somos huérfanos: tenemos un Padre en medio de nosotros, salvador y poderoso. María viene en ayuda nuestra, porque más que empequeñecer, magnifica, es decir, ‘engrandece’ al Señor, alaba su grandeza.

     “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una gran tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en ser personas resentidas, quejosas y sin vida. Esa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo” (Evangelii Gaudium, 2).

    María nos muestra el camino de la alegría, aún más, es Maestra y modelo de gozo y alegría. “María, trayendo a Jesús, nos trae también una nueva alegría, llena de significado; que trae una nueva capacidad de superar con fe los momentos más dolorosos y difíciles; esto nos trae la capacidad de misericordia, de perdonarnos, de comprendernos, de sostenernos unos a otros”



FRANCISCO: Audiencia general (16 de agosto de 2017)
Celebración Eucarística Catedral S. José – Bucarest (31 de mayo de 2019)



___________________________



Santísima Virgen del Rosario:



Qué bueno es estar alegre. ¡Gracias, Señora! Fue tu regalo.

Qué maravilloso tener un alma ligera, razón de ser de toda alegría.

Mira mi audacia: en la sencillez de mi oración, te doy mi alegría.

Te pido que me ayudes a saber sonreír
en toda circunstancia de la vida,
en la fiesta, en la tormenta, en mi prójimo.

Cuando sufro tengo tu alivio,
y cuando estoy feliz, compartes mi gozo.

Te doy gracias María porque sé
que estás a mi lado en todos los momentos.


____________________________



REZO DEL ROSARIO: Misterios Dolorosos

lunes, 30 de septiembre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (2): El ánimo de María

 

Virgen del Rosario - Iglesa Conventual de Santo Domingo - PP. Dominicos - Cádiz


El ánimo de María



      María nos anima a acudir a Dios en momentos de necesidad. Durante las bodas de Caná, cuando se acaba el vino, María intercede por los novios y le pide a Jesús que haga algo al respecto (Juan 2:1-11).

       Para S. Juan Pablo II, en principio, Jesús da a entender a María que él ya no depende de ella, sino que debe tomar la iniciativa para realizar la obra del Padre. María, entonces, dócilmente deja de insistir ante él y, en cambio, se dirige a los sirvientes para invitarlos a cumplir sus órdenes.

    En cualquier caso, su confianza en el Hijo es premiada. Jesús, al que ella ha dejado totalmente la iniciativa, hace el milagro, reconociendo la valentía y la docilidad de su madre: «Jesús les dice: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta el borde» (Jn 2, 7). Así, también la obediencia de los sirvientes contribuye a proporcionar vino en abundancia.

     La exhortación de María: «Haced lo que él os diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.

     De la misma manera que en el relato de la cananea (cf. Mt 15, 24-26) el rechazo aparente de Jesús exalta la fe de la mujer, también las palabras del Hijo «Todavía no ha llegado mi hora», junto con la realización del primer milagro, manifiestan la grandeza de la fe de la Madre y la fuerza de su oración.

      El episodio de las bodas de Caná nos estimula a ser valientes en la fe y a experimentar en nuestra vida la verdad de las palabras del Evangelio: «Pedid y se os dará» (Mt 7, 7; Lc 11, 9).

      María nos enseña a ir a Dios con nuestras necesidades, sabiendo que él nos escucha y está dispuesto a ayudarnos.

     Para Francisco, las palabras que María dirige a los sirvientes, “Haced lo que El os diga”, son sus últimas palabras referidas por los Evangelios, como una herencia que nos deja a todos. Es una expresión que recuerda la fórmula de fe utilizada por el pueblo de Israel en el Sinaí en respuesta a las promesas de la Alianza: "Haremos todo cuanto ha dicho el Señor".

     En Caná los sirvientes obedecen. "Jesús les dijo: Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: “Sacadlo ahora y llevadlo al maestresala. Ellos las llevaron.

       En estas bodas, realmente, se estipula una Nueva Alianza y a los servidores del Señor, es decir, a toda la Iglesia, se le confía la nueva misión: "Haced lo que El os diga”.

      Servir al Señor significa escuchar su palabra y ponerla en práctica. Es la recomendación, sencilla pero esencial de la madre de Jesús y el programa de vida del cristiano. Para cada uno de nosotros, beber de la tinaja equivale a confiar en la Palabra de Dios para sentir su eficacia en la vida.



S. JUAN PABLO II: Audiencia general (26 de febrero de 1997)
FRANCISCO: Audiencia general (8 de junio de 2016)


___________________________



Santísima Virgen del Rosario:


¡Gracias porque me haces entender que por mis solas fuerzas, no puedo conseguir la salvación!

¡Gracias, porque me haces ver que la salvación viene de Dios,

porque me enseñas la importancia de esperar y acoger lo que venga del Señor con el corazón abierto!

¡Gracias por tu invitación a encontrarme con el Dios que me ama infinita y desinteresadamente,

que me espera con los brazos abiertos y todo lo soporta!

¡Y a ti, Señor, te pido me envíes tu Santo Espíritu para que ilumine siempre mi corazón

para ser capaz de comprender y descubrir cómo habitas en mi interior!

¡Ayúdame, como hizo tu Madre, a reconocerte siempre en lo más humilde y sencillo!

¡«Haced lo que Él os diga»; quiero hacerlo María, de tu mano, bajo tu amparo y con tu consejo!


___________________________



REZO DEL ROSARIO: Misterios Gozosos

domingo, 29 de septiembre de 2024

Novena a la Virgen del Rosario (1): La fe de María

 

(Virgen del Rosario - Iglesia de San Agustín PP. Dominicos - Córdoba)




La fe de María



         María siempre nos lleva a Jesús. Es una mujer de fe, una verdadera creyente. ¿Cómo es la fe de María?

             La fe de María desata el nudo del pecado. ¿Qué significa esto? Los Padres conciliares han tomado una expresión de san Ireneo que dice así: "El nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe, lo desató la Virgen María por su fe".

          Cuando no escuchamos a Dios, no seguimos su voluntad, cometemos actos concretos en los que mostramos falta de confianza en él – y esto es pecado –, se forma como un nudo en nuestra interioridad.

        Estos nudos nos quitan la paz y la serenidad. Son peligrosos, porque varios nudos pueden convertirse en una madeja, que siempre es más doloroso y más difícil de deshacer.

       Pero para la misericordia de Dios nada es imposible. Hasta los nudos más enredados se deshacen con su gracia. Y María, que con su "sí" ha abierto la puerta a Dios para deshacer el nudo de la antigua desobediencia, es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que él desate los nudos de nuestra alma con su misericordia de Padre.

      Podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son los nudos que hay en mi vida? ¿Pido a María que me ayude a tener confianza en la misericordia de Dios para cambiar?

    La fe de María es camino: El Concilio afirma que María "avanzó en la peregrinación de la fe". Por eso ella nos precede en esta peregrinación, nos acompaña y nos sostiene.

       ¿En qué sentido la fe de María ha sido un camino? En el sentido de que toda su vida fue un seguir a su Hijo: él es la vía, el camino.

       Progresar en la fe, avanzar en esta peregrinación espiritual que es la fe, no es sino seguir a Jesús; escucharlo y dejarse guiar por sus palabras; ver cómo se comporta él y poner nuestros pies en sus huellas, tener sus mismos sentimientos y actitudes: humildad, misericordia, cercanía, pero también un firme rechazo de la hipocresía, de la doblez, de la idolatría.

       La vía de Jesús es la del amor fiel hasta el final, hasta el sacrificio de la vida; es la vía de la cruz. Por eso, el camino de la fe pasa a través de la cruz, y María lo entendió desde el principio, cuando Herodes quiso matar a Jesús recién nacido.

       Pero después, esta cruz se hizo más pesada, cuando Jesús fue rechazado: la fe de María afrontó entonces la incomprensión y el desprecio; y cuando llegó la «hora» de Jesús, la hora de la pasión: la fe de María fue entonces la lamparilla encendida en la noche. María veló durante la noche del sábado santo.

   Su llama, pequeña pero clara, estuvo encendida hasta el alba de la Resurrección; y cuando le llegó la noticia de que el sepulcro estaba vacío, su corazón quedó henchido de la alegría de la fe, la fe cristiana en la muerte y resurrección de Jesucristo.

     Este es el punto culminante del camino de la fe de María y de toda la Iglesia. ¿Cómo es nuestra fe? ¿La tenemos encendida como María también en los momentos difíciles, de oscuridad? ¿Tengo la alegría de la fe?

(Catequesis del Papa Francisco sobre María - 12 Octubre 2013)


___________________




Santísima Virgen del Rosario:

Amada por Dios desde toda la eternidad, viniste al mundo llena de gracia y sin la más ligera sombra de pecado para ser Madre de Jesús y Madre nuestra.

Cuando el ángel te saludó en nombre de Dios, respondiste sí a la invitación divina, y el Verbo se hizo carne en tu seno virginal. Desde entonces comenzaste a vivir en íntima comunión con Él los misterios todos de su vida, y te convertiste en Nuestra Señora del Evangelio, de la Redención y de la Gracia.

Madre del Rosario acércate aún más a nosotros. Te pedimos por los que no tienen fe o rechazan tu luz. Por los que no tienen pan. Por los enfermos y por los sanos. Por los que viven angustiados o sufren sin esperanzas. Por los hogares que se elevan y por los hogares que amenazan ruinas.

Santifícanos y fortalece a todos los llamados a seguir a Jesucristo.

Enciende en los corazones un fuego que jamás se extinga.

Madre del Rosario, únenos a Ti en la tierra y llévanos contigo al Cielo.

Amén.


________________________________



REZO DEL ROSARIO: Misterios Gloriosos

jueves, 29 de agosto de 2024

El SER de Santo Domingo: Únenos a los santos

(Pinchar para escuchar audio)



SANTO DOMINGO DE GUZMAN, ÚNENOS A LOS SANTOS



    “Únenos a los santos” decimos los seguidores de Santo Domingo a diario, y con esta petición acabamos la oración con la que le invocamos. Nuestro Padre ha escuchado este ruego a lo largo de los siglos. La Iglesia ha reconocido la santidad que se esconde en la Orden Dominicana, y ha nombrado a 83 santos, 287 beatos, 25 venerables, y más de 119 siervos de Dios, todos hermanos y hermanas en el carisma. Algunos de ellos son muy conocidos y populares, y los reconocemos en los altares, la pintura o las historias de santos. Pero la gran mayoría pasan desapercibidos. Sencillamente han hecho lo que tenían que hacer, como buenos servidores del Evangelio. ¡Es un reto pertenecer a una Familia así!.

    Todos somos santos desde el bautismo, es cierto. Es nuestra vocación como creyentes la de unirnos a Cristo, quien en las bienaventuranzas proclamó dichosos a quienes eligieron el camino del seguimiento, y nos exhortó a vivir como hermanos desde la bondad, el perdón y la entrega, y a ser de ese modo “perfectos, como el Padre del cielo es perfecto” (Mt 5, 48). Seguir a Jesús es tomar conciencia de esa llamada universal a la santidad, que es un don recibido, y que se une con un compromiso asumido en las promesas bautismales. Pero, no lo neguemos, somos frágiles, y esa debilidad -si queremos- también puede convertirse en estímulo para ir tras el Maestro.

    Fray Domingo se configuró especialmente con Jesús imitándole en la vida apostólica: lo buscaba en la oración, lo reconocía en el estudio, lo servía en la vida fraterna, y daba testimonio de Él a través de la predicación compasiva de la Palabra. Él nos ha dejado un camino que sigue siendo válido para ser santos. A eso sumamos su testamento en el lecho de muerte: caridad, humildad, pobreza. Todos estos elementos se dirigen a una meta: vivir apasionadamente en este mundo teniendo a Cristo como centro y la compasión por los hermanos como horizonte. ¡Estamos en el camino de la santidad!

    “Yo conocí en Domingo a un hombre seguidor de la norma de vida de los apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que tienen en el cielo” afirmaba Gregorio IX cuando supo de la traslación de sus restos. Que Nuestro Padre siga escuchando la súplica que cada día le dirigimos: “únenos a los santos”, y que esa santidad, que es promesa, también sea una realidad mientras nos reconocemos felices y apasionados siguiendo a Jesús al estilo de Domingo.



Fr. Francisco Javier Garzón Garzón, OP
Dominicos Sto. Tomás “El Olivar” - Madrid





lunes, 26 de agosto de 2024

El SER de Santo Domingo: Predicador de la gracia

 



(Pinchar para escuchar audio)





SANTO DOMINGO ES PREDICADOR DE LA GRACIA. Mensaje actual



    En la Orden invocamos a Santo Domingo como Predicador de la Gracia, que es lo que mejor refleja su personalidad espiritual y apostólica. No es predicador de la «desgracia» y, menos aún, de la condenación; anuncia que Dios es misericordioso y compasivo. Jordán de Sajonia le decía: Tú que con tanto celo deseaste la salvación del género humano… Esa salvación es la misma vida de Dios que dignifica y eleva la naturaleza humana. Por eso, nada de lo humano nos podrá resultar nunca ajeno.

     1. La misericordia de Dios y la miseria de los hombres siempre van unidas. Fray Angélico expresó esta verdad en un precioso cuadro con Santo Domingo al pie de la cruz y abrazado a ella. En diálogo con el Crucificado, evocaba simultáneamente la misericordia infinita de Dios y la miseria que denigraba a los pecadores. Miseria y misericordia siempre van abrazadas.

    2. La experiencia de Dios, que nos ama siempre y gratuitamente, fue la fuente donde Santo Domingo bebió y se hizo “Predicador de la gracia”. Porque el verdadero Dios no es una idea abstracta; en Jesucristo se ha manifestado como Alguien que nos acompaña por el camino, afirma todo lo humano, y se hace solidario en nuestra propia aventura. Un Dios encarnado en la vida cotidiana y en todos los rincones de nuestro mundo; que quiere la vida en plenitud para todos, se deja impactar por el sufrimiento humano y hace suya la causa de los más débiles.

    3. Santo Domingo es “contemplativo y ejecutivo del encuentro de la misericordia divina y de la miseria humana”. Dios, el absoluto, en quien existimos, nos movemos y actuamos, que a todo da vida y aliento, es amor incondicional a favor de todos; venimos del Amor y el Amor es nuestro destino. La gracia nos envuelve, nos acompaña y nos precede. Dios es esencialmente bueno y no sabe más que amar. A pesar de nuestras deficiencias, hay Alguien que nos ama sin condiciones, no porque nosotros seamos buenos sino porque El es bueno, tiene un corazón generoso.

    Como dominicos nuestra predicación central habrá de ser anunciar y hacer creíble la cercanía benevolente de Dios como salvación para los hombres en una sociedad desfigurada por el utilitarismo individualista, donde la gratuidad ya no existe, y tanta gente sufre carencia de amor.


¡Predicador de la Gracia, haznos instrumentos de Misericordia!


Fr. José Antonio Segovia de la Torre
Dominicos Scala Coeli - Córdoba