viernes, 1 de diciembre de 2017

La mesa de la Palabra: Evocación.



Evocación

Un 31 de octubre de 1517, y en las puertas de la iglesia del palacio de Wittenberg, Martín Lutero clavó las 95 tesis que dieron origen a lo que conocemos como Reforma Protestante. Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum no solo era título del documento escrito por el fraile agustino sino también el argumento inicial de un conflicto que rompió la unidad religiosa del pueblo de Dios en Europa. Medio milenio es un buen puñado de años en los que ha sucedido de todo, incluso cosas que mejor es superar y, a efectos de inventario, solo recordar por una parte y por otra para no repetir errores pasados.

Por fortuna hoy es otro el clima eclesial que hace que nos miremos con ojos de comprensión y cercanía, incluso de gratitud al pensamiento y valentía del padre de la Reforma. Bueno es que nos ocupemos en resaltar lo mucho que tenemos en común y hemos recibido los unos de los otros. Múltiples eventos celebrarán los mil y un detalles de este acontecimiento eclesial; en este rincón de espiritualidad de Santo Domingo de Scala-Coeli dejamos constancia de unas palabras de Lutero al comentar con admirable sencillez el Magnificat de María: Precisamente porque la santa Virgen ha experimentado en sí misma que Dios le ha hecho maravillas, a pesar de ser ella tan poca cosa, tan insignificante, tan pobre y despreciada, ha recibido del Espíritu Santo el don precioso y la sabiduría de que Dios es un señor que no hace más que ensalzar al que está abajado, abajar al encumbrado y, en pocas palabras, quebrar lo que está hecho y hacer lo que está roto. 

En el umbral del Adviento, sirva esta evocación como sencillo homenaje a los hermanos de la Reforma y, además, como impulso para transitar con esperanza por el camino de María de Nazaret para que el Señor plante su tienda entre todos nosotros.

Fr. Jesús Duque OP. 


domingo, 26 de noviembre de 2017

La mesa de la Palabra: Plural




Plural

Desde diversos enfoques, se reclama para nuestro mundo la condición de plural, valor que se vive en todo el orbe, salvo en algunos pueblos que son hoy excepción de este variado panorama. Preciso es subrayarlo en lo que tiene de modernidad, de fidelidad a nuestra presente historia, de abandonar la condición pueblerina no pocas áreas de nuestro mundo y, sobre todo, por lo que la pluralidad nos inmuniza frente a las ideologías que tanto distancian y enfrentan. Incluso en el ámbito religioso, el pluralismo deja notar su positiva influencia, pues pone el acento en la autonomía radical del creyente en su relación con Dios, sin que para ello sea necesaria la mediación eclesial, ni pida de antemano sumisiones doctrinales. La pluralidad de nuestro mundo también nos dice de los muchos caminos de buscar el rostro de Dios, aunque, para algunos, es un modo directo de ser conflictivo en la esfera religiosa.
  
La mentalidad premoderna, religiosamente hablando, en absoluto se sentía cómoda con la libertad y con el pluralismo. Existía un ideal de cristiandad, dentro del cual la jerarquía eclesial detentaba la plenitud de la verdad, y el error carecía de carta de ciudadanía. Mas la modernidad nos facilita convivir con diferentes cosmovisiones, con gentes que dan otros sentidos a sus vidas, con ganas de buscar la verdad. Que la creencia se hace más subjetiva y que lo religioso se libera de cierta carga institucional cierto es, pero no hay que verlo como un apuro insoluble, ni tampoco cabe el miedo preventivo porque el hombre reivindique su autonomía en relación con Dios. Nada humano acapara toda el área de la verdad, tampoco la religiosa, por ello bueno es que abramos bien los ojos para identificar que los vestigios de la salvación recorren todos los caminos de nuestro mundo. Y por tales va también el caminante de Galilea hablándonos de un Dios de los hombres, por supuesto también de los de hoy.




Fr. Jesús Duque OP. 


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Taller Oración Martes - 2ª sesión -Mes noviembre- El perdón y la alegría



EL PERDON Y LA ALEGRIA

Ya hemos tenido la segunda sesión de nuestro Taller de oración de los martes en Scala Coeli.  Fr. Jesús nos ha presentado en una interesante charla a “DIOS PERDON”, o, si fuera posible, el perdón como forma privilegiada de tener más cerca a Dios. Una charla que incluso nos ha parecido corta, no por el tiempo empleado, sino por la profundidad de la misma que ha hecho que no quisiéramos que se terminara. 

No sé con qué quedarme hoy, ya que han sido varios conceptos los que me han llamado la atención. Quizás lo podría resumir en “el perdón y la alegría”.

Parecería que son dos términos antagónicos -yo incluso hasta ahora tenía la sensación de que perdón era un término que denotaba tristeza, amargura-. Y desde hoy, aunque cada uno lo podrá entender a su manera, mi impresión ha cambiado. El perdón, tanto activo como pasivo -perdonar y ser perdonado-, supone alegría.


El pecado, como hoy hemos oído, nos deshumaniza, nos aleja de los demás, desarma nuestra alegría; mientras que reconocer el error o el mal y pedir perdón, es decir, el arrepentimiento, y el saber perdonar, nos hace crecer como personas, nos da paz, nos supone recibir un abrazo del que nos quiere, nos hace recobrar esa fuerza que necesitamos para vivir nuestro día a día con más alegría. 

Y todo ello, porque sabemos (lo hemos oído nuevamente  hoy y lo hemos asimilado) que Dios es Amor y no lleva cuentas del mal, que Dios es padre/madre que tiene una vara de medir que es el amor sin medida, que Dios –que es todo corazón- perdona siempre.  Incluso que a Dios hasta le encantan los disfraces (se disfraza de aliento, de soplo, de zarza ardiendo, de pan, de vino, de humano, …) y que le gusta sorprender ( venir cuando nadie le espera, aparecer donde creemos que aparentemente nada tiene que hacer, dejarse oir en una llamada de teléfono enervante, sonreir al trasluz de unos ojos tristes, pedir ayuda, …)

A Dios siempre lo tenemos más cerca de lo que creemos, tan cerca como que está en nosotros. “Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba” (San Agustín).

También hemos podido disfrutar del silencio del lugar para recogernos interiormente, leer diversos textos que nos ha facilitado Fr. Jesús sobre el perdón, y finalizar juntos en la capilla, donde hemos realizado un pequeño balance de esta sesión y dado gracias al Señor por este nuevo encuentro.

Antonio-Jesús Rodríguez Hernández

sábado, 18 de noviembre de 2017

La mesa de la Palabra: Dudar




Dudar

Muchos hemos tenido la fortuna de contar con un fecundo principio en el aprendizaje de la vida y los conocimientos consistente en asumir la duda como fuente de saberes; la experiencia confirma a cada paso tan atinado estímulo. No sólo porque varios de los desajustes de nuestra sociedad se deben a que los ignorantes aparecen en los medios, en las redes y en la vida pública como personas sumamente seguras y, en su contra, los inteligentes no ocultan las muchas dudas que les asaltan. Y es que la duda, al decir de Ortega y Gasset, es un paisaje marino que inspira a los hombres presunciones de naufragio, cuando es todo lo contrario. La duda, como actitud y motivación, es la única que puede presagiar certezas futuras, aunque éstas sean efímeras y, al tiempo, punto de apoyo para ulteriores dudas. Pero, siempre y cuando esta duda no sea el oportuno disfraz de un estéril nihilismo, porque lo que parece probado es que la duda como metodología de la existencia nos inmuniza de fundamentalismos y postulados fanáticos, tan nefastos para nuestra sociedad y para el Pueblo de Dios.

Que deliberen los estudiosos sobre el perfil más o menos religioso de nuestro presente, así como los efectos patentes o no del tan mentado proceso de secularización; pero tengamos presente que hoy rezamos para librarnos de una enfermedad, pero también acudimos al médico, aún a pesar de las listas de espera. A lo mejor nuestra época no abunda tanto en increencia, como se ha difundido con profusión, sino de duda, de búsqueda. Lo que significa que las comunidades tenemos que aprender a gestionar la duda en nuestro compromiso con la humanidad que nos circunda. Hoy nos corresponde a los creyentes replicar a Nietzsche y decirle que el que está muerto es él, que Dios sigue vivo, y mucho, a pesar de (o gracias a) nuestras dudas buscadoras. Reto singular de nuestros días a los que queremos vivir la fe en Jesús el Señor.



Fr. Jesús Duque OP.


Abrir el corazón y estar siempre en disposición